GLOSARIO de la TRADICION

  • Posted on: 31 May 2017
  • By: Tradición Perenne

 Glosario que presentamos no pretende en modo alguno ser exhaustivo en la selección de los términos, ni agotar su significado en todos sus matices. Conscientes de que lo que aquí se presenta puede ser afinado y completado de una manera más rigurosa, tan solo hemos tratado de ofrecer una aproximación de cómo se pueden entender dentro del ámbito y las referencias en las que se movía el Padre Henri Stéphane –es decir dentro del ámbito del «Pensamiento Tradicional»– algunos términos y conceptos que en el mundo moderno han sido desvirtuados, desfigurados o simplemente se ignoran. Queda invitado por lo tanto el lector a un posterior investigación y profundización.

Se pretende también la clarificación de algunas palabras de origen hindú que con frecuencia eran empleadas por el Padre Stéphane y que modernamente en occidente no siempre se transmiten en su significado legítimo dando lugar a muchas confusiones y malentendidos.

Comprendemos que a algunos Cristianos les resulta chocante e incluso molesta la alusión a doctrinas orientales o el uso de terminología no Occidental. Lamentablemente las doctrinas orientales se están mal-enseñando y mal-interpretando en Occidente; a veces por Orientales occidentalizados; a veces por Occidentales –por desgracia también desde dentro de la Iglesia– ignorantes o incluso malintencionados.

Simplemente diremos que determinados planteamientos orientales nos ayudan a aclarar algunos altos planteamientos Cristianos que, para nuestra desgracia, han quedado diluidos o ignorados. Nos viene bien la ayuda Oriental como catalizador para reactivar nuestra tradición y para devolverle su vitalidad y profundidad. Desde luego siempre teniendo en cuenta las diferencias que separan a ambos mundos y sin pretender en absoluto que lo Oriental añada algo a una tradición como la Cristiana a la que en si, siendo completa, nada le falta.

Comprendemos también que algunos de los planteamientos del ámbito tradicional puedan resultar extraños y suscitar rechazo a nuestra mentalidad moderna tan acostumbrados como estamos al «libre pensamiento», la «opinión propia», al «todo es relativo», al «progreso», la «ciencia», la «evolución», la «igualdad» etc. A los occidentales modernos nos resulta chochante cuando nos hablan de principios absolutos no discutibles y directamente captables, ausencia de individualidad, tradiciones milenarias, ausencia de progreso o de evolución, doctrinas, jerarquías, autoridad espiritual, castas, normas, etc.

Puede ser un buen ejercicio de apertura si el lector trata de entender lo que el «Pensamiento Tradicional» expone sin hacer caso de sus «prejuicios modernos» (que son tantos o más que las llamadas «supersticiones antiguas»). Es un buen motivo de reflexión el ver como estos principios han sido la guía de millones de personas de todas las tradiciones del mundo, durante miles de años. Hay que tener esto presente antes de rechazar de plano lo que las tradiciones dicen y tachar de supersticiosos, incultos o ignorantes a miles de millones de personas que han vivido con estos principios durante miles de años. Podemos reflexionar y preguntarnos sinceramente si los ignorantes no seremos nosotros; esta pequeña parte del mundo que dura el poco tiempo que llevamos de nuestra llamada «civilización moderna».

Nos daríamos por satisfechos si este trabajo pudiera servir al lector de empuje para una posterior investigación seria, profunda y sin prejuicios, más allá del posible primer rechazo visceral.

 

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Absoluto. La Total-Realidad actualizando (con relación a nuestro mundo) en un paso de la Potencia al Acto y según la Voluntad divina, toda determinación relativa.

«El mundo fenoménico es una huella que deja tras de si la actividad creadora incesante de lo Absoluto» (Toshihiko Isutzu)

Accidente. Aquello que es apto de existir en otro (la Substancia) como en un sujeto de inherencia (cui competit esse in alio tanquam in subjecto inhaesionis). Modificación transitoria perteneciente al orden contingente de las cosas y que posee el grado de realidad que es propio a su naturaleza.

«El accidente no está en lo Absoluto. Aquel que sabe eso por experiencia tiene el derecho de decir en verdad que la alegría es su compañera» (J. Van Ruysbroeck)

Acción. «La actuación anormal en que se desenvuelve el mundo occidental, ha transformado la subordinación natural de la acción respecto a la contemplación, en una verdadera autarquía de la primera respecto a la segunda, es decir, en un total trastocamiento y desjerarquización del orden que posibilitó la continuidad de sociedades edificadas en base a un esquema inteligente. Todas las doctrinas tradicionales han considerado relevante la superioridad natural de la contemplación, sin dejar de reconocer el lugar que le corresponde a la acción en el mundo relativo de la contingencia y de la manifestación externa. Además, hay que tener bien presente que la acción extrae su realidad de la contemplación, y que la primera sin esta última es pura agitación sin principio ni finalidad alguna.» (Vicente Alberto Biolcati, La Edad Crepuscular, ediciones Obelisco)

La acción no tiene en sí misma su razón suficiente y es por lo tanto contingente y transitoria. La contemplación, en cambio, pertenece a lo inmutable y eterno. Además, la acción no puede legitimar su existencia sin un principio de anterioridad lógica y ontológica, por lo que carece de sentido separada de aquél, es decir, de quien obtiene su razón de ser. En cambio la contemplación es autosuficiente, y para entregarse a ella no hay necesidad de salir de sí mismo, ya que su finalidad es interior y real en sentido absoluto. Contemplar implica realizar la suprema actividad, la cual siempre es interior. La acción en cambio supone la pasividad por ser exterior y luego dependiente de la primera. En efecto, el nivel espiritual es aquel en el cual domina la máxima actividad, y el corporal la máxima pasividad.

Acto. Lo que se opone a potencia, lo que está completado, acabado.

Actualización. Paso de la potencia al acto.

Advaita. Ver Shankara. Doctrina filosófica de la "No Dualidad" sistematizada por Shankara. Afirma la unidad de un Principio inicial, y, por tanto, la no-existencia de una dualidad que opondría un principio espiritual a otro material. Lo que pertenece al orden natural y relativo no es mas que ilusión, resultado de la ignorancia.

Agapé. Palabra griega correspondiente al latín caritas.

Alegría. Estado de arrebato interior, sin realidad causal ni determinación particular, que es la del alma en los "paraísos del Amor".

«Que Allah te haga dichoso en la alegría del otro» ( Rumi)

Alma. En el lenguaje tradicional y en el lenguaje anterior al renacimiento, el alma sería el conjunto de procesos síquicos, lo que actualmente llamaríamos la mente o psique, por eso se llega a decir que «el alma es el demonio», ese alma a la cual debe "odiar" todo aquel que quiere ser discípulo de Cristo y a la cual, como San Pablo nos recuerda, la Palabra de Dios como una espada de doble filo «separa del espíritu», un alma que San Pablo debe haber "perdido" para ser capaz de decir de verdad que «vivo, pero no yo, sino Cristo en mí». En el lenguaje posterior a la Edad Media se van confundiendo los términos alma y espíritu según los contextos hasta llegar a la confusión total actual en la que se considera al hombre como cuerpo y alma, en vez de la trilogía tradicional y universal de cuerpo, alma y espíritu.

Ver el documento «Espiritus, Anima, Corpus» de René Guenon

Alquimia. «La alquimia no es entendida en un sentido "material" sino por los ignorantes, para quienes el simbolismo es letra muerta. Son aquellos que los verdaderos alquimistas de la Edad Media occidental estigmatizaron con el nombre de "sopladores" o de "quemadores de carbón", y que fueron los auténticos precursores de la química moderna, por poco halagador que tal origen sea para ésta» (R. Guénon, Sobre esoterismo Islámico y Taoismo)

La Alquimia era una ciencia de orden cosmológico y de aplicación al orden humano en virtud de la analogía entre el microcosmos y el macrocosmos. Como la astrología y todas las demás ciencias tradicionales, tenía un profundo carácter espiritual en razón de la llamada ley de correspondencia.

Amor. La atracción a la unidad. Actualización misericordiosa de la Voluntad divina irrigando todos los soportes de la manifestación.

«El amor que Dios prodiga a sus servidores, según un proceso sin fin, es en su esencia el principio mismo de su ser» (Ibn´Arabi, Tratado del Amor)

«La experiencia cristiana siente que la fuente de poder reside en la caridad más que en el conocimiento (gnosis), y sospecha de la metafísica porque ésta parece exaltar el conocimiento por encima del amor (bhakti). Sin embargo, es imposible separar al conocimiento metafísico de la caridad divina; en la comprensión el conocimiento y el amor son una sola cosa, y la identidad de ambos se encuentra en el antiguo uso del verbo "conocer" al hablar del amor entre el hombre y la mujer. El conocimiento del Espíritu no es aquel pretendido conocimiento que proporciona orgullo espiritual, y que más correctamente debiera llamarse «información». Conocer la Realidad última es conocer y ser uno con la "caritas" misma. (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Analogía. Proporción entre realidades o conceptos diferentes permitiendo calificarlos los unos por los otros, o incluso por un término único que convenga a todos en razón de una cierta similitud.

Analógico. Que revela de la analogía. Una correspondencia analógica es la que está hecha en virtud de una analogía o de un símbolo.

Anamnesis. Plegaria de la liturgia eucarística en la cual se conmemoran (o se recuerdan) los misterios de la salvación: Pasión, Resurrección, Ascensión, etc.

Ananda. El tercer término de la triada Sat-Chit-Ananda, que significa la Beatitud, o Felicidad suprema. Felicidad suprema, bienaventuranza, plenitud, beatitud perfecta (asimilada a Shiva en la triada Sat-Chit-Ananda).

Andrógino. Ser que es a la vez hombre y mujer.

Annamaya kosha. Literalmente: envoltura de alimento constitutiva del cuerpo material.

Antahkarana. Alma. Literalmente, "órgano interno". Es el conjunto de los poderes físicos que organizan las experiencias particulares de un ser condicionado. Órgano interno o mente. Comprende la mente pensante (manas), la mente racional e intuitiva (budhi), el sentido del yo (Ahamkara) y la memoria (chitta). Organo interno, función mental.

Apariencia. «Vestido» exterior al cual no conviene apegarse; solo debe ser conocido –o por decirlo mejor asentido– el Amor que determina la «cosa» y que la vivifica.

«No busques la apariencia como lo hacen los ignorantes; ve hacia la interioridad si eres capaz de ello» (Sultan Valad, La Palabra Secreta)

Apófasis. Palabra griega que significa «negación». La teología apofática dice de Dios lo que él no es, más que lo que él es.

Apoyo. Lo que sirve de base y fundamenta la veracidad de la «cosa» para aquel que no conoce en absoluto, por captación directa, al Causador Universal.

«El mundo visible es el punto de apoyo para elevarse al mundo del Reino Celeste y el «recorrido de la vía Derecha» consiste en esta ascensión» (Ghazâli, El Tabernáculo de las Luces)

Areopagita. Ver Dionisio.

Arquetipo. El Bien, la Bondad, la Belleza, la Justicia etc. Palabra griega que significa «modelo». Se trata aquí de las Ideas o de los Arquetipos en el sentido dado por Platón, no en el sentido degradado que ha popularizado C.G. Jung mezclando los que son propiamente arquetipos suprahumanos emanando del Ser, con formaciones infrahumanas.

«Los arquetipos no están por debajo del entendimiento sino por encima del mismo, y por eso todo lo que éste puede identificar de ellos no es más que una visión muy limitada de lo que son en realidad (...) solo cuando se llega a la unión del alma con el espíritu... se produce una manifestación de aquellas posibilidades» (Titus Burckhardt, Ciencia Moderna y Sabiduría Tradicional)

Artes. Cuando se habla de Arte y Ciencia nos referimos a las Artes y Ciencias tradicionales, cuando todavía estaban ligadas a principios metafísicos y ocupaban un lugar integrado e integrador en la vida cotidiana de las personas. No nos referimos a la degeneración actual que ha convertido el arte en un mero objeto de "lujo", "pasatiempo" o "decoración", y a la ciencia en una mera divagación dispersa, utilitarista y mercantilista, normalmente aplicada a la industria civil o militar, y sin ninguna función "religadora". Arte y Ciencia tradicionales constituían actos rituales y sacros que ligaban al artista (el artifex medieval) con principios espirituales.

«Guénon nos hace notar acertadamente que el arte ha recorrido el mismo camino descendente que las demás expresiones del Occidente moderno, camino que parte de la concepción tradicional del mismo hasta llegar a la concepción profana contemporánea. Entre sus características visible sobresalen actualmente la hipertrofia de la fantasía individual, su sentimentalidad, la carencia absoluta de toda visión suprapersonal y el hecho de haber caído en una mera actitud estética. Ello significa reducirlo totalmente al punto de vista de la sensibilidad.

Explica que esta desviación ya comenzó a evidenciarse con los griegos. En cambio en el antiguo Egipto, como en los pueblos orientales que obedecen a la tradición, el arte era hierático y simbólico, como lo fue también el arte medieval. Así comunicaba lo trascendente a quienes adoptaban una actitud contemplativa con él. Justamente en otro de sus libros (Iniciación y Realización espiritual) Guénon recuerda que la concepción tradicional en contraposición a la moderna señala a lo puramente intelectual y consecuentemente el arte encarna lo que desde el punto de vista metafísico se llamó "esplendor de lo verdadero". Luego con la marcha cíclica se fue trocando en un simple placer exterior, sin profundidad espiritual.

Se inició así el arte profano, el cual obedece a tendencias subjetivas y psicológicas. Estas persiguen lo que impresiona superficialmente a los sentidos.

En "Puntos de Vista sobre el Esoterismo Cristiano" transcribe una formula citada por M. Valli: En todo el arte medieval, en oposición al arte moderno, "se trata de la encarnación de una idea, no de la idealización de una realidad" de orden sensible.

La cosmovisión actual del arte plástico lo lleva a brillar únicamente en museos y exposiciones como proyección de vivencias sensibles, al haber huido de él, con el ensombrecimiento de los niveles superiores, el reflejo de lo divino. (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Varios interesantes textos y enlaces pueden encontrarse en el documento «Abhinavagupta y el Arte Tradicional» de la página Kali Yuga, y también en la sección "Sobre Arte" de la página Amnesia.

Artificio. Medio que oculta la verdad y que lleva a satisfacerse con la evidencia aparente y con la superficialidad.

«La caridad nos libera de los artificios del ego, que en toda acción no persigue más que su propio reflejo» (Titus Burckhard)

Aseidad. Modalidad del Ser que existe «por si» (a se) y no por otro.

Ashram. Comunidad de discípulos reunidos alrededor de un maestro. Una combinación entre escuela, comunidad y monasterio, que no tiene equivalente en la cultura cristiana.

Asrama. Estado de existencia. Tradicionalmente estos estados son: el de estudiante, el de amo de casa, el de asceta, y el de renunciante.

Astrología. «La Astrología, otra ciencia cosmológica, es en realidad algo completamente distinto que el "arte adivinatorio" o la "ciencia conjetural" que únicamente quieren ver los modernos. antes que todo se relaciona con el conocimiento de las "leyes cíclicas", que juegan un papel importante en todas las ciencias tradicionales» (Rene Guénon, Cahiers du Sud 1947)

«El caso de la Astrología es deplorable, porque a raíz de la incomprensión del significado profundo que tuvo en otra época, ha caído en un supuesto "arte-adivinatorio" sin sustentación alguna. Merece la pena recordar que en el simbolismo astrológico medieval, las esferas planetarias representaban los grados de realización iniciática. La alquimia era "una ciencia de orden cosmológico y de aplicación al orden humano en virtud de la analogía entre el microcosmos y el macrocosmos". Como todas las ciencias tradicionales, tenía un profundo carácter espiritual en razón de la llamada ley de correspondencia, al perderse el conocimiento de esa ley en razón de la degradación general que supone el avance del ciclo, ellas se convirtieron en barcos sin rumbo alguno, por decirlo de manera figurada. Habiendo dejado de recibir la luz del intelecto, se transformaron en investigaciones superficiales con fines exclusivamente utilitarios o subalternos.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

«Formas sensibles, armonía de la naturaleza, equilibrio de los cielos y orden de los astros reflejan un orden oculto cuyas correspondencias se encargan de estudiar ciencias tradicionales como la cosmología y la astrología, que son ciencias tradicionales, precisamente, porque sus saberes transmitidos se confunden con sus orígenes como el comienzo mismo del orden universal. La clave de interpretación en estos saberes no reside, pues, en criterios de prueba empíricos y externos, sino en la confianza y la autoridad de la tradición que en última instancia se identifica con la verdad misma» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

«A pesar de la oposición consciente de la Iglesia primitiva a la astrología, una considerable porción de simbolismo astrológico ha penetrado en la iconografía cristiana. El toro, el león, el águila (símbolo que reemplaza al escorpión y al fénix) y el hombre, usados como emblemas de los cuatro evangelistas, son los cuatro signos fijos del Zodíaco: Taurus, Leo, Scorpio y Aquarius. Piscis, sin embargo, es el signo cristiano por excelencia, tanto porque está al "final" de los signos del Zodíaco y por tanto de la dominación del espíritu por las estrellas, como porque la llegada de la era cristiana coincide aproximadamente con la entrada del sol en Piscis en la procesion equinocial. Las correspondencias cosmológicas de este tipo son en realidad arbitrarias y fatuas para la mentalidad moderna. Pero el simbolismo es un sistema de asociación que no revela lógica, sino la vida espiritual del hombre, interior y desconocida.» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Âtman y jiva. Atman es el Ser de todo pero especialmente del ser humano en toda la tradición filosófica védica. Se traduce como ser individual en los contextos en que está relacionado el término con el ser viviente jiva. Pero el jiva incluye las envolturas vitales y mentales y el ser puro no. Sin embargo, en muchas ocasiones se emplea la misma palabra atman. Cuando el concepto se refiere a lo real, lo esencial en el ser humano, el ser atman no es distinto de Brahman, el Ser Absoluto. En español se ha empleado siempre la mayúscula para distinguir el Ser idéntico al absoluto del ser con las limitaciones añadidas en la condición humana. El Ser puro limitado por la mente aparece como un ser separado consciente. La entidad aparentemente unitaria se toma por «lo real» durante la existencia temporal. Esto es así hasta el descubrimiento de la identidad entre el Ser y lo Absoluto. Mientras el ser humano en evolución es el ser individual que transmigra, del que se ocupa Sankara en algunos pasajes.

Âtmâ. O también Âtmân, pronombre reflexivo del sánscrito que significa «si» (si-mismo) o el «Si» (el Si-mismo). Es Brahman en el ser humano.

El "Si-mismo" (como pronombre reflexivo), el principio esencial y permanente del Ser, idéntico al Brahman universal. Es Shiva en nosotros. Traducirlo por Alma es equívoco ya que esta palabra, en las lenguas occidentales, designa tanto el principio eterno y transcendente, como el principio intermedio y sutil; la psique (manas). El Ser en el hombre. En la tradición de los Upanishad, la dimensión transcendente del Yo, metafísicamente idéntico al Principio. En el tantrismo equivale al principio Shivaico del Ser Entidad espiritual eterna, presente en todo ser (animales incluidos), y que se reencarna hasta la Liberación final.

Es el equivalente Cristiano del Espíritu, en la división tradicional de Cuerpo, Alma y Espíritu (San Pablo). El alma sería lo que actualmente llamamos psique (Manas en la terminología hindú); el conjunto de características síquicas de la persona. En el lenguaje Cristiano de los últimos siglos se confunden ambos términos (alma y espíritu) dando lugar a muchas desorientaciones. En la espiritualidad medieval, cuando estos conceptos estaban más claros, se llegaba a afirmar que el Alma (la mente, el psiquismo) era el demonio.

Mas información en "Spiritus, Anima, Corpus" de René Guénon

Autoridad y poder. «Preferimos emplear para el orden de lo espiritual la palabra "autoridad" mejor que la palabra "poder", que reservamos al orden de lo temporal, al cual conviene más propiamente cuando se quiere entenderlo en estricto sentido» (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal).

«Cabe decir que el poder espiritual pertenece "formalmente" a la casta sacerdotal, mientras que el poder temporal pertenece "eminentemente" a esta misma casta sacerdotal y "formalmente" a la casta real. Es así cómo, de común acuerdo con Aristóteles, las "formas" superiores contienen "eminentemente" a las "formas" inferiores» (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal)

Avatâra. Palabra sánscrita que significa «Descendimiento» (de lo divino en lo humano). En la doctrina hindú, los avatares son las manifestaciones de Vishnu; se suele traducir inadecuadamente por «encarnaciones».

Descendimiento de Dios como mensajero divino, cuya venida tiene por objetivo restablecer el orden cósmico.

Avidya. No-saber, en el sentido de ignorancia, de falta de discernimiento entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo irreal.

 

Belleza. Aquello que encanta al corazón, a los sentidos y a la razón, aniquilando por ello toda contingencia y toda relatividad.

«Siempre las palabras le faltan a aquel que describe la Belleza» (Shaykh Al´Alawî)

Bhagavad Gita. "Canto del Bienaventurado"; fragmento del Mahabârata. Krishna, encarnación de Vishnu y conductor del carro de Arjuna, le da a este su enseñanza en el campo de batalla de Kurukshêta. Le revela en particular las diferentes formas de yoga: la acción desinteresada y la renuncia a la acción, el amor devocional, y el conocimiento.

Bhakta. Practicante de la bhakti. Adorador devocional.

Bhakti. La vía del amor devocional, quitándole a las palabras «amor» y «devoción» toda la resonancia dulzona, pasiva y sentimental que en occidente les damos. "Participación" sería el sentido primero de la palabra «bhakti».

Bhakti yoga. El camino de la unión con Dios por la devoción. Yoga de la devoción.

Bien. Lo justo y lo bueno según la Ley divina, y no según la voluntad de tal individualidad relativa. «El bien que te espera viene de Dios pero el mal que te toca viene de ti mismo» (Corán, IV, 78-79)

Brahmâ. «En tanto que el Ser es "uno" solamente, el Principio supremo, designado como "Brahma" puede ser dicho "sin dualidad" ya que, estando más allá de toda determinación, incluida la del Ser que es la primera de todas, él no puede ser caracterizado por ningún atributo positivo: de este modo lo exige su infinitud, que es necesariamente la totalidad absoluta que en sí comprende a todas las posibilidades» (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

Dios creador. El productor de la manifestación del mundo. El "Ser inmenso", el aspecto organizador de lo divino (mejor que "creador" como se suele decir por facilidad, ya que la idea de creación es más hebraica que india). Gobierna el mundo del estado de vigilia. Asociado a la cualidad Rajas.

O también Brahman, nombre neutro que designa el Principio supremo en la metafísica del Vedanta.

Brahma-loka. Mundo del brahman o simplemente de Brahma, el cual es una cualificación o una determinación de brahman. Concepto flotante según los textos. Puede tratarse del "Cielo" o del "Paraíso", en un sentido cercano al cristianismo, o bien de un estado absoluto, incondicionado, más allá de todos los paraísos posibles.

Brahman. El absoluto inmutable, infinito, eterno impersonal, abarcando tanto al Ser como al No-Ser. La esencia única de todo lo que es. La suprema realidad espiritual. Lo Absoluto, realidad no-dual. Palabra neutra, no confundir con Brahma. Lo Absoluto, ni existente ni no existente, pero de donde brota, por lo que se mantiene y adonde vuelve, todo lo que existe.

La palabra Brahman también se aplica para designar a los miembros de la casta mas alta, la que esta dedicada y destinada al sacerdocio y a la sabiduría espiritual. El que se ha establecido en Brahma. Persona de la casta de los sacerdotes, filósofos y maestros.

Brahman . Se traduce por «lo Absoluto». Éste es el concepto que quizá se acerque más al significado inexpresable en la terminología siempre dual. Y se acerca porque su vacuidad no puede encerrarse en los límites pensados de lo relativo. Cualquier limitación destruiría el sentido unitotal. Por eso habrá que tener en cuenta para su comprensión que en este caso no es opuesto a «relativo», porque no entra dentro del ámbito de los opuestos. Es «Uno sin segundo». Lo relativo será entonces una manera limitada de ver lo Absoluto, que no tiene nada fuera de sí. Cuando Brahman es condicionado, con atributos (Saguna Brahman) no se traduce el término. En esos casos apunta a un cierto concepto de Dios, que se hace manifiesto en cada contexto. Tengamos en cuenta en cualquier caso que lo que la palabra evoca aquí no depende del absoluto de la filosofía idealista occidental como tampoco Brahman condicionado es idéntico a la noción del Dios personal y creador del pensamiento judeo-cristiano.

Buddhi. El intelecto trascendente que permite la "visión de las esencias". La intuición intelectual (diferente y opuesta a la intuición biológica instintiva) que refleja el principio espiritual. Intuición intelectual o intelectiva. No se debe confundir con la intuición biológica o sensitiva; error muy común en estos tiempos sobre todo en el ámbito de las pseudo-espiritualidades de la Nueva Era. Poder individuador, pero libre todavía de toda determinación o individuación particulares. Fuerza intelectual supraindividual o indeterminante.

 

Calamo. El Calamo supremo (al-Qalam al-a´la) corresponde al Intelecto primero (al´Aql al-awwal) o al Espíritu (ar-Rûh). Es la primera criatura de Dios, la que escribe la creación en la Tabla Guardada.

Caridad. (Caritas o también charitas). Esta palabra viene del latín carus, «querido».Calor expansivo infuso en el alma oponiéndose a la «fijación» y a la «rigidez» del ego.

«La caridad es una línea de amor entre Dios y el alma amorosa» (Jan Van Ruysbroeck)

«Amar al prójimo como a si mismo», es realizar el misterium caritatis; es decir realizar en él y en mi esta transparencia del alma que permita a la Luz increada dispersar las tinieblas de la ilusión egocéntrica y altruista. Ya no hay más ni «yo» ni «tu», sino El, el Paráclito, el Consolador, el Amor increado, el Espíritu de Verdad que procede del Padre, único Principio de Unidad capaz de disolver los «nudos» del ego, y de romper los límites de la individualidad: «esta divina Persona como espirando de su espiración divina, eleva y dispone el alma de una manera muy elevada a espirar ella misma en Dios la misma espiración de amor que el Padre espira en el Hijo y el Hijo en el Padre, y que es el mismo Espíritu Santo que ellos espiran en ella en esta transformación». Es a este nivel de la Unión transformante donde se sitúa el misterium caritatis. Toda la caridad de aquí abajo no es más que la sombra de ello, o todo lo más el símbolo.» (Abbé Henri Stéphane, Sobre la Caridad)

«El Cristianismo se sitúa fuera de las «acciones y reacciones» del orden humano; no es, pues, exotérico por definición primera. La caridad cristiana no tiene ni puede tener ningún interés en el «bienestar» por sí mismo, porque el verdadero Cristianismo, como toda religión ortodoxa, estima que la única verdadera felicidad de la que puede gozar la sociedad humana es su bienestar espiritual con, como flor de éste, la presencia del santo, meta de toda civilización normal; porque «los muchos sabios son la salud del mundo» (Sab. 6,24). Una verdad que los moralistas ignoran es la de que, cuando la obra de caridad es cumplida por amor a Dios, o en virtud del conocimiento de que «yo» soy el «prójimo» y que el «prójimo» es «yo mismo» –conocimiento que implica por otra parte este amor– la obra de caridad tendrá para el prójimo no solamente el valor de un beneficio exterior, sino también el de una bendición; por el contrario, cuando la caridad no es ejercida ni por amor a Dios ni en virtud del dicho conocimiento, sino únicamente en vista del simple «bienestar humano» considerado como un fin en sí, la bendición inherente a la verdadera caridad no acompaña el aparente beneficio, ni para quien la ejerce ni para quien la recibe» (F. Schuon, De la Unidad Trascendente de las Religiones)

Catáfasis. Palabra griega que significa «purificación» (Cataro= puro).

Causa. Lo que transciende los efectos (concebidos como «afirmación evolutiva de la Causa) bajo el punto de vista, evidentemente, del ser situado en el devenir y no en la simultaneidad. «Los profetas y los Santos dicen que detrás del velo de las causas está el Causador; entonces ¿por qué no te vuelves buscador y no intentas levantar el velo de las causas para llegar al Causador? (Djalâl-ud-Dîn Rûmî)

Casta. «La casta está por encima de la raza porque el espíritu es superior a la forma; la raza es una forma, la casta un espíritu. Ni siquiera las castas hindúes pueden limitarse a una raza: hay brahmanes tamules, balineses y siameses» (Frithjof Schuon)

En toda sociedad estructurada normalmente y de acuerdo a vínculos reales, vínculos que no sean simples subproductos de abstracciones individuales y cliches construidos por pensadores en boga, existe siempre entre los seres humanos un orden jerárquico basado en sus diferentes naturalezas. Por supuesto, este orden es exactamente inverso al que corresponde a las leyes de la materia. Las castas surgen de un concepto básico que consiste en el conocimiento de que un individuo no es un producto intercambiable con otro individuo al diferenciarse solo por lo exterior, materia, visible y aparente, como ocurre en el mundo moderno. La idea tradicional se basa en el hecho de que cada ser humano tiene una naturaleza mental y física distinta a la de cualquier otro, y otra función en la sociedad» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

La institución de las castas, como explica Guénon (Autoridad Espiritual y Poder Temporal), «es la aplicación de la doctrina metafísica al orden humano" según la cual en el punto más alto de la jerarquía comunitaria lógicamente debe encontrase el que posee la verdadera sabiduría, o sea la autoridad espiritual, representada en el caso de la India por la casta brahmánica. Ella tiene como función la transmisión y conservación de la Doctrina Sagrada y detenta el nivel superior que es el puramente intelectual, ámbito que supone estar más allá de las contingencias históricas. El poder temporal, en cambio, lo posee la casta de los Shatriyas. Durante la Edad Media el orden social imperante en los países que formaban la Cristiandad dependía de una estructura tradicional y era análogo al de la India actual. Así el clero tenía una función semejante a la de los brahmanes y la nobleza correspondía a la casta de los Shatriyas. Según la jerarquía hindú luego de los Shatriyas se encuentran los Vaishyas (comerciantes) y siguiendo a estos los shudras. A ellos correspondía el "Tercer estado" y los siervos respectivamente en la organización medieval europea.

«El sistema de castas, como todas las instituciones sagradas, descansa en la naturaleza de las cosas, o, más precisamente, en un aspecto de ésta, en una realidad, pues que no puede dejar de manifestarse en ciertas condiciones; la misma observación vale para el aspecto opuesto, el de la igualdad de los hombres antes Dios. En suma, para justificar el sistema de castas, basta plantear la cuestión siguiente: ¿existen la diversidad de calificaciones y la herencia? Si existen, el sistema de las castas es posible y legítimo. Y lo mismo para la ausencia de castas, donde ésta se impone tradicionalmente: ¿son iguales los hombres, no tan sólo desde el punto de vista de la animalidad, que no se discute, sino del de sus fines últimos? Es seguro, pues todo hombre tiene un alma inmortal; así pues, en alguna sociedad tradicional, esta consideración puede prevalecer sobre la de la diversidad de calificaciones. (F. Schuon, Castas y Razas)

«Si al occidental le cuesta trabajo comprender el sistema de las castas, es ante todo porque subestima la ley de la herencia, y la subestima por la sencilla razón de que se ha vuelto más o menos inoperante en un medio tan caótico como el Occidente moderno, en el que aproximadamente todo el mundo aspira a ascender la escala social –si es que eso existe todavía– y en el que casi nadie ejerce la profesión de su padre; uno dos siglos de tal régimen bastan para hacer la herencia tanto más precaria y flotante cuanto que no se la había hecho fructificar anteriormente por un sistema tan riguroso como el de las castas hindúes; pero incluso allí donde había oficios transmitidos de padre a hijo, la herencia ha sido prácticamente abolida por las máquinas. A esto hay que añadir, por una parte, la eliminación de la nobleza, y por otra, la creación de "elites" nuevas: los elementos más disparatados y "opacos" se han transmutado en "intelectuales", de modo que casi nadie "está en ya en su lugar", como diría Guénon; y por eso no hay nada de asombroso en que la "metafísica" sea considerada en lo sucesivo desde la perspectiva del "vaishya" y el "shûdra", cosa que ningún fárrago de cultura podría disimular» (F. Schuon, Castas y Razas)

En estas sociedades el sacerdocio (Brahmanes), como foco de orientación espiritual, conserva la doctrina, la contempla y enseña. Es autoridad porque se sustenta en sí mismo. Los guerreros (Ksatriyas) gobiernan, es decir, ejercen la función administrativa, judicial y militar, conservando el orden interno y preservándolo de los ataques exteriores. Constituyen el poder, porque su potencia se apoya en la fuerza externa o material. Los artesanos (Vaishyas) manufacturan e intercambian bienes y servicios. Los agricultores (Shudras) trabajan la tierra y aportan a la comunidad sus frutos. Todos ellos bajo la inspiración y supervisión de la casta sapiencial. Símbolos, leyendas y sistemas de castas mantienen el recuerdo de esta organización de funciones acordes con las capacidades respectivas del ser humano. En la medida en que Occidente se conservó fiel a una doctrina tradicional mantuvo también una estructura social paralela. La Europa de la Edad Media consolidada felizmente como un complejo de civilización tradicional, la Cristiandad, alcanzó una organización política equivalente y San Bernardo de Claraval al mismo tiempo místico especulativo, caballero y fundador de órdenes monásticas constructoras de catedrales, es la síntesis humana de una semejante cultura con sólidos cimientos en la tradición.

«El sistema de castas de la India, muchas veces mal entendido y ahora menospreciado, se basaba en la concepción de que la sociedad posee un orden triple que corresponde por analogía a la constitución interior del hombre (aproximadamente lo que los cristianos llaman cuerpo, alma y espíritu) y a los tres principios cosmológicos de la inercia (tamas), la actividad (rajas) y el equilibrio (sattva)» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Certeza. Evidencia de las realidades esenciales asentidas de manera total e inmediata: la Certeza alivia al corazón de la duda y confirma la fidelidad.

«Avanza hasta la Verdad de la Certeza, más allá de todo lo que te enseñaron los demás y más allá mismo de tu propio pensamiento que es un obstáculo» (Ali Ibn al-Farid)

Ciclos Cósmicos. La teoría de los Ciclos Cósmicos está desarrollada en formas diversas por todas las doctrinas tradicionales, pero particularmente y con mayor claridad, por la doctrina hindú.

En su dimensión temporal, lo manifestado tiene un ritmo cíclico que implica a todo el orden cósmico. Un ciclo de manifestación universal se cierra en sí mismo. Pueden distinguirse en él distintos períodos. Según las doctrinas tradicionales, un ciclo cósmico aplicado al orden humano y llamado Manvantara de acuerdo a la doctrina hindú, se compone de cuatro Yugas o Edades. Cada Edad implica una decadencia progresiva respecto de la precedente, debido a su alejamiento gradual del «estado primordial» o esencial. Esta concepción se opone a la moderna idea de progreso. Lo que en realidad ocurre es que el desarrollo cíclico supone un alejamiento cada vez mayor del principio espiritual de unidad originaria.

En resumen, según las doctrinas tradicionales, el tiempo no es algo que se desarrolla como una línea recta, o sea uniformemente. La concepción real del tiempo representa a éste como cíclico. Se trata de un tiempo calificado, y no de un tiempo cuantitativo como lo pretende la simplificación extrema propia del espíritu moderno.

«Todas las doctrinas tradicionales, bajo distintas formas simbólicas, con un ropaje oral o literario diferente, y de manera más o menos explícita o velada, enseñan que el desarrollo en el tiempo de la manifestación universal y con ella el de la humanidad presente se ha cumplido y se cumplirá siempre en forma cíclica y no rectilínea como pretenden algunos esquemas superficiales. A medida que se avanza en el ciclo, se va produciendo una decadencia espiritual cada vez más acelerada hasta llegar a la materialización más absoluta y la posterior disolución del mundo sensible cuando aquélla ha llegado al máximo posible. A lo largo del ciclo la sabiduría originaria o «logos primordial», de la cual todos los hombres participaban, se va cubriendo de velos que la ocultan a los ojos de la mayoría. Además se produce una verdadera atomización en el mundo sustancial y humano, con una diversificación cada vez más acentuada de su pluralidad material, alejándose ese mundo progresivamente del polo esencial o espiritual de la manifestación» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

De acuerdo con la cosmología la representación rectilínea del tiempo es inexacta. El tiempo es cíclico, volviéndose periódicamente al punto de partida como lo expresan todas las tradiciones conocidas. No nos referimos, por supuesto, al tiempo astronómico o medido según una convención, sino al tiempo cosmológico, que es un tiempo cualitativo o sea esencial. Los acontecimientos desarrollados en el tiempo de los relojes son reales, pero a su vez dramatizan simbólicamente un campo de conocimiento donde tanto el espacio como el tiempo devienen calificados.

«El cristianismo, como todas las tradiciones, mantiene una concepción cíclica del devenir, por lo que no hay ningún progresismo intrínseco en él. Otra cosa es la desviación moderna de esta forma tradicional, que comienza en el Renacimiento y llega a su colmo en la actualidad, aceptando muchos de sus representantes la idea del progreso o evolución, en el sentido moderno de la palabra. La Reforma, especialmente, acoge y difunde esta concepción lineal y progresista de la historia. En los textos canónicos cristianos, encontramos una consideración cíclica de la historia, como se ve especialmente en el Apocalipsis, libro que cierra la Revelación cristiana, de carácter cosmológico, estrechamente ligado a la exposición de los tiempos finales que terminan, sin embargo, con un nuevo ciclo: «Vi un cielo nuevo y una nueva tierra». Igualmente, en las Epístolas de san Pablo, ser recoge esta doctrina. San Pablo dice vivir en los «tiempos finales» y la venida de Cristo significa la Plenitud de los tiempos, lo que posteriormente ha llevado a confusión, ciertamente, puesto que plenitud quiere decir culminación, lo que viene a continuación no puede ser más que decadencia, y así lo entendían los antiguos. La concepción cíclica es también evidente en la liturgia, que es de desarrollo completamente cíclico, y que se basa además en el ciclo astronómico lunar. Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, dividen la historia en seis o siete períodos que se relacionan con los días de la Creación y con los sellos del Apocalipsis. Honorio, por ejemplo, compara el proceso de la Iglesia con la vida de un individuo, definiendo los diferentes estadios desde la infancia hasta la decrepitud, que precederá al fin de este mundo. nada más alejado, pues, del progresismo. En la Edad Media, Anselmo de Havelberg, explicita toda una ciclología de la humanidad, a la que compara con el ave Fénix por sus renovaciones periódicas tras las degradaciones de rigor. Desde san Agustín, que en su Ciudad de Dios habla del saeculum senescens hasta Arnau de Vilanova es ésta la concepción cristiana, que incluso durante mucho tiempo se enseño en el catecismo.» (Letra y Espíritu nº 5)

«El plano de la manifestación en su transcurrir permanente es la resultante, sin principio ni fin, del equilibrio que conjuga la espontánea irradiación de lo Absoluto con las acciones humanas, egoístas o despojadas de deseo que obstaculizan o dejan libremente expandirse la iluminación divina. La acción, por lo tanto, es el motor de la historia, una historia que es más que humana, historia del cosmos. De la composición mutua, por lo demás, de la luz y de la tiniebla, de la vecindad o lejanía de lo Absoluto, en cuyo equilibrio la libertad del hombre desempeña la función fundamental, se va cristalizando el desarrollo orgánico de un ciclo total de la manifestación cósmica que comprende (según la tradición hindú) catorce ciclos menores, correspondientemente ordenados, y en proceso espiralado e indefinido de siete ciclos descendentes y siete ascendentes. Los cuatro yugas de la tradición hindú, las edades del mundo, no son más que períodos mínimos pertenecientes al ciclo menor en el que actualmente vive la humanidad, el último septenario descendente, y como período cíclico, el Kali Yuga, la edad de hierro u oscura, el último también de este ciclo» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Ciencias profanas. «Al separarse las ciencias tradicionales de su base metafísica de la cual obtenían todo su significado, se formaron las llamadas ciencias profanas, verdaderas investigaciones dispersas sin dirección alguna y sin profundidad reconocible. Ellas como dice Guénon "desembocaron irremediablemente en un callejón sin salida, al apartarse del origen superior del que dependían. Así se llego a un estado característico de las investigaciones científicas actuales, que es la fuga y la atomización en el detalle. Tales análisis, afirma Guénon, "pueden seguirse hasta el infinito sin avanzar un solo paso en la vía del conocimiento verdadero" ya que este último es sintético. Recordemos a Plotino: "Cuando el alma adquiere un conocimiento científico cualquiera, ella se retira de la unidad y cesa de ser una; porque la ciencia implica la razón discursiva y la razón discursiva implica la multiplicidad.(...) Ni siquiera lo superficial interesa mayormente en la actualidad, sino las aplicaciones prácticas, y así "la ciencia se confunde con la industria". Hoy se cultivan únicamente las ciencias del mundo sensible, las que se basan en la experimentación y no en la verdad conceptual. La experiencia es inútil y carente de sentido en el campo intelectual puro. Tal situación tiene como fundamente algo que Guénon califica admirablemente como "superstición del hecho". En efecto, un hecho prueba solamente la existencia de ese hecho y nada más, ya que sus causas pueden ser varias, y las que le atribuimos se basan en opiniones individuales o hipótesis científicas que se desechan con la misma rapidez con que se aceptan, no cimentándose en la realidad objetiva. De ahí el absurdo de pretender verificar los principios metafísicos.

Insiste nuestro autor en que "las ciencias modernas son, en el verdadero sentido de la palabra, nada más que residuos de las ciencias tradicionales". En efecto, a tal punto se ha llegado en el estado mental deficitario para poder entender las ciencias originarias, que se ha tomado la cáscara, por así decir, de esos antiguos conocimientos, y se los ha desarrollado únicamente en vista a propósitos utilitarios, lo cual testimonia un hito más en el retroceso cíclico. Por ejemplo las matemáticas actuales se reducen al cálculo. Han reemplazado su principio esencial, el número, por la cifra. Otras muestras de esta situación lamentable lo ofrecen la astrología y la alquimia, las cuales en su decadencia han dado lugar a la astronomía y la química moderna, ciencias que, divorciadas de los principios que fueron sus guías se estudian cada vez más en vista de sus meras aplicaciones prácticas y no como ciencias puras" (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Ese «saber ignorante» que es la Ciencia moderna, es un saber relativo por faltarle lo esencial; los principios intelectuales que deberían sustentarlo. Como se trata de un conocimiento desgajado de su tronco así carecer de fundamento, desde el punto de vista absoluto es ilusorio. El tronco es la metafísica, de la cual dependen los saberes parciales. Sin ella, cualquier investigación es un itinerario en las sombras, al faltarle la luz de la verdad. Como consecuencia, la ciencia moderna constituye un dispersión superficial de conocimientos fragmentarios y efímeros; en esta forma cualquier teoría científica dura medio siglo a lo sumo. Por otra parte, es la exterioridad la que domina las preocupaciones generales, incluso en los hombres de ciencia, ello es el resultado de la manera que tienen las grandes masas de apreciar la realidad. En última instancia, todo se reduce a las inquietudes más intrascendentes y en una dirección opuesta a la interioridad del intelecto. Por esa razón los descubrimientos e invenciones de los últimos siglos han producido una polarización positiva del interés colectivo, al tener como finalidad únicamente el aumento del bienestar en el plano sensible, que pareciera ser la principal aspiración del hombre moderno.

Ver más información en la sección «Sobre Ciencia» de la página «Amnesia».

Ver "Ciencia Moderna y Sabiduría Tradicional" de Titus Burckhardt.

Ver también el documento «Sobre el pretendido empirismo de los antiguos».

Circumincesion. Conjunto de las relaciones que unen a las Tres Personas divinas en la concepción latina de la Trinidad.

Civilización tradicional. Una civilización tradicional es aquella que se organiza y procede en su existencia temporal sustentada e inspirada por principios que provienen de la tradición.

«Es una civilización que reposa sobre principios en el verdadero sentido de la palabra, es decir, allí donde el orden intelectual domina sobre los demás, del que todo procede directa o indirectamente y, ya se trate de ciencias o de instituciones sociales, donde todo no es, en definitiva, sino aplicaciones contingentes, secundarias y subordinadas de verdades puramente intelectuales» (René Guénon, Oriente y Occidente)

«La civilización tradicional se basa en principios eternos, de ellos alimenta su devenir y así no va a la deriva. La pureza de su raíz se revela según que esa civilización se nutra de una doctrina metafísica o religiosa. En el primer caso, como sucede durante nuestro ciclo histórico en el Oriente (hinduismo y taoísmo) prima la intuición intelectual y a su servicio se pone todo el resto; en el segundo nivel predomina la creencia, el sentimiento contamina a la intuición pura, es lo que sucede con toda religión y, más concretamente, con el catolicismo en Occidente. El saber metafísico es esotérico, porque llega al fondo de la realidad a que ser refiere; la creencia religiosa, exotérica, porque se afinca en la superficie y ofrece explicaciones acordes. En el primer ejemplo el hombre puede realizarse totalmente, alcanzar la liberación; en el segundo solo provisoriamente salvarse» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Clase social. «Las "clases" sociales, tal y como se entienden hoy en día en Occidente, no tienen nada en común con las verdaderas castas, y no son, a lo más, sino una especie de falsificación sin valor ni alcance, pues de ningún modo se fundamentan sobre la diferencia de posibilidades implicada en la naturaleza de los individuos» (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal)

Color. Modificación transitoria de la Luz inteligible según la asignación propia a cada una de las posibilidades.

«El color del agua es el color de su recipiente» (Al-Junayd)

Conformidad. Adecuación inmediata del acto a la Voluntad divina que necesita, por parte de su «servidor», un reconocimiento previo –y una aceptación total– de su estatus ontológico y de su dependencia con relación de su Existenciador. «La Beatitud del alma consiste en su conformidad consciente con su esencia» (Ibn Arabi)

Conocimiento. Captación intuitiva –no por el mental sino por el corazón-intelecto– del modo de actualización de la Vida divina en el espejo de nuestra propia existencia. «Cuando el Sol del Conocimiento se eleva en el cielo del corazón, todo es iluminado sin que en realidad nada cambie; solo ha desaparecido la ignorancia que no tiene más que una existencia puramente negativa» (Shankara)

Concentración. Êkâgratâ en la terminología hindú. «La concentración del pensamiento llamada por los hindúes êkâgratâ es una cosa que nos es casi desconocida. Nuestros espíritus son como caleidoscopios de pensamientos en movimiento constante, y cerrar nuestros ojos mentales a toda otra cosa que no sea fijarlos sobre un pensamiento solamente ha llegado a ser casi imposible en la actualidad» (Max Muller)

Contemplación. «Contemplación significa la elevación de nuestro nivel de referencia desde lo empírico a lo ideal, desde la observación a la visión, desde cualquier sensación auditiva a la audición; el creador de imágenes (o el devoto, pues aquí no cabe distinguirlos) «toma una forma ideal bajo la acción de la visión, mientras sigue siendo sólo potencialmente "él mismo"»(A. K. Coomaraswamy) 

Modo de percepción, que incumbe al «servidor» tanto por el ojo sensible como por la vista interior. La captación de lo verdadero concierne a la realidad total, la de lo manifestado y de lo no-manifestado.

«Cuando la contemplación se debilita en ellos, los hombres pasan a la acción, que es una sombra de la contemplación. Incapaces de dedicarse a la contemplación por debilidad espiritual, no pueden alcanzar el objeto de la contemplación y llenarse de ella aun cuando la desean ver, y se lanzan a la acción para ver con los ojos lo que no pueden ver con la inteligencia. (...) ¿cómo un ser capaz de contemplar lo verdadero, preferiría lanzarse hacia la imagen de ello Lo prueban los menos capaces entre los niños, los cuales, incapaces de las matemáticas y de la contemplación, se dedican a lar artes y a los trabajos manuales.» (Plotinio, Enéada III, 6,4)

Para llegar al verdadero conocimiento se precisa la contemplación (del latín cum templum o sea llegar al templo interior, principio real y esencial del ser manifestado); pero dicha contemplación se constituye en el conocimiento mismo, por darse en la interioridad, no pudiéndose establecer allí separación real entre el ser y el conocer en su esencia íntima. Metafísicamente hablando conocer supone llegar a la suprema realidad de Si mismo, centro que refleja el conocimiento universal y absoluto. No ocurre lo mismo con la acción, cuyos resultados son externos. El que accede al verdadero conocimiento o contemplación intelectual pura, llega a identificarse con él.

«Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abríos contemplando.» (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor)

Contratradición. La negación de la sabiduría originaria, inmutable y eterna, que fue el patrimonio espiritual de la humanidad durante milenios. Se trata de un paso avanzado en el declive espiritual. Esta situación corresponde a la última fase del Kali Yuga o Edad de Hierro, en la cual, como enseñan todos los libros sagrados, se termina por realizar de manera efectiva la ruptura total con la Tradición, paso previo a la "disolución final". «Obra constante de desviación del estado de equilibrio que constituyó la base de las civilizaciones normales, la que se fue cumpliendo gradualmente, como se observa en el paso insensible del humanismo al racionalismo, luego al mecanicismo y al materialismo más extremo» (R. Guénon). En la actualidad, aunque la subversión todavía no es total, ya hay muchos signos visibles de ella en lo que René Guénon llama «situación de fraude» y de «parodia»; se pretende sustituir lo auténticamente espiritual por «simulacros y caricaturas». Así, en las fases más avanzadas del desorden, éste pretende tomar las apariencias del orden y «disimular la negación de todo principio con la afirmación de falsos principios» (R. Guénon). Añade Guénon que todos estos «simulacros y caricaturas» son tan hábilmente presentados que la inmensa mayoría de los hombres se dejan engañar, y que «no podemos asombrarnos al ver cómo supercherías de las más groseras se están imponiendo al vulgo, y cómo es difícil desengañarlo», como ejemplo del caso extremo de la parodia, en la cual llega a lo grotesco la sustitución de lo auténticamente espiritual por productos subalternos, nuestro autor hace notar la extensión que han tomado en todas partes los «pseudo rituales cívicos y laicos, y que dan a la masa un sustituto puramente humano de los verdaderos ritos religiosos». (El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos).

«La Edad Moderna ha fortalecido las desviaciones antropocéntricas del Renacimiento y de la Reforma protestante y su mentalidad, sin estar subordinada a una base tradicional, ha generado una civilización intrínsecamente anómala, antitradicional, y en nuestro siglo que se desliza hacia su final, contratradicional, puesto que nuestra sociedad desnaturalizada no sólo se ha apartado de los principios espirituales, sino que imagina recursos y crea instituciones que imitan formalmente a lo tradicional para combatirlo (el marxismo y el psicoanálisis serían dos ejemplos correctos de lo expresado). Arribamos así a una época de completa materialización, signada por el aspecto ínfimo que la materia puede manifestar, el cuantitativo» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Corazón. Ver Hridaya. Centro del ser, «lugar» de actualización de las manifestaciones incesantes de lo Absoluto; todo corazón divinizado toma la forma perfecta adecuada para reflejar fielmente la actividad de lo Real. Sede de la Intuición Intelectiva o Consciencia y no sede de las emociones y sentimientos como se viene considerando actualmente al confundir lo emocional y sentimental con lo espiritual, consecuencia de confundir el alma con el espíritu.

«Lo mismo que el sol da a los planetas su luz, igualmente el corazón –sede del intelecto– ilumina todas las facultades» (Titus Burckhardt).

«Se sabe que en las tradiciones gnosticas de la India (sâmkya, vedanta, jñâna-yoga), el corazón (hrid o hridaya) no está asociado al sentimiento sino al conocimiento; de ninguna manera es la sede de las sensaciones, emociones o pasiones sino la sede del intelecto, en el sentido guenoniano del término, de esa pura intuición intelectual (buddhi o mati) que ve directamente las cosas en su luz verdadera sin pasar por la intermediación del mental (manas). Es más, según los más antiguos upanishads, el corazón es considerado como el centro del "alma viviente" individual (jivâtman), idéntica en su esencia al Principio supremo del universo (Paramâtman o Brahman). Nuestra individualidad humana es a la vez somática y síquica o, en términos hindúes, grosera y sutil. Es de todo este compuesto –y no solamente del cuerpo material– del que el corazón (la "caverna" o el "santuario") es el centro.» (Pierre Feuga)

Cosa. «Realidad» transitoriamente llevada a la existencia por la Voluntad determinativa del Ser y la Omnipotencia de su divino Mandato. «En verdad, Nuestro decir a una Cosa, cuando Nosotros lo queremos, es que Nosotros le decimos: «¡Se!» de manera que ella es.» (Corán XVI.40)

Cosmología. La cosmología deriva de la metafísica, al explicitar su reflejo en el ámbito de la manifestación universal, ámbito determinado por el espacio, el tiempo y la cantidad. O sea, la cosmología es una consecuencia de los principios metafísicos aplicados al mundo formal e informal. Traduce en el espacio y en el tiempo, aspectos formales de las leyes naturales, los principios metafísicos de los que depende. Ella es, en palabras de Guenon, «una aplicación al orden físico, y las verdaderas leyes naturales no son sino consecuencia, en un dominio relativo y contingente, de los principios universales y necesarios» (La Metafísica Oriental).

Cualificación. «Es una cierta aptitud o disposición natural sin la que todo esfuerzo sería vano, ya que, evidentemente, el individuo no puede desarrollar sino las posibilidades que lleva en sí mismo desde su origen. Esta aptitud que hace lo que algunos llaman el "iniciable", constituye propiamente la "manifestación" requerida por todas las tradiciones iniciáticas» (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal)

Chit. Consciencia total, consciencia pura, consciencia consciente de si misma cuyo único objeto es Ananda, la Beatitud.

Chitta. Consciencia empírica (consciencia de algo) por oposición a Chit. Pensamiento formal y asociativo, por naturaleza inestable, una de las cuatro partes del antahkarana (el órgano mental). Cuando es empleada junto a manas, indica el conjunto de las tendencias en estado latente (samskara) que aparecerán como actos en nuestra vida presente o tendrán su fruto en nuestros ciclos de manifestación futuros.

 

Darshan. El hecho de contemplar a un sabio, un dios, un lugar sacro, y de recibir una bendición de él.

Darshana. La palabra sánscrita Darshana significa propiamente "vista" o "punto de vista". Los Darshanas son pues los puntos de vista de la doctrina, y no son, como se lo imaginan la mayoría de los occidentales "sistemas filosóficos" que se hacen competencia y se oponen unos a otros; en toda la medida en que estas "vistas" son estrictamente ortodoxas, no podrían naturalmente entrar en conflicto o en contradicción.

Deidad. Se aplica este termino a la trascendencia de Dios como principio supremo entificado llegando a "lo Divino" (Gottheit) innombrable, el silencio. El aspecto infinito y no-dual de Dios más allá del aspecto creador. En la teología ortodoxa oriental se hablaría de la Esencia por encima de las Energías Divinas increadas. En muchos de sus escritos tanto Eckhart como Pseudo-Dionisio emplean este lenguaje o expresiones análogas.

Deisis. Palabra griega que significa «súplica»; icono representando a Cristo entre la Virgen y San Juan Bautista.

Dependencia. Estado de necesidad de lo relativo frente a lo Absoluto, incompatible con cualquier pretensión de autonomía o de suficiencia.

Dharana, Dhyâna, y Samadhi. Son en la terminología hindú los tres últimos grados del ascenso a lo Absoluto. Son los equivalentes a la Consideratio, Contemplatio y Raptus formulados por San Bernardo dentro de la espiritualidad cristiana.

Dharma. «Como lo muestra el sentido de la raíz verbal "dhri" de la cual deriva, esta palabra, en su significación más general, no designa sino una "manera de ser"; es, si se quiere, la naturaleza esencial de un ser, comprendiendo todo el conjunto de sus propiedades o cualidades características, y determinando, por las tendencias o disposiciones que implica, el modo como este ser se comporta, de modo total o en relación con una circunstancia particular. La misma noción puede ser aplicada no ya a un ser único, sino a una colectividad organizada, a una especie, al conjunto de seres de un ciclo cósmico o de un estado de existencia, o incluso al orden total del Universo» (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

Ver el documento «Dharma» de René Guénon.

Dharma. 1.- La Ley universal, la Norma que sostiene la realidad material y moral. 2.- La ley interna del individuo, la vocación en relación con la naturaleza profunda de cada uno. La ley sagrada. La ley universal. La ley moral. Lo que armoniza al individuo con el todo. Principio de conservación y de estabilidad de los seres manifestados; conformidad al orden del mundo (uno de los cuatro "sentidos" de la vida junto al placer sensual, la riqueza, y la liberación), ley, norma, a veces "virtud". Término que tiene sentidos diversos: Ley, verdad, naturaleza propia de un ser.

Dharma. La palabra Dharma, en su significado más general, no designa más que una "manera de ser"; es, si se quiere, la naturaleza esencial de un ser, comprendiendo todo el conjunto de sus cualidades o propiedades características, y determinando, por las tendencias o las disposiciones que ella implica, la manera de comportarse de este ser, sea en totalidad, sea con relación a cada circunstancia particular. La misma noción se puede aplicar, no ya sólo a un ser único sino a una colectividad organizada, a una especie, a todo el conjunto de los seres de un ciclo cósmico o de un estado de existencia, o hasta al orden total del universo. Dharma puede, en un sentido, oponerse a Karma, que no es más que la acción por la cual esta disposición se manifestará exteriormente. En estas condiciones lo que es Adharma no es el "pecado" en el sentido teológico, como tampoco el "mal" en el sentido moral, nociones que son totalmente extrañas al espíritu hindú; es simplemente la "no-conformidad" con la naturaleza de los seres, el desequilibrio, la ruptura de la armonía.

Dhyâna. Forma sánscrita original del chino ch´an y del japonés zen. Se ha cogido la costumbre de traducir Dhyâna por "meditación" cuando en realidad sería mas apropiado traducirla por "contemplación". En el yoga clásico, se refiere a un recogimiento profundo como consecuencia del retraimiento de los sentidos (pratyahara) y de la concentración del espíritu en un solo punto (dharana). Su objetivo es el samâdhi. Una de las fases del yoga intelectual. Contemplación.

Dialéctica. «Es una forma especial de razonar que significó un descenso en la comprensión de la verdad, lo cual provocó que los griegos hayan caído en interminables discursos para demostrar cualquier hipótesis, como se puede apreciar leyendo los Diálogos de Platón. En efecto, quien ha llegado al nivel del conocimiento puro sabe que cuando son necesarias las argucias dialécticas para convencerse de algo, es porque ya no se lo capta intelectualmente.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Dionisíaco. Que tiene relación con la obra de San Dionisio el Areopagita.

Dionisiano. Califica la doctrina mística de San Dionisio el Areopagita.

Dionisio. O Dionisio el Areopagita. Esta palabra designa a tres personajes:

- «San Dionisio el Areopagita», convertido de san Pablo en el Areópago (Actos XVII, 34). Fue sin duda el primer obispo de Atenas, pero no se sabe nada de él.

- «San Dionisio de París», el primer obispo de París hacia el 250. Según san Gregorio de Tours, fue martirizado con sus compañeros sobre el emplazamiento de la actual basílica de San Dionisio.

- El «Pseudo-Dionisio el Areopagita», autor desconocido de cuatro célebres tratados de teología mística: los Nombres Divinos, la Teología Mística, la Jerarquía Celeste, la Jerarquía Eclesiástica.

Estos tres personajes han sido confundidos en uno durante mucho tiempo, pero si los «especialistas» se niegan a hacer retroceder el corpus dionysiacum más allá del siglo V, nada nos impide admitir que la tradición dionisiana se liga directamente a San Pablo.

Discernimiento. (Viveka en el hinduismo). Capacidad metafísica de diferenciar lo verdadero de lo falso, lo real de lo irreal. Facultad que da la evidencia de las cosas por captación de su norma creadora. Esta facultad se ejerce por y en la luz imaginativa de manera que la realidad (de estas cosas) se afirma mientras que nace el asombro con relación a su Creador.

«El profeta dice que el creyente es aquel que posee el discernimiento. El conoce la realidad de las cosas; él no está engañado por su apariencia» (Sultan Valad).

«Apasionarse por la Sabiduría, es la perfección del discernimiento» (Sabiduría VI, 15)

Discriminación. Acto mental por el cual se pasa del discernimiento a la distinción separativa. Se trata de un grado ulterior a la pura captación intelectiva, implicando un juicio o una interpretación.

«El conocimiento discriminativo viene con la aurora y pone al Poder mental en disposición de conocer perfectamente y de separar la luz de la oscuridad, la verdad del error, lo que es derecho de lo que es tortuoso» (Sri Aurobindo)

Divergencia. La tendencia al desacuerdo y a la desaprobación implica el alejamiento y la separación progresivas a partir del «eje de mantenimiento» pero esta divergencia no implica la separatividad.

«El Profeta dice: aquellos que se reconocen se asocian juntos y los que no se reconocen divergen» (Djalâl-ud-Dîn Rûmî)

Doctrina tradicional. En su forma pura una doctrina tradicional está constituida exclusivamente por elementos intelectuales o sea metafísicos en el verdadero sentido del término, lo cual equivale a decir espirituales en su significado absoluto. Hay que puntualizar que intelecto y espíritu se equivalen en el campo de la metafísica. Cuando estos elementos intelectuales no se presentan como tales, sino mezclados con expresiones morales, sentimentales y otras, la tradición adopta una forma religiosa. Esto sucedió con el judeo-cristianismo, única tradición que tiene una exteriorización religiosa en el verdadero sentido de la palabra, aun cuando se encuentra en él un núcleo metafísico que en la religión cristiana se manifestó especialmente en la Edad Media.

En su vertiente oriental, la tradición se expresó casi exclusivamente en forma metafísica, debido a la naturaleza específica de los pueblos comprendidos por ella. En cambio en Occidente la tradición se manifestó más bien en forma religiosa.

Doctrina. Termino que viene del latín «docere», significando «enseñar», y de su forma «doctus» significando sabio porque enseñado, es la expresión de aquello que es necesario comprender para alcanzar el conocimiento del Principio. Se podría decir que la doctrina está en el ámbito del ser mientras que el dogma está en el ámbito del hacer. Se ve como la doctrina se mantiene más en la metafísica que en el juicio de los hombres y que ella es así «autentica» como conteniendo en ella misma su propia autoridad. Se ve igualmente como el dogma está más en el ámbito de la mentalidad de una civilización dada y que pueden existir varios dogmas coherentes con una misma doctrina. La doctrina es intemporal, mientras que los dogmas pueden variar según las necesidades de los hombres y su inteligencia del momento.

Dogma. Es la expresión de los preceptos que se juzga necesarios para un buen acercamiento a las exigencias de la doctrina, o también, la expresión de las prescripciones relativas a los comportamientos coherentes con la doctrina. Se podría decir que la doctrina está en el ámbito del ser mientras que el dogma está en el ámbito del hacer. Se ve como la doctrina se mantiene más en la metafísica que en el juicio de los hombres y que ella es así «autentica» como conteniendo en ella misma su propia autoridad. Se ve igualmente como el dogma está más en el ámbito de la mentalidad de una civilización dada y que pueden existir varios dogmas coherentes con una misma doctrina. La doctrina es intemporal, mientras que los dogmas pueden variar según las necesidades de los hombres y su inteligencia del momento.

«La palabra dogma se aplica apropiadamente a una doctrina religiosa. Podemos decir por el momento, sin investigar más cuáles sean las características especiales de una tal doctrina y pese a que evidentemente sea intelectual en lo que tiene de más profundo, que no es, sin embargo, de un orden puramente intelectual. Por otra parte, si así fuera, ya no sería religiosa sino metafísica» (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

Dualismo. «El dualismo tiene por carácter distintivo el limitarse a una oposición entre dos términos más o menos particulares, oposición que, sin duda, es real desde un cierto punto de vista, y en ello reside la parte de verdad que encierra el dualismo; pero al declarar esta oposición como irreductible y absoluta cuando ella no es sino relativa y contingente, se prohibe el ir más allá de los dos términos que ha enfrentado el uno al otro y, de este modo, se encuentra limitado por aquello que constituye su carácter de sistema» (René Guénon, I.G.E.D.H.)

Duda. La duda se opone a la certeza y revela una carencia grave de Fe debida a la ignorancia del estatus particular del hombre en el seno de la creación y al desconocimiento de la Misericordia divina.

«Los profetas han venido como una piedra de toque para distinguir la certeza de la duda» (Sultan Valad)

 

Edad Media. El acrecentamiento del declive espiritual que significó el fin del mundo greco-latino, quedó momentáneamente detenido con el advenimiento del cristianismo, el cual encauzó una verdadera vuelta a la tradición, que se cumplió efectivamente durante la Edad Media. Ésta, considera Guénon, se extiende desde el reinado de Carlomagno hasta principios del sigo XIV. En el transcurso de este último, agrega, se produjo la verdadera disolución de lo que se entiende por «Cristiandad» como principio superior y rector, principio espiritual que constituyo desde el comienzo de nuestra era la auténtica soberanía intelectual del mundo occidental. Este momento límite lo define como crucial y dice que fue la circunstancia básica que hizo expandir las tinieblas que ocultaron la claridad de la sabiduría tradicional. efectivamente, en esa época se integraron las nacionalidades. Éstas significaron el inicio de las formas políticas y temporales que sustituyeron a la autoridad espiritual del cristianismo. Así comenzó un retroceso que no se detendría más. Agrega que el Medioevo terminó entonces y no dos siglos más tarde como se acostumbra a enseñar, y que con el apagarse de su luz comienza el período más negro de la Edad Sombría. Sin embargo considera que la ruptura completa con la tradición coincidió con los tratados de Westfalia, los cuales en 1648 finiquitaron la guerra de los "Treinta Años".

«Fue, en realidad, Felipe IV el Hermoso de Francia, quien con su encarnizada persecución de los templarios y la disolución final de la Orden, señala en pleno siglo XIV la subversión del orden establecido. Por primera vez en la historia de la Cristiandad, el poder real pone al papado a su servicio y se apoya en la burguesía para llevar a cabo sus designios. Con él nace la subversión en el marco de la jerarquía social y por su ambición se robustece la fragmentación del Sacro Imperio en unidades nacionales clausuradas. La consecuencia última de este desafuero político será la búsqueda de la fuerza por parte del poder temporal, no ya en las armas y ni siquiera en la burguesía, sino en la masa popular, llegándose a hablar del "gobierno del pueblo", como ha sucedido con el bolcheviquismo» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Ver el documento «Para acabar con la Edad Media» en la página Amnesia.

Ver también «Edad Media» en la página Cristiandad.

Eckhart. (Maestro Eckhart), teólogo dominico (hacia 1260-1327) del que se poseen las obras latinas y alemanas. Veintiocho proposiciones extraídas de sus obras fueron condenadas en 1329 por la bula In agro Domini de Juan XXII; a pesar de esta condena que uno se explica mal hoy en día, esta obra a tenido una gran influencia sobre la escuela espiritual llamada de los «especulativos renanos». Hoy en día que se conoce mejor la obra de Eckhart y que se la sitúa en su contexto, la influencia del maestro del advaita cristiano es mayor que nunca.

Algunos escritos y sermones en  Eckhart

Economía. Plan divino concerniente a la salvación de los hombres; parte de la teología que trata de este plan.

Educación. «Otra expresión de declive acentuado y que florece en el ambiente mental dirigido a sobrevalorar la ciencia y la técnica, es la tendencia de la educación actual; ella se refleja en las formas de instrucción, las cuales colocan la memoria y la imaginación en el lugar de la inteligencia. En efecto, se trata de evitar todo conocimiento profundo y real, y en cambio atesorar saberes fragmentarios, siendo la erudición la máxima aspiración acumulativa pseudo-intelectual. No interesa transmitir conceptos sino prepara individuos enserie y mediocres, por el hecho de que cuanto más mediocres e ininteligentes son, responden con mayor eficacia a los estímulos y sugestiones del medio en el que actúan. El ideal de la educación de masas parece ser sustituir el intelecto superior por meras cajas de resonancia, autómatas útiles, técnicos aptos para sostener la civilización industrial y sirvientes de los interese más inferiores se trata de hacer creer a la mayoría que actúa en su propio beneficio, cuando no hace más que sostener el aparato tecnocrático al que sirve mecánicamente.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Los mejores elementos con alta capacidad espiritual son echados a perder en un sistema nivelante y mediocrizante en el que no interesa que esos elementos prosperen y sobresalgan, y que, aun en el remoto caso de sobresalir, no tienen más remedio que permanecer marginados.

Así, para la mayoría de las personas el modelo más alto ya no está en el sabio (espiritual) o en el santo sino que está encarnado en el ingeniero o en el científico, cuando no –en todavía un descenso más hacia el nivel puramente físico– en el deportista de "elite", en el pseudo-cantante o en el pseudo-artísta famoso.

«El humanitarismo filosófico subestima el alma inmortal por el propio hecho de que sobrestima el animal humano; obliga un poco a oscurecer a los santos para mejor poder blanquear a los criminales, pues lo uno parece tener que ir necesariamente acompañado de lo otro. De ello resulta la opresión de los contemplativos desde su tierna infancia: en nombre del igualitarismo humanitario, la escuela en particular y la mundanidad oficial en general, machacan vocaciones y dilapidan genios; todo elemento espiritual es desterrado de la vida profesional y pública (...) en cambio, y por compensación, la vida profesional toma aires cada vez más "religiosos", en el sentido de que reivindica al hombre por entero –tanto su tiempo como su alma–, como si la razón suficiente de la condición humana fuese determinada empresa económica, y no la inmortalidad» (F. Schuon, Castas y Razas)

Todo ser humano posee unas características que le son propias y que lo distinguen esencialmente de cualquier otro, lo que lleva a que tenga unas cualidades intrínsecas y unas funciones sociales diferentes. Es así como en las sociedades tradicionales, cada hombre y mujer ocupa el lugar que le conviene normalmente en razón de su propia naturaleza. «Desde el momento en que el acceso a cualquier función no está ya sometido a ninguna regla legítima, de ello resulta inevitablemente que cada uno se encontrará llevado a hacer cualquier cosa, a menudo aquello para lo que está menos cualificado» (R. Guénon, La Crisis del Mundo Moderno). En nombre de una pseudo-igualdad se pretende dar a todos la misma enseñanza, «como si todos fuera igualmente aptos para comprender las mismas cosas, y como si, para hacérselas comprender, convinieran a todos indistintamente los mismos métodos. Se puede por otra parte preguntar si no se trata más bien de "aprender" que de "comprender" verdaderamente, es decir, si la inteligencia no es sustituida por la memoria en la concepción verbal y "libresca" de la enseñanza actual, en la que no se contempla más que la acumulación de nociones rudimentarias y heteróclitas, y en la que la cualiddad es sacrificada enteramente a la cantidad» (R. Guénon, La Crisis del Mundo Moderno)

Egoísmo. Estado particular de contracción interior obstaculizando la actualización del Amor.

«El egoísmo y el interés personal son el punto focal de lo falso» (Nisargadatta Maharâj)

Elite. «Las aptitudes que contemplamos cuando hablamos de elite, siendo del orden de la intelectualidad pura, no pueden ser determinadas por ningún criterio exterior, y son cosas que nada tienen que ver con la instrucción "profana": en ciertos países de Oriente hay gentes que, no sabiendo leer ni escribir, no por ello llegan menos a alcanzar un grado muy elevado en la elite intelectual»(René Guénon, Oriente y Occidente)

Emanación. «La idea de "emanación" es, probablemente, la de una "salida", pero de ningún modo debe contemplarse así a la manifestación, ya que, realmente, nada puede salir del Principio: si algo pudiera hacerlo, limitado por el hecho mismo de la manifestación. La verdad es que, fuera del Principio, no hay y no puede haber sino la nada (le néant). (René Guénon, Etudes Traditionelles oct. 1927)

Encantamiento. En el contexto tradicional esta palabra no tiene nada que ver con las resonancias "mágicas" que se le da actualmente. Encantamiento es la invocación de la influencia o intervención divina por medio de la palabra o el gesto ritual legitimado tradicionalmente.

Epíclesis. Plegaria de la liturgia eucarística solicitando la acción del Espíritu Santo sobre las oblaciones.

Epifanía. De epus: verso, palabra; y de phainein: brillar. Manifestación, aparición luminosa, iluminación, es decir, irradiación o reflexión de un principio.

Error. La no-captación de lo real y de lo verídico conduciendo a aquellos que mal-creen hacia los bajos grados de la injusticia y de la insinceridad. «La Verdad ha venido, el error ha desaparecido, el error seguramente era inconsistente» (Corán XVII. 18)

Erudición. «No queremos hacer obra de erudición, y el punto de vista en el que entendemos colocarnos es mucho más profundo que aquél. No siendo la verdad para nosotros un hecho histórico, en el fondo nos importaría bastante poco determinar la proveniencia de tal o cual idea que, en suma, no nos interesa sino porque, habiéndola comprendido, sabemos que es verdadera» (René Guénon, Introducción al Estudio de las Doctrina Hindúes)

«Se ha abusado de la erudición para cerrar estrechamente el horizonte de los hombres en lo intelectual, e impedir así que se vean claramente ciertas cosas; ello permite perfectamente comprender por qué los métodos que hacen de la erudición un fin en sí mismos, son rigurosamente impuestos por las autoridades universitarias» (R Guénon, el Error Espirita)

Escatología. Rama de la teología que trata del fin último individual y del retorno de Cristo (fin del mundo, juicio, etc.).

Escatológico. Relativo a los últimos días, al fin de los tiempos.

Esclavitud. Estado de quien se somete a las exigencias del mundo y se une a los deseos de este tanto como a sus tormentos.«El egocentrismo es la atadura a los límites individuales del ego en la esclavitud de la pasión» (Titus Burckhardt)

Eseidad. Carácter de Eso, que designa el Si (Si-mismo) y se expresa en sánscrito por el pronombre tat (correspondiente al ingles that).

Esencia. Lo que funda el ser de una cosa; aquello por lo que una cosa es lo que es (id quo res est id quod est)

«La Esencia y la Substancia fueron designadas por los escolásticos «forma» y «materia» respectivamente, que equivalen a las expresiones sánscritas «nâma» y «rûpa» cuando se trata de seres particulares o «purusha» y «prakriti» si lo es del Ser universal. Todos estos conceptos tiene mucha más universalidad que los de "espíritu" y "materia" actuales. Aquellos que Aristóteles llamaba "acto" y "potencia" también equivalen sucesivamente a la esencia y la sustancia, las cuales coinciden significativamente con el Cielo (Tien) y la Tierra (Ti) de la tradición extremo-oriental, derivados de la indistinción del principio común o Tai-Ki». (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Sobre Nama y Rupa véase el documento «Nama-Rupa» de René Guénon.

Esotérico. Palabra griega que significa «interior», «escondido», «secreto». Una enseñanza esotérica no es una enseñanza destinada a todos, sino reservada a un pequeño número y hace referencia a la vivencia intima, interior por oposición a las formas exteriores que, por otra parte, son necesarias y la complementan. En el contexto tradicional la palabra esotérico equivale a metafísico. No tiene por lo tanto este término el significado que se le da actualmente relacionado con la Magia, la Parapsicología o la Nueva Era, asuntos estos que, además de ser totalmente antiespirituales, no deberían en propiedad llevar el nombre de esoterismo sino de ocultismo.

Una vez más esta palabra no designa el uso actual que se hace de ella (el mal uso diríamos mejor). Esotérico equivale a espiritual, y es el aspecto interno, metafísico y no formal de una tradición religiosa, complementándose con Exotérico que sería el conjunto de prácticas y formas externas. Aclarado esto no se pueden llamar esotéricas a las prácticas adivinatorias, parapsicológicas etc. a las que más propiamente se les debería designar como Magia u Ocultismo, pero nunca Esoterismo, y desde luego no se puede pretender que tales practicas sean de carácter Espiritual, siendo esta confusión entre lo parapsiquico y lo espiritual uno de los mayores errores y una de las mayores aberraciones de la confusa pseudo-espiritualidad contemporánea, especialmente dentro del los movimientos de la llamada "Nueva Era".

«El esoterismo es esencialmente distinto de la religión, y no la parte "interior" de una religión como tal, incluso si toma su base y su punto de apoyo en ésta, como ocurre en ciertas formas tradicionales»(René Guénon, Puntos de vista sobre la Iniciación).

«Es posible que en la Edad Media occidental, hubiera complementos a lo que era enseñado exteriormente, y que esos complementos para exclusivo uso de medios muy cerrados, nunca hubieran sido formulados en ningún texto escrito, de modo que, a este respecto, no quepa encontrar sino alusiones simbólicas, por lo demás bastante claras para quien sabe de qué se trata, pero perfectamente ininteligibles para el resto. Conocemos bien que actualmente hay, en muchos medios religiosos, una tendencia muy clara a negar todo "esoterismo". (René Guénon, Oriente y Occidente)

«El esoterismo, con sus tres dimensiones de discernimiento metafísico, concentración mística y conformidad moral, implica en última instancia las únicas cosas que el Cielo exige de forma absoluta, pues todas las demás exigencias son relativas y por tanto más o menos condicionales. La prueba de ello es que un hombre al que ya no le quedasen más que unos instantes de vida ya no podría hacer otra cosa que, primero: mirar hacia Dios con la inteligencia; segundo: llamar a Dios con la voluntad; y tercero: amar a Dios con toda el alma, y realizar, amándolo, toda virtud posible» (F. Schuon, Aproximaciones al Fenómeno Religioso)

«Lo que es verdaderamente esotérico es "secreto", por la única y simple razón de que el lenguaje no puede expresarlo, o porque cualquier cosa esotérica que pueda expresarse de algún modo es simplemente ininteligible para los que no están preparados para recibirla.(...) La mentalidad estrictamente religiosa (exotérica) sospecha necesariamente de las «pretensiones» metafísicas, porque parecen sugerir la existencia de un círculo exclusivo de «elegidos» esotéricos, más allá de la vida y de la disciplina normal de la Iglesia en cuestión. Los que a sí mismos se llaman "illuminati" han existido con bastante frecuencia dentro de la Iglesia y se han caracterizado sobre todo por su arrogante orgullo espiritual. Acaso el signo más notorio de ese orgullo sea la misma pretensión de estar libres de él. Pero la esencia de la comprensión metafísica es la de serle absolutamente extraña toda idea de pretender algo. Sencillamente, no se puede decir «yo he comprendido la Suprema Identidad» sin expresar una completa contradicción pues es el Si-mismo y no el ego quien comprende, y el Si no es propiedad de nadie. Debe repetirse de nuevo que mientras el ego existe de alguna manera, debe adorar. La razón, el sentimiento y la sensibilidad deben relacionarse siempre con el Si como con Dios, venerándolo como al algo diferente e infinitamente superior. Jesús, Dios encarnado, iba en soledad al templo a rendir culto, y no simplemente para dar un buen ejemplo a sus discípulos. Hasta los budistas a quienes se supone –erróneamente por otra parte– «impíos» tienen su culto, que de ningún modo se limita a las masas no iniciadas y exotéricas. La persona para quien la Suprema Identidad excluye el culto como algo innecesario e ilógico es un mero monista, pues la No-dualidad, el infinito, el Si-mismo, es lo que es precisamente porque puede aceptar e incluir la dualidad. » (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Ver el documento «Esoterismo y exoterismo» de René Guénon.

Espiritismo. «Cuando un individuo muere sin haber conseguido lo que, utilizando el lenguaje religioso, se llama «salvación» su alma se descompone tal y como lo ha hecho previamente su cuerpo. Son estos residuos psíquicos los que, en ocasiones, pueden aparecer en una sesión de espiritismo, pero se trata simplemente de eso, de deshechos y no de personas. Los fenómenos que se producen en las sesiones espiritistas pueden tener diversas causas; en ocasiones son producidas por el subconsciente del medium o de los asistentes. Cuando hablamos de subconsciente nos referimos al aspecto sutil que, junto al grosero, conforman la individualidad, concretamente a la parte inferior de éste y que es mucho más amplio que el contemplado por la psicología moderna. Las posibilidades de este estado sutil son enormemente amplias y engloban fenómenos como telepatía, materializaciones, bilocaciones, etc. que tanto impresionan al hombre moderno pero que no presentan ningún interés para aquello interesados en la realización espiritual. El estado sutil también está poblado por una multitud de seres que pueden irrumpir en las sesiones, sobe todo los de naturaleza más baja. Esto nos llevaría también a hablar de otro tipos de movimientos modernos como el Channeling, los contactados ovni y los abducidos etc. En la Edad Media se les conocía como íncubos y súcubos, y conocían mejor que nosotros cuál era su verdadera naturaleza. Una característica de todas las formas tradicionales es su completo rechazo a este tipo de prácticas.» (Letra y Espíritu, nº5)

El espiritismo nacido a comienzos del siglo XX es fruto de una época en donde las creencias tradicionales se batían en retirada por el avance de una ciencia imperialista y triunfante, se ofrece entonces una pseudo espiritualidad para llenar las almas vacías de aquellos que todavía anhelaban algo del espíritu que ni la ciencia, ni por otra parte una cristiandad ya casi vacía de contenido espiritual, podía darles.

Ver el documento «Explicación de los fenómenos espiritistas».

Espíritu. Ver Atman. Ver Intelecto. La «fina punta del alma». Aquello que está más allá del cuerpo y del alma (mente) integrándolos a ambos. Aquello que en el hombre está unido a Dios.

«Intelecto, synteresis, consciencia, Agathos Daimon. La parte mejor y más divina del hombre, en sí mismo incapaz de errar, y nuestro único medio de participación en la vida y el perfección que es Dios mismo» (A.K. Coomaraswamy).

Cuando buscamos en la religión alguna luz sobre la naturaleza del Espíritu encontramos que la doctrina católica, por ejemplo, evita virtualmente la cuestión. Se considera que el hombre es una dicotomía de cuerpo y alma, definiéndose ésta como substancia intelectual, no compuesta y simple en su naturaleza, y que carece de todas las cualidades corporales como tamaño, color y forma. En la práctica se identifica al alma con el espíritu como si se tratara de la misma cosa. No sabemos que es lo que ha ocurrido con el espíritu en el desarrollo de la teología católica. Parecería que se lo ha confundido con el alma o que se lo ha dejado fuera de consideración. Todo ello a pesar de la distinción tan clara que se hace entre alma y espíritu en el Nuevo Testamento por ejemplo en Hebreos, IV, 12; en Corintios XV, 44-45; en Corintios, II, 14-15 y otros lugares. Debe considerarse este hecho dentro de la decadencia del ciclo sobre todo a partir del Renacimiento donde el concepto queda ya totalmente confuso incluso por personalidades de la talla de Santo Tomas de Aquino.

Eternidad. El eterno presente, más allá de toda relatividad temporal, captado en la instantaneidad de lo Real. «La Eternidad es el "instante" intemporal y sin duración, el verdadero presente en el que ninguna experiencia temporal es posible» (René Guénon, Estudios sobre el Hinduismo)

Eternidad es el «no-tiempo», un concepto metafísico que el Occidente actual confunde con la perpetuidad, que no es nada más que un tiempo indefinido. La mentalidad occidental, habiendo agravado su estado sub-intelectual con la desviación moderna, está dirigida casi exclusivamente al mundo sensible, y por lo tanto cae en una constante confusión entre lo que significa concebir y lo que significa imaginar. La pérdida de la verdadera intelectualidad en el mundo moderno, hace creer a la mayoría como impensable aquello que no tiene representación sensible.

Evolucionismo. Hipótesis, hoy en día sin demostración científica, en la que se afirma que las formas cambian sustancialmente en un proceso gradual y continuo de adaptación. Se postula que todo ser complejo, y más particularmente todo ser viviente, de la planta hasta el hombre, procede de una organización progresiva de la materia orgánica, a partir de sus componentes más simples para desembocar, con el transcurso del tiempo, en el compuesto más complicado que es el hombre.

Uniendo la hipótesis evolucionista a la hipótesis progresista se llegará a plantear que las formas se transforman "mejorando" de un "menos" hacia un "mas". El evolucionismo espiritual teoría o hipótesis totalmente discutida y rechazada en todas las tradiciones afirma la aproximación gradual a lo Absoluto conforme avanzan los tiempos y se suceden las generaciones. Esta idea que podríamos considerar herética coloca solamente a los últimos hombres, los de la última generación, en presencia total del Espíritu, quedando todos los demás excluidos y siendo meros "peones" sufrientes para la deificación de los últimos. Como fácilmente se comprenderá este planteamiento es totalmente contrario a la Omnipresencia divina así como a su Misericordia y por ello es totalmente rechazado en todas las tradiciones.

Se pueden ver varios documentos sobre este tema en «Los Tattvas del Despliegue Universal» de la página Kali Yuga.

Varios documentos también el la página Amnesia.

Evolucionismo espiritual. Teoría o hipótesis planteada principalmente en Occidente por Teillhard de Chardin (y más modernamente por Ken Wilber) y en Oriente por Sri Aurobindo, en la que se plantea un acercamiento gradual hacia la divinidad en la línea del tiempo y en la sucesión de las generaciones que de esa manera irían "mejorando" espiritualmente generación tras generación y estando cada vez más cerca de Dios. Totalmente rechazada esta teoría tanto por la ortodoxia cristiana como por la ortodoxia hindú. Es necesario ver con claridad que las doctrinas verdaderamente tradicionales o sea metafísicas son, por su misma esencia, inmutables. Por lo tanto es un sin sentido que se nutre de una incurable ceguera mental, considerar como a veces se pretende, la posibilidad de evolución y de progreso en ellas. En efecto, surgen del absoluto y persisten fuera del tiempo.

Exoterismo. Enseñanza «exterior» dada a todos; se opone a «esoterismo».

«En una doctrina cualquiera, el esoterismo es la concepción y el exoterismo la expresión, siendo interior la primera y exterior la segunda» (R. Guénon, Introducción al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

«El termino exoterismo designa tres órdenes diferentes, a saber: primero, un sistema de símbolos y medios; segundo, una vía, y tercero, una mentalidad. La primera categoría engloba los dogmas, los ritos, las prescripciones legales, morales y demás, y la liturgia en el sentido más amplio; la segunda engloba las prácticas religiosas generales, las que se imponen a todos, y la tercera categoría implica el psiquismo propio de determinada atmósfera religiosa, luego todas las manifestaciones de la sentimentalidad y de la imaginación determinadas por cierta religión, cierta piedad y ciertas convenciones sociales.»(F. Schuon, Aproximaciones al Fenómeno Religioso)

«Si en el mundo se comprueba la existencia de tradiciones esotéricas y exotéricas, esto no es el resultado del arbitrio mental, ni tampoco de un curso mecánico de la historia. El universo debe considerarse ontológicamente como el nivel de manifestación psicofísico en devenir perdurable del mundo arquetípico, el orbe inmanifiesto y siempre persistente de los principios cósmicos, y que simultáneamente es la expresión germinal del No-Ser o lo Inmanifiesto y en sí mismo Inmanifestable» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Ver el documento «Esoterismo y exoterismo» de René Guénon.

Experiencia mística. La Experiencia Mística, la única conocida en Occidente que tiene analogías con la realización metafísica, no se traspasa el ámbito puramente religioso e individual. En cambio la realización metafísica tiene, por el hecho de ser una vivencia de totalidad, por así decirlo, un carácter universal e ilimitado, o sea supraindividual. La experiencia mística tiene frecuentemente características sentimentales y muchas veces no traspasa el plano de lo puramente sicológico. A este respecto recordemos que Occidente ha confundido en los tiempos modernos lo síquico y lo espiritual.

La experiencia mística puede estar sujeta a ilusiones por la interferencia de los elementos sentimentales antedichos generalmente no presupone una gran preparación teórica; los místicos que tienen preparación teológica, la cual, como sabemos, conlleva conocimientos metafísicos, pueden sin embargo controlar su imaginación y sentimentalidad, cosa que ocurrió muchas veces durante la alta espiritualidad del misticismo medieval.

«Mientras la religión moderna presta poca atención a la experiencia mística, perdiéndose en las analogías éticas y simbólicas de intuiciones que se vienen descuidando desde hace mucho tiempo, aún el conocimiento místico, tal como se lo entiende en Occidente, no es siempre el tipo de conocimiento inmediato y universal al que nos referimos. El conocimiento místico está muy a menudo coloreado por la afectividad; nada hay de malo en ello, si se recuerda que los sentimientos acerca de la Realidad última son tanto analogías como ideas racionales (...) Los estados de conciencia definidos como éxtasis corresponden con más propiedad al misticismo que a la metafísica, porque son primariamente estados de la afectividad y, como tales, excluyen otros estados de la afectividad de la misma manera que el dolor excluye la alegría. En otras palabras, el éxtasis místico es simplemente una analogía del conocimiento intelectual en términos de la afectividad, y de ningún modo es esencial para la comprensión metafísica. (...) ¿Es posible entonces tener un conocimiento inmediato, no analógico, de lo universal y eterno? La respuesta moderna, sea filosófica, científica o religiosa, es unánimemente «No», mientras que algunos de nuestros antecesores medievales hubieran respondido, con ciertas reservas, «Sí». Las tradiciones espirituales de India y China darían la misma respuesta afirmativa con menos reservas» (A. W. Watts, La Suprema Identidad)

Fe. «Hay que decir que la Fe no es una mera creencia, como se entiende habitualmente, sino la facultad puramente intelectual por la que podemos conocer; en un grado o en otro según nuestras capacidades, lo que corresponde al dominio espiritual; para entender esto hay que ser consciente que la razón (la facultad por la que conocemos las cosas particulares e individuales, por la que pensamos en forma discursiva y analítica, por la que separamos y distinguimos la multiplicidad) no puede abarcar lo universal, la unidad, que la supera e incluye; éste que es el ámbito ontológico, más allá del cual sólo impera la pura metafísica, no puede ser cognoscible, para la generalidad de las personas, más que por la Fe revelada por Dios mismo a través de sus «enviados» y que, por eso mismo, no puede ser más que verdadera» (Letra y Espíritu nº1)

«La Fe no es creencia, la Fe ya es una operación intelectual, un asentimiento íntimo de la Verdad que conlleva certidumbre no duda, "creer" (en el sentido actual de la palabra) es pensar que es posible, tener Fe es saber que es verdad, aunque no se acabe de comprender. Consecuencia de ello es un pensamiento de tipo analógico, que implica, por un lado, un conocimiento simbólico, es decir, una "consideración" de las cosas como manifestaciones e realidades superiores y esto especialmente en los acontecimientos de la propia vida y por otro se trata de "pensar al revés", "pensamiento inverso" lo llama el hinduismo, ver las causas que provocan los acontecimientos no sus consecuencias» (Letra y Espíritu nº 6)

Filosofía. La Filosofía, como la palabra lo indica, implicaba originariamente un amor a la sabiduría, una actitud requerida para llegar al verdadero conocimiento. Con el tiempo se fue olvidando esta finalidad, y quedó únicamente el instrumento preparatorio, que es el medio empleado, por otro lado contingente, o sea la estructura discursiva, racional e individual, que puede ser oral o escrita. No se comprendió más cual era la meta, o sea el verdadero saber, este último suprarracional, no discursivo y supra individual o sea universal. Es claro que para llegar a esta meta se requiere una formación espiritual previa, la cual supone la actitud filosófica antes nombrada y no una mera información dialéctica, teórica o erudita. Así la filosofía, especialmente en la época moderna, se fue como vaciando de su espíritu, el «logos» o «verbo», transmisible oralmente de maestro a discípulo, y se transformó en un conjunto de sistemas racionales. Cuando se posee el conocimiento real, se llega a comprender que el puente para llegar a él se torna descartable. Le tocó al Cristianismo asumir el papel que había perdido la filosofía, al significar una nueva realización del «logos» en la persona de Cristo. Esta última luz también se ha perdido con el mundo moderno, el cual es la más absoluta expresión del anticristianismo.

El plano intelectual puro, propio de la metafísica, fue negado implícitamente por la filosofía moderna, debido a su incapacidad para llegar a él. Esto ocurre debido a que el ámbito de discusión de esta última se desenvuelve en el campo de la manifestación universal, en cambio la metafísica señala la no-manifestación.

La filosofía en el sentido originario del término, traducía el verdadero conocimiento en el plano mental, y era un estadio discursivo preparatorio para llegar a la verdadera sabiduría, o sea al nivel informal. De éste se podía pasar al estadio metafísico puro perteneciente a la no-manifestación (realización metafísica). En sus comienzos la filosofía constituía el requisito formal para acceder al conocimiento. Constituía simplemente una actitud individual, preparatoria a la verdadera sabiduría. Lo expresa el sentido etimológico de la palabra: inclinación, tendencia o amor, hacia el saber. Pero insensiblemente fue cayendo de su sitial hasta legarse a la situación actual, en que prácticamente la filosofía es una teoría de las ciencias.

Dice acertadamente Guénon que «multitud de problemas y pseudoproblemas en filosofía son equívocos creados ex profeso y aparecen desprovistos de importancia y significado; son nada más que confusiones con puntos de vista individuales y arbitrarios (...) a veces, precisando bien un enunciado, éste se desvanecería, pero los pensadores actuales tienen el mayor interés en conservar esa imprecisión para poder discutir indefinidamente de cosas sin mayor consistencia y ocultando dificultades verbales, ya que la filosofía vive especialmente de equívocos (...) la falta de precisión característica del pensamiento occidental moderno, tanto en la concepción como en la expresión, permite discutir indefinidamente sin discernimiento y sin resolver nada» (R.G. Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

El esoterismo se fue perdiendo con la especulación filosófica y especialmente con el naufragio intelectual que oscureció progresivamente a Occidente. Recordaremos que Descartes, el pensador a quien se atribuye el inicio teórico de la modernidad en su dimensión filosófica, comienza el famoso Discurso del Método diciendo que «el buen sentido (o sea la razón, como especifica poco después) es la cosa mejor repartida del mundo». Tal opinión supone la nivelación de todas las inteligencias en base a dicha razón, o sea a los estratos inferiores del intelecto. Con tales premisas surge la filosofía moderna como puramente exotérica, y no puede tener un nivel profundo por el hecho de ser únicamente racional y discursiva. Además, el esoterismo implica preparación teórica y la existencia de una elite intelectual que sea fiel depositaria de la doctrina originaria; pero el punto de vista democrático y cuantitativo que prevalece en el mundo moderno, como consecuencia del decadente y fantasioso concepto de igualdad, hacen prácticamente imposible toda realización superior.

La Filosofía ha ido limitando progresivamente su campo de visión de la realidad, ya que al concebir una metafísica, la fue reduciendo al dominio del Ser puro como primer principio de la totalidad, y así edificó una ontología y no una verdadera metafísica. Esta última, al desenvolverse en el campo del infinito, engloba al Ser y al No-Ser. A su vez el No-Ser, principio no-manifestado, contiene al Ser puro, el cual es el origen de la manifestación universal. Esta limitación de la Metafísica tiene origen en Aristóteles, quien al definir la metafísica como «el conocimiento del ente en tanto que ente» la identificó así con una parte del Todo.

«No debe confundirse esta «Philosophia Perennis», que en verdad es una metafísica, con la "filosofía" empírica y sistemática que se enseña ahora en nuestras universidades, ni con las "filosofías" de "pensadores" individuales.» (A. K. Coomaraswamy)

Forma. Principio determinativo de un ser. La forma determina, actúa, «informa» a la materia: es el principio de inteligibilidad, ya que es por su forma que un ser es conocible.

Formas exteriores. «El papel de las formas exteriores está en relación con el doble sentido de la palabra "revelación", ya que, al mismo tiempo, manifiestan y velan la doctrina esencial. La verdad una, como, además, la palabra lo hace inevitablemente con el pensamiento que manifiesta. Y lo que a este respecto es verdad para la palabra, lo es también para cualquier otra expresión formal. (René Guénon, Puntos de vista sobre la Iniciación)

Formas tradicionales. «Las formas tradicionales pueden ser comparadas a caminos que conducen a un mismo fin, pero que, en su calidad de caminos , no por ello dejan de ser diferentes. Es evidente que no se pueden seguir varios caminos a la vez y que, cuando uno se ha adentrado en uno de ellos, conviene que lo siga hasta el final sin apartarse de él, ya que, en realidad, el mejor medio de no avanzar y hasta de perderse completamente, será el querer pasar de uno a otro» (René Guénon, Puntos de Vista sobre la Iniciación)

Función de la elite. «Es esencialmente el retorno de Occidente a una civilización tradicional, en sus principios y en todo el conjunto de sus instituciones. Este retorno deberá efectuarse por orden, yendo desde los principios hasta las consecuencias y descendiendo por grados hasta las aplicaciones más contingentes» (René Guénon, Oriente y Occidente)

«Puede haber en una tradición completa dos aspectos complementarios y superpuestos (el metafísico y el religioso) que de ningún modo sabrán contradecirse o entrar en conflicto, ya que se refieren a dominios esencialmente distintos; por otro lado, el aspecto intelectual puro no concierne directamente sino a la elite que, forzosamente, es la única que debe ser consciente de la comunicación que establece entre ambos dominios para asegurar la unidad total de la doctrina tradicional» (René Guénon, Oriente y Occidente)

 

Geosofía. Ciencia simbólica de la locación y del espacio, que se ocupa de los aspectos cualitativos de los distintos puntos del planeta y de la asociación de los diferentes lugares terrestres con funciones tradicionales, que van desde la ubicación de los santuarios, los sitios de enterramiento y los lugares de culto, a los emplazamientos adecuados para la construcción de jardines o la plantación de árboles, como en esa especial forma de arte sagrado que es el jardín japonés y el jardín persa, o todas las variaciones que van de los jardines de España a los jardines de la India mogola. La ciencia de la geografía sagrada abarca desde las prácticas populares y a menudo folclóricas de la geomancia en China hasta la más profunda sensibilidad a la gracia de la Presencia divina que se manifiesta en ciertas formas y lugares naturales.

Mas información en la página GEOSOFIA.

Genialidad. Genialitas. «¿Quién es "genial" hoy en día? Un tipo prevalecientemente individualista, rico en salidas originales, antojadizo. Como un límite, se tiene al "genio" en el campo artístico. El culto fetichista tributado al mismo en la civilización humanista y burguesa es muy notorio, de modo tal que el "genio", más que el héroe, el asceta o el aristócrata, ha sido muchas veces considerado en tal civilización, como el tipo humano más alto. El término latino "genialis" alude en vez a algo muy poco individualista y "humanista". El mismo deriva de la palabra "genius", la cual originariamente designó a la fuerza formativa y generativa interna, espiritual y mística de un determinado pueblo y de una determinada sangre. No es pues azaroso afirmar que las cualidades "geniales" en el sentido antiguo tuvieron una cierta relación con las que en la acepción más alta se pueden decir respecto de la "raza". En oposición al significado moderno, el elemento "genial" se distingue del individualista y arbitrario; se vincula a una raíz profunda, obedece a una necesidad interior de una adhesión a las fuerzas suprapersonales de una sangre y de un pueblo, a aquellas fuerzas a las cuales en cada estirpe gentilicia se vinculaba, como es sabido, también una tradición sagrada.» (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Gentil. Gentilis, gentilitas. «Hoy todos piensan en la persona cortés, afable, de buenos modales. El término antiguo se refería en vez al concepto de "gens", de estirpe, raza, casta o lenguaje. Era "gentil" en sentido romano quien tenía las cualidades que derivan de un linaje y de una sangre diferenciada, las cuales solo por reflejo pueden determinar eventualmente una conducta de destacada cortesía, cosa diferente de las "maneras" que también el "parvenu" (recién llegado) puede hacerse propias estudiándose libros de urbanidad, y diferente también de la vaga noción moderna de la "gentileza". Es así como hoy son muy pocos los que pueden comprender el sentido pleno y más profundo de expresiones tales como "espíritu gentil" y semejantes, que han permanecido como aisladas expresiones en escritores de otros tiempos». (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Gnosis. Término de origen griego por el que es preciso entender el conocimiento interior y salvador de Dios, diferenciándose de gnosticismo. Termino empleado por primera vez por San Pablo quién es también el primer denunciante del gnosticismo, es decir, de la «pseudognosis» (I Tim 6,20). No es San Pablo la única autoridad, aun siendo la mayor, a la que podemos invocar; San Ireneo de Lyon, en Adversus haereses, no denuncia la gnosis, sino, tal como lo expresa el título original de su obra, título que ha sido conservado por Eusebio de Cesarea, San Juan Damasceno y otros, «la gnosis de falso nombre» (Elenkos kai anatropè tès pseudonymou gnôseôs). También Clemente de Alejandría, por su parte, si bien combate el gnosticismo, se propone enseñarnos la «gnosis verdadera», la que viene de Cristo por la tradición apostólica, y que el estudio de la Escritura y la vida sacramental actualizan en nosotros. Asimismo, el gran Orígenes nos habla de esa «gnosis de Dios» que pocos hombres poseen y por la cual Moisés penetro en la tiniebla divina (Contra Celsum, VI, 17). Son estas razones históricas suficientes para hablar de una gnosis cristiana.

«La "gnosis" de la compresión metafísica no es la "gnosis" orgullosa que en sus primeros siglos rechazó justamente la Iglesia. Desde entonces la Iglesia latina en particular ha sido hostil a todo gnosticismo, y según la posición tomista todo conocimiento humano es conocimiento analógico de los sentidos. No se puede objetar esta posición si la definición del ser humano se limita al ego, pero como el tomismo confunde el ego (el alma) con el Yo (el espíritu), el alma con el espíritu, equivale en la práctica a un rechazo de la gnosis. Esto da vierta verdad a la observación de Berdiaef de que "la teología oficial ha preferido el positivismo científico y una teoría mecanicista de la naturaleza a cualquier forma de gnosis cosmológica. Es mejor un mundo sin Dios que uno considerado divino... en nuestro días la mentalidad de la Iglesia está perdiendo cada vez más su naturaleza cósmica. Se empieza a considerar a la Iglesia como una comunidad de creyentes, como una institución; se interpretan los dogmas desde el punto de vista de la moral y se acentúa el aspecto sicológico de los sacramentos a expensas de su significación cósmica"(Freedom and the Sprit). En otras palabras, si falta la gnosis la Iglesia pierde la comprensión de que constituye una analogía de los principios universales. La cosmología es el reconocimiento de que el universo como cosmos, orden de involución y evolución, es la expresión finita del "logos", de la voluntad creadora del infinito, y que por consiguiente su orden básico corresponde analógicamente al orden de la religión.

Absorbida por el historicismo y el moralismo, la religión, lo mismo que la ciencia y la filosofía modernas, rechaza el conocimiento y la certeza metafísicos. En tales circunstancias, todos los intentos de rectificar el orden social, de "aplicar" la religión a los problemas políticos y económicos del mundo, no serán a la larga más que inútiles gastos de energía. No solamente el orden social es incomprensible separado del orden cosmológico, sino que sin el conocimiento metafísico la religión es una rueda que gira sólo por inercia y que ahora marcha con una lentitud peligrosa. Para cumplir la aspiración de traer la cordura al mundo, la religión debe ordenarse no sólo con respecto a lo que está por debajo, sino también con respecto a lo que está por encima de ella. La rueda debe ser conectada con la fuente de poder. (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

«El verdadero carácter del esoterismo cristiano es difícil de determinar. Se podría decir que una de sus características principales es la de haber sabido velarse de tal modo que, históricamente, no suele distinguirse su existencia organizada, contrariamente a lo que ocurre, por ejemplo, con el Sufismo en el Islam. De hecho en el seno de la Iglesia, al menos actualmente, ni se acepta el término esoterismo (confundido con ocultismo) ni mucho menos el de gnosis (asociado a las numerosas sectas gnósticas que surgieron en los primeros tiempos del cristianismo, es decir al gnosticismo). El menos esto último sorprende, dada la profusa utilización del término, por ejemplo en las cartas de San Pablo que lo distingue de la Fe, considerada como paso previo necesario, pero no suficiente, para alcanzar la completa realización cristiana. No obstante, sí que existen alusiones en algunos Padres de la Iglesia a una tradición secreta, no destinada a todos, y de origen apostólico (es decir no herética). Baste tan solo mencionar a Orígenes (s.III) que en su obra "Contra Celso" dice: «la crucifixión, la resurrección y la encarnación son bien conocidas, pero lo que es una particularidad del Cristianismo es que existen algunas doctrinas ocultas para la multitud, que se revelan después de que son concedidas las enseñanzas exotéricas» (Letra y Espíritu, nº 4)

Gnosticismo. Designa la sistematización históricamente determinada del conocimiento (o gnosis), de modo que esta gnosis se encuentra aquí reducida a algunos elementos constituyentes. En este sentido todo gnosticismo es una herejía, puesto que la herejía consiste en elegir (hairésis = elección), en el seno de la verdad total, algunos elementos de esa verdad que se erigen a continuación en totalidad y a los que se remite todo el resto. Es la auténtica interioridad de la gnosis cristiana la que hace manifiestos el error y la falsedad del gnosticismo no cristiano. Pues el gnosticismo, en virtud de su visión parcial y mutiladora, no puede concebir una interioridad que no excluya la exterioridad, mientras que la gnosis cristiana revela su verdad, su «inteligencia», en el hecho de que Cristo no ha venido a abolir la ley sino a cumplirla, no a refutar la exterioridad y condenarla, sino a asumirla y salvarla. Por eso el gnosticismo es necesariamente dualista. Y todo dualismo constituye una «herejía metafísica» (lo mismo que todo monismo). Podríamos decir que el gnosticismo es por una parte un «angelismo anticreacionista» y por otra parte un «docetismo cristológico».

Ver en este mismo sitio: «Gnosis y Gnosticismo»

Gottheit. Palabra del vocabulario eckhartiano que hay que traducir por «Deidad» mejor que por «Divinidad». La Gottheit designa lo que está «más allá» de Dios.

Guna. Cualidad de la naturaleza o materia primordial. Categoría. Este término se relaciona con las tres modalidades fundamentales de la fuerza que se despliega en la manifestación. Las tres tendencias o componentes de la Naturaleza: Satva, Rajas, y Tamas.

Guru. Adjetivo que significa "el que tiene peso", substantivado para designar un hombre de peso, (pesado de conocimiento) y al cual uno se dirige como guía espiritual. Igualmente: "aquel que hace pasar de las tinieblas a la luz". En un concepto más amplio se aplica a cualquier persona, animal, cosa o situación que sirvan de señal y guía hacia la luz. El hombre (o la mujer: gurunî) "de peso". Según otra etimología: "aquel o aquello que disipa las tinieblas". Maestro espiritual que tiene el poder de guiar a los hombres en el camino de la realización. Para ser auténtico, debe estar él mismo "realizado" (un jivan mukta). (mukti= realización).

 

Habitus. Disposición, manera de ser. Aquello por lo que un sujeto se encuentra bien o mal dispuesto con relación a su forma o a su fin.

Hinduismo. «El hecho de que algunos individualistas religiosos de Occidente hayan defendido interpretaciones erróneas de varias doctrinas orientales, pretendiendo encontrar en ellas apoyo para su propio liberalismo o modernismo, ha sido causa de muchas confusiones. Gran parte del neo-budismo y del neo-hinduismo en boga entre los aficionados occidentales no es más que racionalismo y sentimentalismo revestido con términos sánscritos mal empleados. La confusión tampoco ha sido aclarada por la mayoría de los orientalistas académicos que, al traducir los textos originales desde el punto de vista filológico, han seguido tratando de identificar las doctrinas hindúes y budistas con los conceptos puramente especulativos de la "metafísica"(moderna) occidental, con la cual tienen muy poco en común. En el mundo occidental, el cristianismo católico tradicional es el punto de contacto más próximo con una verdadera metafísica en lo que se refiere a su estructura doctrinaria y sacramental. Su política es otra cuestión.» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Mas información en el documento «El Hinduismo» de la página Kali Yuga.

Hipóstasis. La substancia individual o la persona. En el vocabulario cristiano, designa las tres Personas de la Santísima Trinidad.

Hipostático. Unión hipostática: unión de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona (Hipóstasis) de Cristo.

Hiranyagarbha. Traducido por «la Vida». Es la dimensión cósmica del cuerpo sutil individual. Literalmente es el huevo dorado, origen de la creación de todo. Se ha hablado de ella como «el gran espíritu», como el principio potencial de todas las cosas. No es sólo la vida biológica; es la vida divina. Si jiva es el humano manifestado, viviente, Hiranyagarbha es la vida total, la manifestación sutil del ser en su totalidad. De la Vida, principio único, expresión primera de lo divino, surge la división entre el cielo y la tierra. La Vida divina es el lugar donde terminan todos los deseos, como veremos en varios textos, por su potencial total. La identidad de la vida individual con la Vida es la realización humana. Tengamos en cuenta que la realización o identificación con la Vida cósmica, no es la liberación (mukti), última meta del sabio advaita. Esta identificación aparece cuando desaparece la ilusión de separatividad. No hay que confundir este término con la naturaleza, que no es la primera manifestación sino la última.

Honestidad. Honesto. (Honestus). «Vinculado con la idea de "honos", este término antiguamente tuvo el significado prevaleciente de honorable, noble, de noble rango. ¿Qué es lo que se conserva de todo esto en el término moderno correspondiente? "Honesta" es la persona "de bien" de la sociedad burguesa, aquella que no cumple con malas acciones. La expresión "nacido de padres honestos" hoy tiene casi un sesgo irónico, mientras que en la Roma antigua era la designación precisa de una nobleza a la cual muchas veces le correspondía también una nobleza biológica. "Vir honesta facie" significaba en efecto un hombre de magnífico aspecto, del mismo modo que en la antigua lengua sánscrita el término "arya" comprendía sea el sentido de una persona digna de honor, como el de la nobleza de carácter interior así como en su tipo somático.» (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Historia. Los hechos históricos son la expresión humana de realidades superiores y es lo que les confiere su interés, y más todavía si se trata de «historia sagrada» como en el caso de la vida de Cristo. No se trata de que de unos hechos se extraigan unas conclusiones trascendentales, sino todo lo contrario, es porque existen esas realidades trascendentales que deben ocurrir esos hechos con el fin de poder expresarse.

Humildad. Humilitas. «Con la religión que predominó en Occidente la "humildad" se ha convertido en una "virtud" en un sentido muy poco romano, glorificada en oposición a aquella postura de fuerza, de dignidad, de calma conciencia, de la cual se ha hablado antes. En Roma antigua la misma significó justamente lo opuesto de toda "virtus". Quiso decir bajeza, carácter despreciable, baja condición, abyección, vileza, deshonra; por lo cual, por ejemplo, puede decirse que antes que la "humildad" es preferible la muerte o el exilio: "humilitati vel exilium vel mortem anteponenda esse". Son frecuentes las asociaciones de ideas, como "mens humilis est prava", es decir, mente baja y malvada. La expresión "humilitas causam dicentium" se refiere a la condición de inferioridad y de culpa de quienes son llevados ante un tribunal. También aquí se encuentra una vinculación con la idea de raza o casta: "humilis parentis natus" significaba haber nacido del pueblo en sentido despreciativo, plebeyo en oposición al nacimiento gentilicio; por lo tanto con una sensible divergencia con respecto al sentido moderno de "de condición humilde", en especial considerando que hoy el criterio casi excluyente de las posiciones sociales es el económico. En todo caso, a un Romano del buen tiempo antiguo nunca se le habría ocurrido concebir la "humilitas" como una virtud, y vanagloriarse de ella y predicarla. En cuanto a cierta "moral de la humildad", se podría recordar lo resaltado por un emperador romano, en el sentido de que nada es más repudiable que el orgullo de quienes se dicen humildes. Todo esto sea dicho sin que por ello se quiera dar valor a la presunción y a la arrobancia.» (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Hridaya (Hrid). Ver Corazón. El «centro del Ser». En la tradición metafísica de la India, así como en la tradición metafísica occidental anterior al Renacimiento, el corazón no se asocia con el sentimiento sino con el conocimiento; no es de ninguna manera la sede de las sensaciones, emociones o pasiones sino la sede del intelecto, en el sentido guenoniano del termino, es decir de esa pura intuición intelectiva (buddhi) que ve directamente las cosas en su luz verdadera sin pasar por la intermediación del mental (manas).

Hyperthéos. Palabra griega del vocabulario dionisiano: «más que Dios», «más allá de Dios».

 

Icono. Imagen sagrada de la Iglesia de Oriente vehiculadora de una presencia divina.

Iconostasio. En las iglesias rusas y griegas, tabique de madera ricamente ornamentado de iconos que separa la nave y el santuario, y detrás del cual se desarrolla la divina liturgia.

Idolatría. La idolatría busca, adora y sirve a las cosas por si mismas, en lugar de ver en ellas una imagen (icono) del Creador. El materialismo ateo es una forma moderna de idolatría.

Ignorante. Quienquiera que esté engañado por el modo aparente de las "cosas" y no ha realizado su verdadera naturaleza. «Dios no elige como amigo a un ignorante» (Sohrawardi)

Imaginación. En el sentido de Imaginatio vera no se trata de lo que en el lenguaje corriente de nuestros días se denomina «una imaginación», sino de una visión a la que debemos reconocer un valor noético o cognitivo pleno y que da acceso a mundos perfectamente reales que llamaríamos mundos imaginales mejor que mundos imaginarios dadas las connotaciones de irrealidad o inexistencia que tiene esta palabra. Modo de representación intermedia entre el mundo de los Arquetipos y el mundo de aquí abajo permitiendo la "condensación" de las realidades inteligibles y su actualización en el orden de las apariencias. La imaginación activa es el espejo por excelencia, el lugar epifánico de las imágenes del mundo arquetípico. «En verdad, el Universo es imaginación y él es Dios según su realidad esencial» (Ibn Arabi, La Sabiduría de los Profetas).

Infinito. El infinito es lo que no tiene determinaciones ni límites. Luego podemos llegar a concebirlo pero no a distinguirlo ni definirlo, porque oscureceríamos la claridad del concepto puro y caeríamos en el dominio del Ser universal. Supone lo indefinido y lo finito, o en otros términos el caos y el cosmos. Estamos haciendo referencia, bien entendido, al infinito metafísico y no a otros infinitos, como podría ser el infinito matemático, donde ya existe determinación, en este caso la cantidad.

El infinito es el aspecto activo de lo inexpresable. Convencionalmente lo llamamos absoluto metafísico.

En el Occidente actual ya no se intuye, salvo muy excepcionalmente, el concepto puro, concepto que es el campo de objetivación de la metafísica. Se lo confunde generalmente con la razón, y a veces hasta con la imaginación y la memoria. Tal situación se debe a nuestra dificultad generalizada para penetrar más allá de lo espacial y temporal. Como ejemplo nos podemos remitir al concepto de infinito asimilado normalmente a un espacio, tiempo o cantidad indefinida.

«Carencia de tamaño e inespacialidad más bien que amplitud indefinida. Lo eterno es intemporal más que perenne. Lo infinito corresponde al fundamento de la conciencia del hombre que, aunque no es un objeto y carece de forma y tamaño, contiene todas las formas y objetos» (A. W. Watts)

Ingenio. Ingenium. «Tan sólo en parte se ha conservado el significado antiguo en la palabra moderna. "Ingenium" en la antigua lengua latina indicaba también la perspicacia, la agudeza de mente, la sagacidad, la prontitud, pero al mismo tiempo la palabra remitía al carácter, a lo que en cada uno de nosotros es orgánico, innato, verdaderamente propio. "Vana ingenia", pudo pues significar a personas sin carácter; "redire ad igenium" pudo querer decir volver a la propia naturaleza, a un modo de vida conforme con lo que verdaderamente se es. Este más importante significado se ha perdido en la palabra moderna y a tal respecto da lugar casi a una antítesis. En efecto, si el "ingenio" se lo comprende en sentido intelectualista y dialéctico, se tiene algo totalmente opuesto al segundo significado, incluso en el término antiguo, que remite al carácter, a un estilo conforme con la propia naturaleza; es así superficialidad opuesta a organicidad, es movimiento inquieto, brillante e inventivo de la mente opuesto a un riguroso estilo de pensamiento que adhiere al propio carácter.» (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Ingenuidad. «La ingenuidad de ciertos conceptos prácticamente dogmáticos se explica por una parte por el simbolismo natural de las cosas y por otra por un sabio afán de protección; porque si la verdad, a fin de cuentas, tiene por función divinizar al hombre, no puede tener al propio tiempo por función deshumanizarlo. Por ejemplo, no puede tener por objeto el hacernos entrar en las angustias de lo infinitamente grande ni de lo infinitamente pequeño, como busca hacer la ciencia moderna; para alcanzar a Dios, tenemos derecho a ser niños, y ni siquiera tenemos elección, dados los límites de nuestra naturaleza.

Un ejemplo clásico del dogma ingenuo es la historia bíblica de la creación, y luego la de la primera pareja humana: si somos escépticos –o sea atrofiados–, chocamos con el infantilismo de la literalidad, pero si somos intuitivos –y todo hombre debería serlo–, somos sensibles a las verdades irrefutables de las imágenes; sentimos que llevamos esas imágenes en nosotros mismos, que tienen una validez universal e intemporal. La misma observación se aplica a los mitos e incluso a los cuentos de hadas: describiendo los principios –o situaciones– que conciernen al universo, describen al propio tiempo realidades psicológicas y espirituales del alma; y en ese sentido se puede decir que los simbolismos de la religión o de la tradición popular son para nosotros de experiencia corriente, tanto en la superficie como en profundidad» (F. Schuon, Aproximaciones al Fenómeno Religioso)

Iniciación. «La iniciación, que debe introducir al aspirante en el camino de una realización personal, consiste esencialmente en la transmisión de una influencia espiritual. Esta "bendición" es conferida por un maestro, él ya iniciado, a un discípulo en virtud de la cadena ininterrumpida, de la filiación efectiva que relaciona al maestro iniciante con el origen de la cadena y de los tiempos. Todo rito de iniciación conlleva gestos simbólicos que son testimonio de una filiación original. Citemos como ejemplo el beso del iniciante que trasmite en esta forma al iniciado el soplo de la influencia espiritual que ha presidido la creación del mundo. El iniciante cuando realiza semejantes actos no actúa en tanto individuo, sino como un eslabón de la cadena, como transmisor de una fuerza que lo supera y de la que él sólo es un humilde portador.

Para que llegue a ser eficaz, la iniciación exige, por parte del aspirante, tres condiciones: disposición completa, recepción regular y realización personal. Las condiciones más necesarias para recibir la iniciación pueden resumirse en cuatro puntos: pureza de cuerpo, nobleza de sentimientos, amplitud de horizonte intelectual y altura de espíritu.

La iniciación debe ser otorgada por un maestro cualificado, al que los hindúes denominan «guru» (o anciano), los ortodoxos «geron», que tiene el mismo sentido, y los musulmanes «sheikh», y que desempeña con respecto al discípulo el papel de un padre espiritual. siendo la iniciación un segundo nacimiento. El maestro le acompañará en las dificultades surgidas de la aplicación del método. En cuanto a los conocimientos teóricos, cada organización posee un método para dar las enseñanzas.

Una vez recibida la iniciación ésta sigue siendo virtual. Ella debe ser efectivamente valorizada por un trabajo personal, ya que cada persona lleva en sí misma su propio maestro. Esta tarea tiene por fin realizar los estados que integran la personalidad

Desde una concepción universal, el mundo se presenta bajo tres aspectos, un estado de no manifestación que representa la Posibilidad Universal, un estado de manifestación informal o sutil que representa al Alma de] Mundo y un estado de manifestación formal o tosca que es el del mundo substancial de los cuerpos. La creación del mundo se presenta como una ordenación del caos o como la consecuencia de un "orden" divino, que la Biblia presenta como un Fiat Lux, ya que la luz ha acompañado siempre a las teofanías y el orden se identifica con la luz

En la misma forma del Fiat Lux divino, la influencia espiritual trasmitida al postulante ilumina el caos tenebroso de sus aptitudes individuales. Esta partícula de luz intelectual se irradia en todos los sentidos desde el centro del ser, representado por su corazón, y lleva a cabo la completa expansión de sus posibilidades. Esta acción invisible se halla expresada en las diferentes tradiciones por el desarrollo de una flor, rosa o loto, sobre la superficie del agua. De esta manera el ritmo cósmico trasmitido por el rito inicial, resuena en la vida de un hombre cuya función consistirá en seguir y completar el plan divino. Sólo en el momento en que el futuro iniciado comprende este fin, llega a ser digno de recibir la iniciación. Esta se realiza en virtud del desarrollo de las posibilidades ya incluidas en su naturaleza, pues ningún misterio llega de otro lado y, siguiendo el sentido de la célebre sentencia hindú: "Lo que está aquí está más allá y lo que no está aquí no está en ningún lugar"». (Luc Benoist, El Esoterismo)

«Iniciación significa, primeramente, comienzo, entrada en un nuevo estado de existencia. Ese nuevo estado de existencia no es el habitual, agobiado por todas las deficiencias del ciclo cósmico en que vive la humanidad, en otras palabras, el estado común o vida profana, sino el estado de claridad y realidad luminosa anterior a todo ese desgaste, cuando la humanidad, cada hombre, alentaba de acuerdo con la forma de vida de la tradición primitiva. Ese tránsito, renacimiento o regeneración del "ahora" profano, al "comienzo" resplandeciente y espiritualmente sólido, al "illud tempus" sagrado, es el pasaje que cumple todo neófito que se inicia. La meta o término del pasaje es el "fiat lux" que se realiza una vez llevadas a cabo las previas pruebas iniciáticas o purificatorias. El iniciado, pues, ha re-nacido, ha sido enclavado espiritualmente en el nacimiento del cosmos sensible y tiene la posibilidad de completar una realidad que si antes la poseía en potencia, ahora goza de ella en germen (virtualmente) y que la podrá hacer efectiva a través del proceso iniciático.(F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Inmanentismo. Doctrina que sostiene que Dios es puramente «inmanente» (= presente) en el mundo y niega de hecho su transcendencia.

Inocencia. Innocentia. «También esta palabra evocaba ideas de claridad y de fuerza. En el uso prevaleciente en la antigüedad ella expresaba la pureza de ánimo, la integridad, el desinterés, la rectitud. No se agotaba en el significado negativo de no ser culpable. Era ajena a ella el tono de banaliad que hoy presenta la expresión "espíritu inocente", sinónimo casi de simplón. En otras lenguas romances, como el francés, el mismo término, "innocent" termina siendo también la designación de los idiotas, de los espíritus desfasados desde el nacimiento, débiles mentales y enajenados. (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Instante. Momento sin duración de la Creación divina transcendiendo todo devenir y toda modificación.

Integridad. La integridad es síntesis y coherencia de todas las virtudes del alma; ella se opone a la distracción y a la división, contrarias a la unificación, en el corazón, de todas las potencias del ser. «La perfección formal es el principio de la perfección corporal y síquica, forma que asegura la integridad del ser en su realidad sintética y en sus elementos constitutivos» (Ibn Arabi, Tratado del Amor)

Intelecto. «El intelecto designa un conocimiento simple y absoluto, de modo inmediato, en una primera y súbita captación, sin movimiento y discurso alguno» (Santo Tomas de Aquino, De Veritate (qXV, a1). El conocimiento intelectual puro, por ser, inmediato, es infalible, y cuando se lo posee, toda discusión se desvanece por su carencia de sentido. Se puede discutir indefinidamente desde la parcialidad de un sistema filosófico, especialmente al enjuiciar a otro sistema, pero no desde el saber metafísico. De aquí la decadencia intelectual representada por Descartes, al colocar la razón como supremo árbitro. «Entre los haberes de la inteligencia en virtud de los cuales alcanzamos la verdad, hay unos que son siempre verdaderos y otros que pueden dar en el error. El razonamiento está en este último caso; pero el intelecto es siempre conforme a la verdad, y nada hay más verdadero que el intelecto» (Aristóteles, Segundos Analíticos, II, 19, 100b)

«Hay algo en el alma que es increado e increable... y eso es el Intelecto" (M. Eckhart)

Intelecto y Espíritu se equivalen en el campo de la metafísica. Según el conocimiento tradicional, es preciso hacer una distinción esencial entre el intelecto y la razón, y no confundir ambos conceptos, tal como ha ocurrido en los tiempos modernos debido especialmente a la influencia cartesiana. La razón es una facultad intrínsecamente humana, es justamente el modo humano de la inteligencia. Es la inteligencia discursiva, el ámbito de lo mental. Significa la posibilidad mediata de conocer. Su objeto es lo general, que surge de lo particular e individual. El intelecto puro, que conlleva la llamada «intuición intelectual» o «inspiración» es, en cambio, un órgano por así llamarlo de un nivel supra-humano, «puesto que es una participación directa de la inteligencia universal» (R. Guénon). El reflejo de esta última produce la conciencia individual, asiento de dicho intelecto. Esta posibilita el conocimiento directo o visión inmediata de la realidad absoluta. Con él se llega, por lo tanto, al saber verdadero, o sea trascendente. Tradicionalmente se han asimilado ambas facultades, es decir la razón y el intelecto, al cerebro y al corazón respectivamente; simbólicamente a la luna (luz reflejada) y al sol (luz directa).

«La teología coloca a la visión de Dios más allá del poder de la razón y de los sentimientos, afirmando que, como ser finito, el hombre sólo puede conocer a Dios directamente por medio de una gracia especial denominada "lumen gloriae". En el lenguaje de la metafísica esta "lumen gloriae" es el conocimiento de lo infinito, superior al conocimiento racional o afectivo; sin embargo, la razón y la emoción pueden lograr este conocimiento en una forma analógica adecuada a su naturaleza. (...) Pero el anhelo racional y afectivo nunca puede por sí mismo alcanzar lo infinito, de la misma manera que no lo alcanza la indefinida adicción de números. El deseo de más y más de la razón y de la emoción, el indefinido "más y más", no es sino la mejor analogía espacial y temporal de lo infinito. (...) Por consiguiente, el logro del conocimiento metafísico dependerá de la presencia en el hombre de alguna facultad más elevada que la razón o el sentimiento. Se denomina adecuadamente intelecto a esta facultad, aunque el significado de esta palabra ha sido menospreciado en la misma forma que la palabra metafísica. De la misma manera que en la filosofía moderna la metafísica es especulación y teoría de los principios últimos, sin el menor grado de conocimiento o comprensión inmediatos, así el intelecto ha llegado a ser identificado con la razón lógica y especulativa. Pero la razón es la facultad que generaliza a partir de lo particular; pertenece únicamente al orden individual, y así no tiene ningún punto de contacto con lo universal. Por otra parte, el intelecto, aunque se halle presente en el hombre; pertenece al orden de lo universal, no de lo individual» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Ver el documento «Espiritu e Intelecto» de René Guénon en la página Sabiduría Universal.

Intelectualidad. «Pensamos que es casi superfluo recordar que tomamos siempre esta palabra en el sentido que se relaciona con la inteligencia pura y con el conocimiento supra-racional» (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal)

Intuición. Captación directa de la Luz inteligible durante su descendimiento al plano supra-individual, no al plano de la facultad reflexiva del ser. «Deja de hacer razonamientos y comprende por la luz de la intuición» (Ibn Arabî, El Tratado de la Unidad)

Intuición intelectual. «Las verdades metafísicas no pueden ser concebidas sino por una facultad que no es ya del orden individual y que el carácter inmediato de su operación permite llamar intuitiva; pero, por supuesto, a condición de añadir que ella no tiene absolutamente nada que ver con lo que ciertos filósofos contemporáneos llaman intuición, facultad puramente sensitiva y vital que está propiamente por debajo de la razón y no por encima de ella. Es preciso decir, para una mayor precisión, que la facultad de la que hablamos aquí es la intuición intelectual.» (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

«Esta percepción directa de la verdad, esta intuición intelectual y suprarracional de la cual los modernos parecen haber perdido hasta la simple noción, es verdaderamente el conocimiento del corazón. Tal conocimiento es en sí mismo incomunicable, y es preciso haberlo realizado, por lo menos en cierta medida, para saber qué es verdaderamente (...) (todo conocimiento particular) es una participación más o menos lejana del conocimiento por excelencia, así como la luz de la luna no es sino un pálido reflejo de la del sol (...) el conocimiento del corazón es la percepción directa de la luz inteligible, esa luz del Verbo de que habla San Juan al comienzo de su Evangelio» (R. Guénon)

Ishvara. Se traduce por el Creador. Es el Dios personal de la mayoría de las religiones. Pero además de creador es preservador y destructor del universo. La maya del creador se identifica con la naturaleza, en ocasiones. En ese caso no es la naturaleza manifestada (pradhana), sino lo inmanifestado (avyakta), semilla de todas las cosas. «Comprendo que la naturaleza es ilusión y quien dirige la ilusión es Dios, que abarca el universo entero, porque todos los seres forman parte de Él» (Sv. Up. 4, 10). Prajña. Se traduce según su significado literal por «conciencia». Pero se refiere a la conciencia directa, la verdadera sustancia del ser humano (atman) y del Absoluto (Brahman). En algunos contextos la traducción adecuada ha sido «sabiduría». La palabra prajña es distinta aunque su significado es análogo. Es el estado de sueño profundo. La conciencia ahí reposa en sí misma, sin objetos y se vive inconscientemente en el estado de mente habitual. El término chitt, es también conciencia pero cuando forma parte del órgano interno antahkarana o mente. Se ha evitado la forma habitual de traducir prajña y chitt como conocimiento. Prácticamente en todos los textos consultados hay gran confusión respecto al significado que los filósofos vedantas, en este caso Sankara, daban a estos términos. De hecho se encuentran con sentidos diversos. Al traducirlos hemos preferido dar una versión diferente en cada caso según la exigencia del sentido total del contexto.

Ishvara. O también Ishvara. El Principio en su estado causal; Dios (o el Señor) visto como Creador. El Señor, el Ser soberano. La Personalidad divina. Lo absoluto tomando ya una forma personal. El "Señor". Corresponde al Dios-persona. El Dios personal. El equivalente al concepto de Dios cristiano.

El Ser puro es el principio de la manifestación universal. Es llamado Ishwara en el Vedanta, o sea la suprema realidad en cuanto a lo manifestado. Se trata de la primera determinación o afirmación o se la "Personalidad Divina". Luego el concepto occidental de Dios se puede asimilar bastante exactamente a Ishwara pero no a Brahma.

 

Japa. (O japa yoga). Práctica espiritual consistente en repetir continuamente un mantra. Repetición indefinida de un mantra que tiene como objetivo el "despertar" a una cierta divinidad o una cierta energía, de la misma manera que se sacude a una persona dormida para despertarla. El japa es de tres clases: audible, articulado pero inaudible, y, finalmente, mental y silencioso. Es solamente en este último grado superior en el que la divinidad se despierta plenamente y que se opera la fusión; pero incluso los dos primeros grados del japa tienen un valor iniciático: los dos labios del recitante se identifican con Shiva y Shakti, el movimiento de los labios expresa su unión amorosa; el sonido producido es el bindu, la simiente divina, el "Punto" desde el cual brota la manifestación.

Jîva. Palabra sánscrita que designa el alma viva o individualidad viviente.

Jîvan Mukta. El "liberado viviente", estado de la persona que ha realizado la meta suprema sin dejar este cuerpo humano.

Jîvâtman. Individualidad viva, el Ser manifestado, encarnado.

Jñâna. Palabra del ámbito hindú equivalente a nuestra gnosis. Conocimiento puro por el cual el se llega a ser aquello que conoce. Conocimiento, saber. El jñana yoga es el yoga que sigue el camino del conocimiento contemplativo.

Jnâna yoga. Yoga que, dirigiéndose a la inteligencia, se centra en el aspecto impersonal e inconcebible de la Enseñanza Unica.

Juan de la Cruz: 1542-1591. Doctor místico de la Iglesia Católica y reformador de la orden del Carmelo, con Santa Teresa de Avila. Obras principales: la Subida al Monte Carmelo, la Noche oscura, la Llama de amor viva, el Cántico espiritual.

Juan Escoto Erigéna. Clérigo irlandés a quién Carlos el Calvo confió la dirección de la escuela de Palacio. A él se debe una primera traducción de las obras de San Dionisio.

Juego. Ver también Mâyâ. Incesantes metamorfosis de los estados particulares del ser debidos a la viva inestabilidad de su naturaleza (en el nivel de la existenciación). «Cada parte de nuestro ser encuentra su realización en lo que está más allá de las formas actuales de su juego, y no en estas formas mismas» (Kena Upanishad)

 

Kali Yuga. "La Edad de Hierro"; la cuarta edad, la de los conflictos y de las tinieblas, en la cual nos encontramos. Edad de las sombras, edad oscura, edad de los conflictos, el último de los cuatro periodos en los cuales está dividido un manvantara, una era de Manu, es decir: la duración de manifestación de una humanidad terrestre. Nosotros nos encontramos actualmente en el final del kali yuga y es a nosotros, hombres de los últimos tiempos, a quienes está especialmente destinada la revelación tántrica. La "edad de sombra" es la última de las cuatro eras del ciclo actual. (Ver Linga Puranas).

«De acuerdo a la tradición hindú el Kali-Yuga es la cuarta y última edad de el ciclo. En ella estamos desde hace más de seis mil años. La etapa actual del Kali-Yuga corresponde a la modernidad, cuyo producto extremo llamaremos "era de las masas" (...) en ésta se produce el oscurecimiento límite del intelecto o sea el naufragio total del conocimiento. Nuestro mundo moderno ha comenzado a recorrer, en su retroceso, ese camino final (...) el alejamiento de la unidad primordial ya ha llegado al máximo posible. Además, el extravío individual y colectivo en la exterioridad sensible, el exclusivismo en el mundo de la materia, la atomización y fragmentación de las investigaciones, la velocidad siempre creciente de los acontecimientos, la masificación y nivelación en el término medio (...) y la obnubilación implícita en la adoración de la técnica, parece haber llevado a la humanidad hacia los momentos finales de dicha Edad.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Ver el documento «Kali Yuga»

Karma. Acción, deber, actos condicionados. Acto, acción bajo todas sus formas (en sentido técnico, acción ritual tal como está prescrita por el Veda). Ley inmanente de la cual resulta el que toda acción tenga un resultado inevitable, en ésta vida o después. Se ha abusado mucho de este termino en Occidente dándole una resonancia moral que no tiene originalmente. La "obra" y sus consecuencias: la serie de actos realizados en esta vida y en las precedentes; la continuidad de las causas y de sus efectos. Literalmente "acción". En particular es la ley inmanente que quiere que una acción dada tenga un resultado dado

Una mala interpretación del termino Karma, ha hecho que en occidente se considere este concepto desde el punto de vista moral, como un "premio" o un "castigo" por las acciones cometidas. Todo este enfoque moral es totalmente ajeno a las doctrinas hindúes que no ven en el Karma más que la reacción y las consecuencias "normales y justas" a cualquier acción; sin que esto tenga nada que ver con premios y castigos.

«No es sino la acción por la cual esta disposición (el dharma) se manifestará exteriormente, con tal de que la acción sea normal, es decir, conforme a la naturaleza de los seres y con las relaciones que se derivan. (René Guénon, Introducción al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

Karma yoga. Camino hacia la unidad por la acción. Presencia de lo Absoluto en cada acción.

Kenosis. Palabra griega que significa «vacío», y que se relaciona con la epístola a los Filipenses (II, 7) en la que San Pablo dice que el Cristo a conocido un estado tal de humillación que se ha como vaciado de su condición de igualdad con Dios para aparecer como una criatura obediente a Dios hasta la muerte en la Cruz.

Kosha. Palabra sánscrita que designa las envolturas del Si (Si-mismo). Las cinco "envolturas", "vainas" o "forros" de los cuales se reviste el Si-Mismo manifestado (jivatman); corresponden a los tres "cuerpos" de la manera siguiente: anandamaya kosha (envoltura hecha de Beatitud) al cuerpo causal (karana sharira); vijñanamaya kosha (envoltura intelectiva), manomaya kosha (envoltura mental) y pranamaya kosha (envoltura energética) al cuerpo sutil (sukshma sharira); annamaya kosha (envoltura "de alimento") al cuerpo grosero (sthula sharira).

Kshatriya. Casta de dirigentes, protectores y guerreros. La segunda casta, la de los guerreros y los representantes del poder civil. Obligada a la nobleza y bajo la tutela de la casta sapiencial.

 

Labor. «En lo que concierne a ciertos cambios en el valor de las palabras que indican claramente una radical mutación en la concepción de la vida, el caso más característico es quizás el del término "labor". En la antigua lengua latina este término tenía prevalecientemente un significado negativo. Si en algunos casos podía designar a la actividad en general –como por ejemplo en la expresión "labor rei militaris"– sin embargo en el significado predominante expresaba la idea de una fatiga, de un afán, de un esfuerzo desagradable, y no sólo ello, sino también el de una desgracia, de una molestia, de una carga, de una pena. El término griego "pónos" tenía un significado análogo. Así entonces "laborare" podía también significar sufrir, estar angustiado, estar atormentado (...) Por todo ello jamás al Romano se le habría ocurrido hacer de la "labor" (=trabajo) una especie de virtud o de ideal social. No es que la antigua sociedad romana haya sido una civilización de vagos, de inútiles o de "ociosos". La verdad es que entonces se tenía el sentido de las distancias. Al "lavorare" (=trabajar en italiano) se contraponía el "agere", el actuar en sentido superior. La "labor" correspondía a las formas oscuras, materiales, serviles, anodinas de la actividad humana, con referencia a aquellos para los cuales la acción estaba sólo determinada por una necesidad o por una suerte infausta (la antigüedad conoció por lo demás una metafísica de la esclavitud). En contraposición a ello se encontraba el que actúa en sentido propio, que desarrolla formas de actividad libres, no el que ejercía actividades materiales, pero con un cierto carácter cualitativo y sobre la base de una verdadera y libre vocación el termino "labor" no se aplicaba; él era un "artifex" (estaba también el término "opifex") y la orientación correspondiente se ha mantenido también en tiempos sucesivos, en el clima y el estilo de las corporaciones artesanales, tradicionales.

El cambio de significado y de valor de la palabra en cuestión es por lo tanto una señal clarísima de la plebeyización verificada en el mundo occidental, de una civilización que está perdiendo siempre más su forma en función de los estratos más bajos de toda jerarquía social completa. El moderno "culto del trabajo" es tanto más aberrante puesto que hoy como nunca el trabajo, en un régimen de industrializaciones, de mecanización y de producción anónima de masas, ha perdido necesariamente todo eventual y más alto valor. A pesar de ello se ha llegado a hablar de una "religión del trabajo", de un "humanismo del trabajo" y de un "Estado del trabajo", haciendo del trabajo una especie de insolente imperativo ético y social para cada uno, en detrimento del cual estaríamos llevados a hacer valer el dicho español de que "El hombre que trabaja pierde un tiempo precioso".

En manera más general en otra ocasión hemos resaltado que el mundo tradicional se contrapone al moderno por el hecho de que mientras en el primero incluso el "trabajo" pudo muchas veces asumir los caracteres de una "acción", de una "obra" y de un arte, hoy a la inversa acontece que incluso la acción y el arte asumen los caracteres de un "trabajo", es decir de una actividad vinculada, opaca e interesada desarrollada en base no a una vocación sino a la necesidad y sobre todo en vista de la ganancia y el lucro. (Julius Evola, El Arco y la Clava).

 

Lenguas sagradas. Son lenguas que no cambian, inmutables, y mucho más ricas en términos y sonidos que las lenguas modernas. Estas últimas son muy poco aptas para transmitir conceptos metafísicos, por carecer de instrumentos idiomáticos adecuados. Por consiguiente no basta intentar traducir una lengua sagrada a la perfección para comprender lo que se transmite, sino que hace falta profundizar en su pensamiento original y estar preparado intelectualmente para poder asimilar la doctrina pura. Dicha preparación no se puede adquirir eruditamente o sea "desde fuera" sino "desde dentro", desde el desarrollo e la interioridad, identificándose con el núcleo de ese saber universal, y por medio de un maestro o gurú. En Occidente se ha llegado a la crítica de textos sagrados hecha con criterios científicos modernos, lo cual constituye una absoluta aberración al pretenderse suplantar el sentido metafísico profundo de la revelación, con el análisis superficial, con el literalismo y con el punto de vista histórico, perspectivas en las que subyace la absurda idea contemporánea de progreso y de evolución, y que delata la ignorancia total de un nivel cognoscitivo que se sitúa en lo intemporal y simbólico. Es necesario ver con claridad que las doctrinas verdaderamente tradicionales o sea metafísicas son, por su misma esencia, inmutables. Por lo tanto es un sin sentido que se nutre de una incurable ceguera mental, considerar como a veces se pretende, la posibilidad de evolución y de progreso en ellas. En efecto, surgen del absoluto y persisten fuera del tiempo.

Ley de correspondencia. Ley metafísica fundamental en virtud de la cual los diferentes planos de la realidad simbolizan los principios superiores que los dirigen.

«Cada cosa, procediendo esencialmente de un principio metafísico del cual depende en toda su realidad, traduce ese principio a su manera y según su orden de existencia, en tal forma que de un orden a oro todas las cosas se encadenan y se corresponden para concluir e la armonía universal y total, que es, en la multiplicidad de la manifestación, como un reflejo de la unidad originaria. Por ese motivo, las leyes de un dominio inferior pueden siempre ser tomadas para simbolizar las realidades de un orden superior, del cual ellas extraen su razón profunda, que es a la vez su principio y su fin» (René Guénon, El Simbolismo de la Cruz)

Se aplica este principio a todos los fenómenos naturales, sociales e históricos: en efecto, las leyes que los rigen traducen analógicamente en su respectivo nivel, los principios metafísicos de los que ellos dependen. Involucra también los hechos referentes a la historia humana. Ellos reflejan en su ámbito y en su orden de realidad, los principios metafísicos de los cuales surgen y de los que extraen su existencia. Sin tal fundamento originario todo fenómeno sería una simple ilusión.

Cualquier expresión natural es, por lo tanto, una corporización contingente de su principio. Como dijo Platón, el mundo sensible no es más que un reflejo del mundo inteligible. Para llegar a este último, se necesita poder interpretar adecuadamente el símbolo correspondiente.

«Si comprendemos que cada fenómeno natural, social o histórico traduce simbólicamente, y en su estrato concreto, aquello que está en el origen y del que depende, es posible que vislumbremos la verdadera realidad, ya que nos habremos colocado en el comienzo del devenir universal, pero un comienzo fuera del tiempo. Llegaremos a "ver", en sentido de totalidad, lo que está más allá de la expresión refleja y apariencial. Así no permaneceremos más en la periferia de la "rueda de las cosas" como dicen los libros sagrados del extremo Oriente, sino en su centro».(V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular).

Liberación. Concepto extraído de la doctrina hindú. Se trata de un estado incondicional, es decir, más allá de toda limitación. La doctrina hindú lo llama Moksha y el esoterismo islámico «Suprema Identidad».

Se contemplan en la doctrina hindú tres modos de acceder a la liberación:

Jivan-Mukti, que es la liberación en esta vida, en este mundo; algo más bien excepcional en estos tiempos finales del Kali-Yuga, y mucho más para los occidentales.

Videha-Mukti, es la liberación obtenida de una manera inmediata en el momento de la muerte, por una persona espiritualmente orientada y preparada durante toda su vida.

Krama-Mukti, es la liberación obtenida de forma diferida y gradual en los sucesivos estados post-mortem.

Estas dos últimas formas de liberación son lo que en el Cristianismo se conoce como Salvación. El Cristianismo siendo una religión formulada para occidentales y para los últimos tiempos, no contempla, al menos de una manera clara y explícita, la primera forma de liberación o Jivan-Mukti. Unicamente en la teología Ortodoxa Oriental se habla de la Deificación para referirse a esta primera posibilidad o Jivan-Mukti. Por lo tanto cuando en el diálogo ecuménico se habla de Liberación o Salvación se debe poner atención y se debe comprender que se trata de cosas diferentes.

El documento "Salvación y Liberación" de René Guénon (en la página Sabiduría Universal) da más información sobre el tema.

Libertad. Renuncia total y segura al dominio de las realidades de aquí abajo y que lleva a la pacificación del alma y a la serenidad interior. «Es libre aquel que solo tiene un Objetivo y una única voluntad para alcanzarlo» (Hermano Juan, El Jardín de la Virgen).

Libros sagrados. «En todo texto sagrado hay varios niveles posible de comprensión, los cuales corresponden a campos de transmisión superpuestos de distinta profundidad. Estos niveles son: el literal, el filosófico-teológico, el político-social y el iniciático-metafísico. Según su capacidad intelectual, el estudioso llegará al plano que corresponde a sus posibilidades. Tanto en la transmisión oral como en la escrita, a medida que se avanza en la doctrina, se accede a niveles de más difícil comprensión. Universalmente el inferior es el literario o histórico, luego le sigue el social, y sucesivamente el teológico, el cosmológico, hasta llegar al metafísico que es el superior y último. En muchos textos tradicionales, el sentido exterior y aparente, sea literario, social o histórico, permitió que éstos se mantuvieran inalterables, ocultando así la dimensión profunda a la visión incompetente. Al tratar este tema Guénon recuerda los caracteres ideográficos chinos. Ellos tienen tres sentidos principales, o sea revelan tres grados de conocimiento que son: el sensible, el racional y el intelectual puro o metafísico. Ejemplifica el uso del mismo signo para designar el sol (plano sensible), la luz (plano racional) y la verdad (plano metafísico)». (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Lîlâ. "Juego"; danza cósmica de la energía divina a través de las apariencias fenoménicas. Lo absoluto crea y destruye los mundos por puro gozo, por puro juego.

Logos. Palabra griega que designa, en el Evangelio de San Juan, a la segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de Dios.

Lujo. «Según los Shâstras, el lujo propiamente dicho –el que no apunta más que al bienestar físico y le añade necesidades nuevas– es un "robo para con la naturaleza"; su contrario, la sencillez, no es, evidentemente, una privación de lo necesario, sino un rechazo a lo superfluo, siempre en lo que concierne a la comodidad física, no a la propiedad como tal; cierto es que ese grado de sencillez es superado, en la propia India, desde hace muchos siglos. Sea lo que fuere, en nuestros días, se engloba demasiado fácilmente la sencillez ancestral de la ida y la simple falta de víveres, bajo un común denominador –el de "miseria"–, confusión que en absoluto es desinteresada; la noción de "país subdesarrollado", en su cándida perfidia, es bien significativa a este respecto.. se ha inventado un "nivel de vida" maquinista y cientificista que se querría imponer a todos los pueblos, y a fortiori a los clasificados como "atrasados", ya se trate de hindúes o de hotentotes; para los progresistas, la felicidad se identifica a una masa de complicaciones ruidosas y pesadas, propias para aplastar muchos elementos de belleza y, por lo tanto, de bienestar; queriendo abolir determinados "fanatismos" y determinados "horrores", se olvida que hay atrocidades en el plano espiritual, y que la civilización supuestamente humanitarista de los modernos está saturada de ellas» (F. Schuon, Castas y Razas)

 

Macrocosmos. El «gran mundo» es decir el Universo creado.

Manas. El órgano mental y su actividad, el pensamiento sensitivo y razonante. Facultad de pensamiento, una de las partes del órgano interno o mente.

Mandala. Diseño no figurativo, generalmente circular y simbólico, utilizado como soporte de contemplación.

Mantra. Formula sagrada extraída de las escrituras hindúes y que se repite con un rosario. Palabra de poder espiritual, nombre secreto de una cosa o de un ser que permite obtener su esencia. Fórmula sagrada, unión de sílabas sánscritas, de palabras, condensando en forma sonora una divinidad que es así invocada.

Más allá. Sede de la realidad primordial y de la plenitud de todas las posibilidades del ser. «El más allá no es una aniquilación sino una transfiguración de todo lo que nosotros somos aquí en nuestro mundo de formas» (Kena Upanishad)

Materia. Elemento determinable del cual una cosa está hecha; este elemento está determinado por la forma.

Mâyâ. Se traduce por «la ilusión» cuando es individual y por «la gran ilusión» cuando es cósmica. La ilusión individual es ignorancia, avidya. No se puede captar, conocer, es un sueño. No es conciencia, es falta de conciencia. Por eso no es real, es ilusión de realidades. Y es siempre un poder oscurecedor que oculta lo Absoluto, delimitando su infinitud. Es también la energía divina, la shakti, creadora de realidades hechas de pensamiento y materia, de nombres y formas. Por la ilusión individual el Ser absoluto aparece como jiva, el ser humano viviente. Por la ilusión cósmica lo Absoluto aparece como Ishvara, el creador del universo.

Mâyâ. El arte mágico que despliega el universo. La potencia divina creadora de los fenómenos; y en consecuencia la ilusión cósmica. La shakti o potencia de brahman. La noción de Maya es compleja; se traduce a menudo por "ilusión cósmica", pero ese no es mas que uno de los aspectos de Maya, que es también el "Juego divino" y la "Posibilidad universal".

La shakti o potencia de Brahman. La noción de Mâyâ es muy compleja; se traduce a menudo por «ilusión cósmica», pero ese no es más que uno de los aspectos de Mâyâ, que es también el «juego divino», la «posibilidad universal» o el «arte divino» por el que Dios crea.

«Lo que más se parece en el hombre a una acción sin esfuerzo y sin propósito es el "juego", y por esta causa la tradición hindú se refiere a menudo al maya del universo finito como el lila o juego de Brahma. La misma idea se halla en se siguiente pasaje de los Proverbios: "Junto a El estaba yo como artífice, y era cada día sus delicias, jugando ante El en todo momento, jugando en su orbe terrestre, y teniendo mis delicias en los hijos de los hombres (Prov. VIII, 30-31)"» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Ver el documento «Maya» de René Guénon.

Metacosmos. Lo que está más allá del cosmos, Dios, el mundo divino.

Metafísica. Esta palabra designa en la obra de Aristóteles la parte de la reflexión teórica que viene después de los tratados de física. El empleo de la palabra se ha generalizado para designar la parte superior del saber, la que remonta a las causas primeras y a los principios primeros de los seres. En el contexto tradicional Metafísico equivale a espiritual. Para acceder a la metafísica se necesita concentración mental profunda y verdadero conocimiento teórico.

«Física significa "ta physiká", el conjunto de lo físico o natural, vale decir, la totalidad del mundo sensible o material. De lo corporal, pero asimismo, de los principios que otorgan vida e individualidad a ese conjunto corpóreo, a lo somático. Lo natural es, en realidad, totalidad sicosomática, por lo tanto. Y Guénon, con estilo y terminología extraída del hinduismo, suele hablar de cuerpo grosero y de cuerpo sutil. La materia sensible, los cinco elementos, los organismos con los sentidos y los órganos de conocimiento y de acción, el razonamiento, la conciencia de la propia individualidad, constituyen este reino. En fin, los elementos individuales tanto sean burdos como sutiles.

Hasta ahora, por consiguiente, no hemos hablado todavía de la esfera estrictamente metafísica o sobrenatural. Esta se considera incluso por encima del nivel intermedio, el "anima mundi" heretista, el "mahat" del Sâmkhya, el alma universal de los neoplatónicos, el Hiranyagarbha de la tradición vedantina o el paraíso de las tradiciones judeocristianas. En este plano, lo universal se intersecta con lo individual. Es todavía el dominio de la manifestación. Se cumple la conjunción perfecta de los sexos, ya que se trata del momento hiper cósmico anterior a la caída, de la individualidad perfecta en comunidad, superior al cielo, la primera manifestación sensible, pero todavía ligada a la individualidad, de ahí la posibilidad de la caída en un cuerpo sensible.

Pero por sobe el alma del universo se desenvuelven las instancias propiamente metafísicas, el "topos noetos", en la lengua de Platón, el lugar de los paradigmas, modelos arquetipos ideales. Los ejemplares paradigmáticos y productores últimos del mundo del cambio. El universo de la verdadera ciencia, eternamente ordenado según número, orden, clasificación e idea, mundo en el que esencia y nombre son inescindibles y origen de todo orden. "Namarupa avyakrita" o "Ishavara" según Shankara, el Logos eterno del hermetismo, el "Kosmos o topos noetós" de Platón y los neoplatónicos. En fin, el mundo arquetípico y eterno.(...) Suele Guénon designar, en síntesis, estos estados cosmológicos y metafísicos como lo "manifestado", o sea, la "natura naturans" que exige la "naturata"; lo "no manifestado" pero "manifestable", el Ser o los paradigmas en los seres cambiantes y lo "no Manifestado ni Manifestable", el No-Ser, fundamento permanente al que oculta el orbe de los arquetipos, no obstante su perfección, la fuerza generatriz del alma del mundo y, con mucha mayor razón, el cosmos de la mudanza por ésta generado.

Pero, no obstante lo descripto, lo más importante para Guénon reside, no en diseñar la ontología y estados metafísicos que la tradición va transfiriendo sucesivamente en exégesis adecuada, sino el poder verificar esos estados, en comprobarlos y para ello no existe otro expediente que la vía iniciática» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

«Hemos de seguir a Guénon en el uso de la palabra "metafísica" a pesar de que en la filosofía moderna, así como en ciertos cultos religiosos de nuestros días, significa algo completamente diferente. Se supone que Aristóteles dio el título de Metafísica a uno de sus tratados simplemente porque fue escrito después de la Física, pero sería más razonable pensar que la palabra se refiere adecuadamente al conocimiento de lo que está más allá del orden natural, es decir, lo universal infinito y eterno, diferente y más allá de lo individual, finito y temporal. Es importante distinguir lo universal de lo general para salvarnos de confusiones sin fin, ya que ambos términos se usan indistintamente en el lenguaje moderno. Por "universal" no entendemos la suma o colección de las cosas particulares, así como no nos acercamos a lo infinito por una indefinida suma de lo finito ni a la eternidad por la extensión indefinida del tiempo. Decir que la Realidad última es lo universal no es aceptar la proposición panteísta de que es el universo, pues el universo es, hablando con propiedad, la suma de todas las cosas finitas e individuales. (...) Tampoco debe imaginarse que haya oposición o incompatibilidad entre lo universal y lo individual, lo infinito y lo finito. Por el momento será suficiente recordar que los dos son "diferentes" sin ser "opuestos", como la forma es diferente del color, pero no incompatible con él, aunque esto no es de ningún modo una analogía perfecta. En verdad, lo universal e infinito no tiene opuestos porque o incluye todo de una manera absoluta» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Ver el documento «Caracteres esenciales de la metafísica» de René Guénon.

Macrocosmico. Punto de vista del macrocosmos.

Microcósmico. Punto de vista del microcosmos.

Microcosmos. El hombre considerado como un «pequeño universo».

Mistagogia. Iniciación a los «misterios» en la Grecia antigua; esta palabra a sido retomada por los Padres griegos, especialmente por San Dionisio el Areopagita, y aplicada a los misterios y a los sacramentos cristianos.

Misterios. «El misterio es aquello de lo que no se debe hablar, sobre lo que conviene guardar silencio o aquello que está prohibido dar a conocer al exterior (...) En un segundo sentido designa lo que debe ser recibido en silencio, aquello sobre lo que no conviene discutir: desde este punto de vista todas las doctrinas tradicionales, comprendidos los dogmas religiosos que constituyen un caso particular, pueden ser llamados misterios. (René Guénon, Puntos de Vista sobre la Iniciación).

«Los "pequeños misterios" conciernen únicamente a las posibilidades del estado humano, mientras que los "grandes misterios" conciernen a los estados supra-humanos: por medio de la realización de aquellas posibilidades y de aquellos estados, ellos conducen respectivamente al "Paraíso terrestre" y al "Paraíso celeste", tal como lo dice Dante en su texto "De Monarchis".( René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal).

«Distinción de dos órdenes que se pueden, de una manera general, designar como el de los principios y el de las aplicaciones, o bien, como el orden "metafísico" y el orden "físico", de lo que se deriva la distinción de lo que se llamaba los "grandes misterios" y los "pequeños misterios", éstos comportando esencialmente el conocimiento de la naturaleza y aquéllos el conocimiento de lo que está más allá de la naturaleza. Esta misma distinción corresponde, precisamente, a la de la "iniciación sacerdotal" y la "iniciación real") (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal)

Modernidad. «Para entender la esencia de la modernidad, tenemos que volver a remontarnos hasta los comienzos de los tiempos históricos. Recordemos que el "clasicismo", aun significando una relativa caída intelectual respecto de los períodos anteriores, mantuvo una sabiduría verdadera, la que se transmitió exteriormente a través del mito y en su dimensión profunda en las escuelas de "misterios". Cuando se desmembro el mundo antiguo surgieron, el estoicismo y el epicureísmo entre otras tendencias anti-intelectuales, y así la filosofía cayó en una simple actitud moral, sin ningún principio superior. Luego sucedieron las invasiones bárbaras, las cuales produjeron la desaparición casi completa de las antiguas organizaciones iniciáticas. Guénon compara, con las debidas reservas, la decadencia del mundo greco-latino a la de nuestros días, y encuentra ciertas analogías entre algunas tendencias religiosas de esa época y la actitud mesiánica tan común actualmente. Pero recuerda con referencia a tales inquietudes que el advenimiento del Cristianismo significó durante varios siglos el detenimiento del derrumbe ya iniciado, y que en cambio la postura actual es falsa y consecuente con simples intereses superficiales, alejados totalmente del mínimo resto de espiritualidad. Estamos totalmente de acuerdo con la opinión guenoniana, al observar que generalmente estas actitudes no conforman más que un simple proselitismo con fines inconfesables, teñidos de una moralina inconsistente y de un sentimentalismo vulgar y simulado. Se desconoce que el cristianismo significó un hito de detenimiento en la "caída" cíclica, una etapa de claridad en el Kali Yuga y una vuelta momentánea a la normalidad, y que la modernidad representa un declive mucho más acentuado que el producido durante la disolución del Imperio Romano. Se trata realmente de la "Noche de la historia" que precede al fin del tiempo de la humanidad contemporánea.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

«Tengamos en cuenta que con el Renacimiento y la época de los "descubrimientos" posteriores comenzó un período que constituyó el inicio real de la modernidad tal cual la concebimos en la actualidad, o sea el desarrollo hipertrofiado y anárquico de la ciencia y de la técnica, el estudio de las ciencias físicas hasta la atomización en el detalle, el maquinismo en todos los niveles, el cerramiento de la inteligencia en la cosmovisión utilitaria aun en lo meramente humano, la practicidad, la complacencia en los estratos más inferiores y la impotencia intelectual.

La modernidad, como esencia de nuestro mundo contemporáneo, implica el alejamiento extremo respecto al centro originario del Ser universal o intelecto puro.

Sin embargo se equivocan los que desesperan, ya que el desorden es previsible en esta última etapa del tiempo humano, siendo a su vez el orden final la suma de todos los desordenes parciales y aparentes, tal como lo enseñan los libros sagrados.

El que ve únicamente el aspecto negativo de la modernidad no se da cuenta que dentro del Todo absoluto, cada situación momentánea tiene siempre un sentido como cualquier otra. Así, luego del fin de este ciclo, otro nuevo comenzará para establecer un nuevo equilibrio con el producto resultante de los supuestos sin sentido anteriores.

A pesar de que esta vasta confusión se está convirtiendo cada vez más acentuadamente en "la abominación de la desolación" como lo profetiza el Evangelio, los que aún son capaces de reflexión deben comprender que nada en la realidad del devenir supone una gratuidad arbitraria, sino que representa una profunda sabiduría que abarca regiones más amplias en el espacio y en el tiempo.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Monismo. «Podemos decir que el monismo se caracteriza esencialmente por esto que, no admitiendo que haya una irreductibilidad absoluta y queriendo sobrepasar la oposición aparente, quiere conseguirlo reduciendo uno de dos términos al otro. Si, en particular, se trata de la de la oposición del espíritu y de la materia tendremos, de una parte, el monismo espiritualista que pretendía reducir la materia al espíritu y, por otra, el monismo material esta que pretende, al contrario, reducir el espíritu a la materia. (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

Muerte. Extinción total y definitiva del ser relativo frente a la Presencia de lo Verdadero y a la Permanencia de la Total-Realidad.

Mundus Imaginalis. Mundo hacia el que está orientada la función cognitiva de la Imaginación, cuyo nivel ontológico está por encima del mundo de los sentidos y por debajo del mundo inteligible puro; es más inmaterial que el primero, pero menos que el segundo. Mundo de los «cuerpos sutiles» donde se densifican las esencias y se esencializan los cuerpos.

«Es éste el ámbito de los estados sutiles de la manifestación, en que se encuentran las prolongaciones extra-corporales de los individuos, las energías de las entidades no humanas, las influencias de los "genios elementarios" o elementales de Paracelso, que las tradiciones llaman gnomos ondinas, silfos, salamandras, djinns, demonios. Las fuerzas, abandonadas por los cultos desaparecidos se mezclan allí a energías auténticamente angélicas y a influencias errantes, como dicen los chinos, para formar un mundo fascinante, extraño y peligroso.

Por otra parte, si este mundo es el de los combates y los cambios, existe también como el de las ilusiones y la belleza. Es en realidad el dominio de las imágenes de la mâyâ india. Ahí, las ideas toman forma, las lenguas se organizan, las influencias se trasmiten, las almas realizan alianzas. Este mundo en perpetuo cambio es ilusorio, como el de los sueños, y esto en ambos sentidos, tanto desde el punto de vista del Principio, del que no es sino un reflejo móvil y dual, como desde el punto de vista del mundo terrestre que lo sueña de forma temporaria, correspondiente a un equilibrio provisorio hasta su próxima transformación. Para nosotros este mundo es inevitable, necesario, aunque de una importancia muy variable según los seres que en él se manifiestan y, por ello, lo manifiestan, ya que es el lugar del encuentro de la creación humana y de la inspiración divina.

La imaginación humana que toma sus poderes de la energía sutil de este mundo mediador, no es la dudosa facultad que nos abruma con sus fantasmas, sino una función psíquica autónoma, un instrumento de relación y un órgano de percepción. Se polariza de un lado en un órgano de comunicación con el mundo intermediario y por el otro en un órgano de acción preparatoria aplicado al mundo sensible. Presenta al hombre y especialmente al artista el modelo de la "cosa a realizar". Su creatividad es una puesta en relación gracias a la energía del impulso espiritual, de la intención y de la concentración del corazón.» (Luc Benoist, El esoterismo)

(Ver también «Mundus Imaginalis I»Mundus Imaginalis II» y «Ambito de la Revelación» en Web Islam)

 

Música. «La Música es una de las siete artes liberales, que formaba junto con la aritmética, la geometría y la astronomía, el quadrivium, conjunto de las artes físicas, relacionadas con la forma o aspecto cualitativo de las cosas, todas las cosas las has hecho con peso, número y medida, dice la Biblia. Podríamos decir que la música es la expresión aritmética del sonido, los números expresando en todas las tradiciones las "razones eternas" de los seres y las cosas, y el sonido relacionándose con el éter, el elemento primordial del que surgen los cuatro elementos que forman el mundo corpóreo.

El alma es una sinfonía, decía Santa Hildegarda de Bingen, y es así que podríamos trasladar a música una expresión humana concreta o un aspecto divino, como de hecho hace siempre la música tradicional. es decir, la música es una estructura simbólica de un carácter más primordial que cualquier otra, como dice San Isidoro de Sevilla: «ninguna disciplina puede ser perfecta sin la música; sin ella nada existe. Se afirma que el mundo mismo fue compuesto de acuerdo con una cierta armonía de sonidos, y que incluso el cielo gira bajo la influencia modular de la armonía».

En la sociedad tradicional, el tiempo como el espacio tienen un aspecto cualitativo, que expresan cada uno en su orden las realidades de lo alto, toda civilización tradicional intenta reflejar el cielo en la tierra. La música tradicional, porque es cualitativa, considera el momento, el lugar y la acción que se desarrolla en ellos, expresando simbólicamente su realidad esencial. Cada acontecimiento tiene su música. Esta expresión musical, definida por el acontecimiento que acompaña, liga estrechamente en el canto la letra, la música y el modo; esto ocurre en todas las formas musicales tradicionales, desde el raga hindú hasta el canto gregoriano, pasando por las canciones populares como, por ejemplo, los palos del flamenco.

La música tradicional distingue entre sus diferentes aplicaciones, podemos hablar entonces de una música sagrada, otra religiosa, y otra prosaica (mejor que profana ya que en las culturas tradicionales incluso las fiestas, entretenimientos etc. tienen un carácter y un simbolismo esencialmente sagrado).

La música sagrada es aquella que es capaz de remitir al individuo al Sí-mismo. La música religiosa, en cambio, pretende unir, no ya al individuo con su esencia, sino a los diferentes individuos de una comunidad en el culto o la alabanza divinas. La música prosaica se atiene a lo material, incluso a lo corpóreo.

Estos aspectos cualitativos y simbólicos de la música están por completo ausentes en la música moderna. Ninguna relación se percibe hoy en día entre la música y el tiempo, el lugar y el acontecimiento en los que se ejecuta. El canto gregoriano se canta en recitales profanos, y a la inversa en la iglesia se interpretan melodías profanas. La música se ha convertido en un objeto de consumo, válido por sí mismo como un simple pasatiempo, efímero e insignificante.»(Letra y Espíritu, nº6)

La degradación musical de la que hablamos procede del Renacimiento, momento en el que los compositores pretenden "liberarse" de las estructuras modales para dar libre curso a sus fantasías (ellos lo llaman creatividad). Incluso el oído no entrenado de hoy en día puede apreciar como la música del renacimiento se sentimentaliza creando ambientes de melancolía y tristeza, desde luego no exentos de una cierta belleza, pero que bajan un punto en la perfecta luminosidad y la gracia espiritual de las primeras polifonías medievales (ver MATER DEI )o de la serenidad simple y contemplativa del canto y la salmodia gregorianos (ver CANTATE). Esa progresiva sentimentalización y profanación de la música va ganando terreno con la decoración superflua del barroco, el drama, la tragedia y los ambientes sombríos que a partir del clasicismo desembocan en los paroxismos sentimentales y emocionales románticos, para finalmente terminar por degradarse en la desasosegante, vacua y fría atonalidad contemporánea unida además al caótico mundo musical comercial. Ningún rasgo sagrado veremos en tales músicas, todo lo más algunas obras pueden calificarse de religiosas pero solo por el tema que tratan. Y todo lo más alguna obra puede reflejar esa transparencia metafísica, más por casualidad que por intención, y más como excepción que como norma.

«La música ha recorrido un camino análogo al de las demás manifestaciones artísticas. En efecto, la música tradicional, la cual aún vive en muchos lugares de Oriente, como la India actual, usa el sonido para evidenciar el silencio o sea la suprema realidad. El autor musical trata de diagramar en la duración sonora una sucesión de instantes de silencio, y el oyente percibe esos momentos como el sustrato real que perdura detrás de las apariencias sensibles del ser universal, concretizadas en el tiempo sonoro. Con ello se busca trasponer las limitaciones inherentes a las determinantes vitales para sumergirse en lo absoluto no-manifestado. Es decir, la verdadera música surge de las relaciones entre esos intervalos de silencio.

El Occidente de nuestros días, en cambio, generalmente pretende con la música disimular la realidad bajo la antedicha duración sonora. Desea el placer estético como en las demás expresiones artísticas, y mediante la distracción que supone la producción de la belleza y armonía musical, olvida y niega que su concreción es nada más que un punto de apoyo para la trascendencia y lo auténticamente espiritual en las civilizaciones normales» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

«Daría toda mi obra por haber escrito el Prefacio de la misa gregoriana» (W. A. Mozart)

Naturaleza. Lo que es una cosa; la substancia en tanto que principio de operación (substantia dicitur natura prout est principium operationum).

Necesidad. Desnudamiento del alma en su sometimiento a lo Absoluto y según su actualización necesaria.«Cada hombre de entre los hombres tiene múltiples necesidades, pero en realidad, todos ellos no tienen necesidad más que de una única cosa, a saber, acordarse de Dios verdaderamente: si ellos han adquirido esto, ninguna cosa no les faltará, que ellos la posean o que no la posean. (Shaykh al´Arabî ad-Darqâwî)

Nirvâna. "Extinción"; estado supremo de absorción del Ser en Brahman. El termino Nirvana significa literalmente "extinción del soplo o de la agitación", es decir el estado de un ser que no está sometido ya a ningún cambio ni a ninguna modificación, que está definitivamente liberado de las formas, así como del resto de los accidentes o ataduras de la existencia manifestada.

No-ser. El Ser puro es la unidad o principio de la manifestación, más allá de la cual está la no-manifestación, cuya referencia se da como No-Ser. Pero este No-Ser no es la nada, esta última significando la pura imposibilidad; al contrario es la plena realidad, ya que la manifestación es contingente, y su origen, o sea el Ser, está contenido en el No-Ser. Luego el No-Ser equivale al absoluto incondicionado o totalidad. A él únicamente podemos acceder con el uso de términos negativos, ya que con cualquier afirmación nos encontraríamos en el dominio del Ser.

Expresión de René Guénon, utilizada para designar lo que está «más allá del Ser». Esta expresión está calcada de la terminología extremo-oriental (wu-wei, no-acción); no hay que confundir el No-Ser guenoniano con la nada (o no ser): para evitar esta confusión, F. Schuon utiliza con preferencia el término «Sobre-Ser».

No-dualidad. También no-dualismo o Advaita. «Sin admitir más irreductibilidad absoluta que el monismo, el "no-dualismo" difiere profundamente de éste, pues no pretende de modo alguno que uno de dos términos sea pues, y simplemente, reducible a otro: los contempla a uno y a otro simultáneamente en la unidad de un principio común de orden más universal y en el cual ambos están igualmente contenidos, no ya como opuestos, sino como complementarios, por una especie de polarización que no afecta en nada a la unidad esencial de ese principio común» (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes»)

Nueva Era. Impostura de gran extensión hoy en día en la que se mezclan de manera caótica y comercial todas las desviaciones y herejías mantenidas a raya durante siglos. Encontramos aquí un neo-paganismo, neo-panteismo, culto a los espíritus (espiritismo), adivinación, sicologismos de toda índole, pseudo-orientalismos, mancias, y todo tipo de talleres de astrología, biorritmos, dinámica mental, trabajo corporal, hipnosis, sanación etc. etc. No encontraremos nada espiritual en todo este inventario. No lo hay.

En la base de todo este embrollo está la confusión entre lo síquico, para-psiquico, emocional o simplemente sensorial con lo espiritual. 

El fenómeno, en realidad, no es nuevo. Lo que es nuevo es la popularización creciente y masiva de ciertas heterodoxias que hasta el momento se habían mantenido limitadas. El gran error que comete el movimiento Nueva Era es el de confundir los ámbitos psíquicos con los espirituales. En palabras de René Guénon: «Es una consecuencia natural del hecho que los occidentales, desde hace ya largo tiempo no saben distinguir más el "alma" del "espíritu" (y el dualismo cartesiano tiene seguramente mucho que ver con ello, pues confunde en una sola y misma cosa todo lo que no es el cuerpo, y esta cosa vaga y mal definida se designa indiferentemente con uno u otro nombre». Esta confusión puede darse de dos formas inversas: «en la primera lo espiritual es reducido a lo psíquico (se pretenden dar explicaciones psicológicas a las verdades espirituales); en la segunda el psiquismo es por el contrario tomado por lo espiritual» y es precisamente este caso el que se da en la «Nueva Era».

Enseñan las doctrinas tradicionales que el hombre está constituido de cuerpo, alma y espíritu (soma, psiqué y nous en la tradición greco latina); que refleja la constitución misma del universo como imagen de Dios. Así como la integralidad del hombre es triple, siguiendo la ley de correspondencias, también lo es el alma; esta triple constitución del alma la denominaban los filósofos escolásticos con los nombres de alma racional, alma irascible y alma concupiscible, lo que se podría traducir hoy por mente, emociones y sentidos. En todas estas divisiones siempre se establece de forma natural una jerarquía entre los diferentes estado o facultades del ser humano, como del universo todo. Así, en el hombre, el espíritu debe imperar sobre todo el conjunto, acto seguido vendría la razón, la emotividad y, por último, los sentidos, estrechamente ligados ya al cuerpo.

En los diferentes grupos Nueva Era vemos, por el contrario, imperar no ya el Espíritu, ni siquiera la razón, sino la emotividad pura, cuando no los sentidos mismos, por esta auténtica manía de experimentarlo todo, como si la pura experiencia sin doctrina alguna pudiese provocar el más mínimo conocimiento o realización verdadera.

Así en este tipo de movimientos nueva-era, el hombre, dominado por la naturaleza más baja de su ser, queda sujeto a los contínuos vaivenes de la emocionalidad que le impiden obtener la estabilidad necesaria para levar a cabo su crecimiento normal.

La pretensión de una realización espiritual en el ámbito mental propia del movimiento nueva-era es una imagen prácticamente invertida de la Tradición, tomando el aspecto de una grotesca parodia, marca que revela su naturaleza pues como es bien sabido; «Satán es el mono de Dios»

Mas información información en "Las Grietas de la Muralla" de la página Amnesia.

 

Ocio. (Otium). «Con esta palabra ha sucedido lo opuesto que con "Labor": la misma hoy ha asumido casi sin excepción un significado negativo. Es ocioso, según la acepción moderna, aquel que es inútil para consigo mismo y los demás. Se ocioso y ser indolente, vago, inactivo, desganado, inclinado al "dolce far niente" de la Italia de las mandolinas para el gusto de los turistas de hoy, representa más o menos la misma cosa. En vez latinamente "otium" significaba un tiempo libre, correspondiente esencialmente a un estado de recogimiento, de calma, de transparente contemplación. El ocio en sentido malo –sentido conocido también en la antigüedad– aparecía tan sólo como aquello a lo cual el mismo puede conducir cuando es usado mal: únicamente en estos casos se puede decir, por ejemplo, "habescere otio" u "otio fiffluere", es decir, atontarse o deshacerse a causa del ocio. Pero éste no es el significado prevaleciente. (...) El "otium" es vinculado estrechamente con la tranquilidad de ánimo del sabio, con aquella calma interior que permite alcanzar los ápices de la contemplación: y la contemplación, se es comprendida en sentido justo, tradicional, no significa evasión del mundo y divagación, sino profundización interior y elevación hasta la percepción de aquel orden metafísico que todo hombre verdadero no debe cesar de tener en vista en su vida y lucha en un Estado terrenal.

Por lo demás en el mismo Catolicismo (cuando aun no se había resuelto honrar al Cristo trabajador a quien se homenajea ahora un Primero de Mayo y no se había aun operado la "apertura hacia la izquierda") ha figurado la expresión "sacrum otium", "ocio sagrado", con referencia justamente a una actividad contemplativa. Pero en una civilización en la cual cada acción ha terminado asumiendo los caracteres grises, físicos, mecanicistas y mercenarios de un trabajo incluso cuando es desarrollado por la mente (...) el significado positivo y tradicional de la misma contemplación tenía que perderse. Y es así que, en lo relativo a la moderna, es el caso de hablar no tanto de una "civilización activa", cuando de una civilización de agitados y neuropáticos. Como compensación al "trabajo" y como reacción ante el desgaste de una vida embrutecida en un vano actuar y producir, el hombre moderno no conoce en efecto el "otium" clásico, el recogimiento, el silencio, el estado de calma y de pausa en el que se vuelve hacia sí mismo y se reencuentra a sí mismo. No: él conoce sólo la "distracción" (en el sentido literal, pues distracción significa dispersión): busca sensaciones, busca nuevas tensiones, busca nuevos excitantes, casi en un marco de estupefacientes psíquicos. Todo esto con tal de escaparse de si mismo, con tal de no hallarse solo consigo mismo, aislados del ruido externo y de la promiscuidad con el propio "prójimo". De allí la radio, la televisión, el cine, los cruceros, el frenesí por "meetings" deportivos o políticos en un régimen de masas, necesidad de oír, de cazar el hecho nuevo o sensacional, "fanatismos" de todo tipo, y así sucesivamente. Todo expediente parece haber sido puesto diabólicamente en obra para que cualquier vida verdaderamente interior sea destruida, para que toda defensa interior de la personalidad sea impedida anticipadamente, para que, casi como un ser artificialmente galvanizado, el individuo se deje llevar por la corriente colectiva la cual, naturalmente, según el denominado "sentido de la historia" va hacia delante en un ilimitado progreso». (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Ontología. Ciencia del Ser.

Ontológico. Que tiene relación con el Ser.

Originalidad. «La pretendida originalidad intelectual que contribuye, por una buena parte, al nacimiento de los sistemas filosóficos es, incluso para los occidentales, algo completamente moderno que la Edad Media todavía ignoraba: las ideas puras y las doctrinas tradicionales nunca han constituido la propiedad de tal o cual individuo, y las particularidades biográficas de aquellos que los han expuesto e interpretado, son de mínima importancia. (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

Ortodoxia. Una doctrina es ortodoxa cuando está de acuerdo con los principios universales, que constituyen propiamente el ámbito de la metafísica. El conocimiento de estos principios se realiza a través de un "órgano" que recibe diferentes nombres como «ojo de la budhi», «intuición intelectual», «operación del espíritu» etc. Como es lógico el buscador no posee al comienzo de su búsqueda esta intuición intelectual que le permitiría discernir entre lo verdadero y lo falso o entre lo ortodoxo y lo herético por lo que debe recurrir a otros medios para saberlo. Ante todo hay que saber que toda Tradición es de origen no humano y por ello toda doctrina debida al esfuerzo mental de una persona no puede ser considerada una doctrina tradicional sino simplemente un sistema filosófico. Por otra parte al ser los Principios los mismos para todos los que han tenido conocimiento de ellos, sus doctrinas deben forzosamente coincidir en sus niveles más altos para posteriormente adaptarse a la mentalidad de la gente a la que sean dirigidas y esa es la causa de que encontremos diferencias entre las diversas formas tradicionales, pero todas deben de coincidir en sus escritos metafísicos. El estudio de la metafísica de las tradiciones reconocidas como el Cristianismo, el Islam, el Hinduismo, etc. dará un conocimiento de los principios suficiente para ejercitar el discernimiento. Por otra parte la heterodoxia es sinónimo de falsedad y encierra siempre contradicciones y por ello tras un examen siempre se descubre algún absurdo. Una vez situados dentro de una forma tradicional, para ver si algo es o no ortodoxo debe confrontarse con las escrituras sagradas de esa forma tradicional y ver si no se excluyen.

 

Paciencia. Patientia. «El significado moderno con respecto al antiguo acusa nuevamente un embotamiento y una desvalorización. Hoy es denominado paciente al que no se enoja, no se irrita, al que tolera. En la lengua latina la "patientia" designaba a una de las "virtudes" primarias del hombre romano: comprendía la idea de una fuerza interior, de una indestructibilidad, aludía a la capacidad de mantenerse firme, de tener el ánimo no turbado ante cualquier revés y cualquier adversidad. Por tal causa se dijo que era propio de la raza de Roma el poder cumplir grandes cosas, sea de "padecer" acontecimientos adversos de no menor entidad (véase el conocido dicho de Livio: "et facere et pati fortia romanum est = es del romano hacer como padecer cosas fuertes). El significado moderno resulta en vez, con respecto al otro, totalmente deformado. Como ejemplo de una naturaleza típicamente "paciente" hoy es indicado el asno. (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Panteísmo. Doctrina que sostiene que el universo es Dios, por continuidad substancial.

Pantocrator. Palabra griega que significa «todo poderoso» (omnipotens).

Parusia. Venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos.

Piedad. Pietas. «No es ni siquiera necesario decir qué significa hoy una "persona piadosa". Se piensa en una actitud sentimental en gran medida humanitaria, sensiblera, y "piadoso" es casi sinónimo de compasivo. En la antigua lengua latina la "pietas" pertenecía en vez al dominio de lo sagrado, designaba la especial relación en la cual el hombre romano se encontraba con las divinidades en primer lugar, luego con otras realidades vinculadas al mundo de la Tradición, comprendido el mismo Estado. Frente a los dioses, se trataba de una actitud de calma, de digna veneración: sentimiento de pertenencia y al mismo tiempo de respeto, de memoriosa referencia, también de deber y de adhesión, como valoración del mismo sentimiento sus citado por la figura severa del "pater familiae" (de allí la "pietas filialis"). Tal como se ha mencionado, la "pietas" podía manifestarse también en el campo político: "pietas in patriam" significaba fidelidad y deber respecto del Estado y la patria. En algunos casos la palabra en cuestión admite también el injusto, casi el impío, es aquel que desconoce el lugar que le es propio y que debe mantener en un orden superior, divino y humano al mismo tiempo. (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Pleroma. Palabra griega que significa «plenitud» y cuya interpretación resulta difícil. En la epístola a los Colosienses (I, 19 y II, 9) , designa la reunión de todo el universo en el Cristo resucitado.

Potencia. La potencia no puede definirse más que con relación al acto. El acto es el principio de perfección de un ser; la potencia es el de la medida en la cual él participa en esa perfección, es decir sobre el modo particular según el cual él la posee y sobre los límites en los cuales él la recibe.

Pradhana. Traducido por «naturaleza». Es la materia primordial. Tiene aquí el sentido literal de naturaleza no evolucionada. Significa lo mismo que prakriti, el opuesto de purusha, el espíritu en la filosofía sankhya. Para Sankara diríamos que se refiere al punto más lejano en la manifestación. Y es inconsciente, pura pasividad por lo que coincide con la materia del platonismo: la máxima rarificación de lo Uno. El Espíritu en su máxima alineación, como diría Hegel, se llama materia. En el contexto de la metafísica sankariana es una creación de la ilusión cósmica.

Prakriti. La sustancia universal indiferenciada, la Naturaleza Creadora, que forma junto a Purusha un par indisociable. Principio femenino de la manifestación universal. Prakriti es a veces traducida por «naturaleza» o «substancia», pero no es la materia en el sentido moderno de la palabra. Prakriti produce la manifestación bajo la influencia de Purusha, el principio masculino.

Pralaya. Disolución cósmica al fin de un ciclo de manifestación.

Procesión. Acción por la cual, en la Trinidad, una Persona divina da origen a otra Persona.

Progreso. «Los creyentes en esa fantasía moderna llamada "progreso" suponen que la "edad dorada" está situada en el provenir y no, como lo expresan todas las tradiciones, en el pasado, pero un pasado en el que domina lo intemporal, antes de la "caída" en la exterioridad. La superstición del "progreso" es una ilusión peligrosa en todos los aspectos porque significa ceguera espiritual, falta de visión para la realidad inmediata y el tiempo presente, y un desconocimiento del proceso epocal, con las consecuencias a la vista» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular).

«Refiere Guénon el caso de un hindú, el cual tenía verdadero conocimiento del Occidente moderno; al preguntársele la opinión que merecía la ciencia occidental a los orientales que habían tenido acceso a ella, manifestó lo siguiente: "se trata de un saber ignorante". Manifiesta también que en el Oriente en general no se experimenta ninguna dificultad para penetrar los saberes especializados del Occidente, por estar acostumbrado el primero a especulaciones mucho más profundas. Por todas estas razones, a los orientales les resulta ridícula la noción moderna de "progreso" existente en Occidente, ya que además de carecer ella de sentido lógico como anteriormente dijimos, este supuesto progreso lleva a una necesidad compulsiva de movimiento, renovación y cambio en todas las dimensiones de la realidad sensible, movimiento sin finalidad alguna si no es la ilusoria que domina el mundo material. Esta agitación incesante y maníaca constituye para el mundo oriental una muestra típica del deterioro progresivo en los niveles superiores del ser humano (...) el "progreso" material se produce invariablemente a expensas del intelecto» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Tanto el nombre de civilización como el de progreso a él vinculado, en el sentido que le damos a ambos actualmente, son el producto de ideas y tendencias recientes y fueron inventados hace dos siglos, precisamente en la segunda mitad del siglo XVIII. La concepción de progreso indefinido aparece en a segunda mitad del siglo XVIII, e hizo convencer a la especie humana que había entrado en una nueva era. Los términos civilización y progreso como muchos otros parecidos y en boga en la actualidad, tomándolos en su significado absoluto no corresponden a ninguna realidad, carecen de sentido y pueden únicamente tener una razón instrumental de fuerte efecto «en ciertas frases vacías y declamatorias, muy apropiadas para impresionar a la multitud y en las cuales la palabra sirve menos para expresar el pensamiento que para suplir su ausencia» (R. Guénon, Oriente y Occidente)

Esta fantasía de progreso, y especialmente de progreso indefinido, es una de las grandes supersticiones de la época actual y obedece a un optimismo creado ex profeso. Nadie puede negar la existencia del progreso material en Occidente, pero el error consiste en tomar esa palabra progreso en sentido absoluto y no relativo. En el primer caso, este supuesto progreso es en realidad decadencia, por haberse alejado el hombre de su centro originario. En el segundo obedece a la ilusión del mundo fenoménico. Tal evidencia hizo decir con mucho tino a representantes de civilizaciones tradicionales, que lo que los occidentales llaman su "civilización", es en rigor de verdad, lisa y llanamente, barbarie, al faltarle a esa supuesta civilización lo único esencial: el conocimiento intelectual superior, sin el cual todo lo demás es un mero vagar en las sombras.

«La tesis del progreso indefinido, por lo demás, topa con la contradicción siguiente: si el hombre ha podido vivir durante milenios bajo el dominio de errores y necedades –suponiendo que las tradiciones no sean sino eso, y entonces el error y la necedad serían casi inconmensurables–, la inmensidad del engaño sería incompatible con la inteligencia que se atribuye al hombre como tal y que obligadamente se le ha de atribuir; dicho de otro modo, si el hombre es lo bastante inteligente para llegar al "progreso" que nuestra época encarna -suponiendo que sea una realidad–, a priori es demasiado inteligente para haberse dejado engañar, durante milenios, por errores tan ridículos como los que el progresismo le atribuye; pero si, por el contrario, el hombre es lo bastante tonto para haber creído en ellos durante tanto tiempo, también es demasiado tonto para salir de ellos» (F. Schuon, Castas y Razas)

«Se hace cada vez más evidente que la supuesta superioridad de la sociedad occidental "progresista" sobre las sociedades "estancadas" de Oriente es bastante dudosa. Nuestro progreso ha sido casi exclusivamente técnico, lo que significa que podemos manejar el mundo físico con más sensacionalismo para ganar velocidad, espacio y posibilidades de la existencia material, sin tener ninguna idea clara de lo que hemos de hacer con el tiempo que ganamos y las capacidades que adquirimos. Tenemos que poner en duda el que hayamos producido una persona más espiritual que Cristo, o más sabia, en el sentido cualitativo, que Platón o santo Tomás. Hemos multiplicado los libros y extendido las informaciones en una medida inigualada en la historia; pero la mera información, el mero conocimiento de hechos, es infinitamente divisible y puede aumentarse por análisis sin que haya ningún aumento importante en calidad ni en extensión real» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Psicología. Pseudo-conocimiento basado en la concepción dual del hombre como un cuerpo físico que contiene y produce una mente. Se pretende entonces comprender la mente desde su propio nivel –lo cual es absurdo– o peor todavía desde el nivel inferior biológico. Al margen de algunos éxitos y alivios puntuales en su nivel, que no de desdeñan y que en un momento dado pueden ser perfectamente legítimos como un mal menor, esta pseudo-ciencia deforma totalmente la mentalidad y por tanto la captación del mundo de sus inadvertidos seguidores. Según la moderna psicología el motor de todas las actuaciones humanas es el subconsciente, que domina al hombre por entero; así todo lo que es superior en el hombre, lo espiritual, se explica por lo inferior, lo pasional. En Freud todo lo humano se reduce a impulso sexual (perversión sexual diríamos mejor a juzgar por sus "teorías") y miedo a la muerte.

En la concepción ternaria tradicional y cristiana del hombre, espíritu, alma y cuerpo están no solamente en planos jerárquicos decrecientes sino, igualmente, en proporciones que hacen del alma una minúscula parte y del cuerpo, una traza ínfima, en este conjunto. Esta realidad jerárquica es la que permite comprender, integrar y equilibrar los planos de los superior, el espíritu, hacia lo inferior; alma (psique, mente) y cuerpo.

El error básico de la sicología moderna consiste en ignorar que existe un ámbito superior a la psique: el intelecto. Este intelecto o espíritu es el único que puede iluminar el mundo incierto y fluctuante de la psique, sólo él puede ofrecer una perspectiva objetiva que los sicólogos profanos se muestran incapaces de encontrar; ya que «la psique es el objeto de la psicología y desgraciadamente es al mismo tiempo su sujeto». Si podemos percibir esta subjetividad propia y definitoria del alma humana es, precisamente, porque existe algo en nosotros que escapa a ella: el espíritu.

Por último, la cura del alma únicamente es posible en el seno de la tradición, que ofrece los recursos apropiados. «La psique no se deja curar por medios psíquicos... sólo puede ser curada por algo que se encuentre "fuera" o "por encima" de ella» (T. Burckhardt)

Mas información sobre las imposturas sicologistas en «Sobre Psicología» de la página Amnesia.

Purusarthas. Los valores o deberes de la vida, que son: el placer sensual (kama), la riqueza o el poder (artha), la virtud (dharma), y finalmente la liberación (moksa). Si kama y artha aseguran un cierto bienestar en este mundo y si el dharma es el garante del gozo celeste, en un ciclo que no es aún el estado final y absoluto del hombre, el moksa como nihsreyasa (lo que está allende el bienestar) trasciende los tres anteriores.

Purusha. Principio espiritual que designa a Brahman, el Ser, el Si-Mismo, que forma con Prakriti una pareja indisoluble. Principio masculino de la manifestación universal; traducido a veces por "espíritu".

 

Quididad. Lo que en un ser responde a la pregunta: ¿Qué es esto? (quid sit?). en el orden del Ser, la respuesta es la esencia; en el orden de la operación, es la naturaleza.

 

Racionalismo. «Es la creencia en la supremacía de la razón, en forma de un verdadero dogma, negando lo supraindividual, o sea la intuición intelectual pura, lo cual significa la exclusión de todo verdadero conocimiento metafísico» (R. Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos)

«A través de las etapas de decadencia atravesadas por Occidente, la desviación y la anulación de lo intelectual fue llegando progresivamente a muy bajos niveles. Por ejemplo, en la filosofía moderna Descartes pretendió limitar la inteligencia a la razón. En efecto, con el racionalismo se identificaron ambas cosas, logrando la razón nada más que "claridad y distinción". A su vez con el empirismo no pudo ir el pensamiento más allá del dominio de la materia y de los fines prácticos. El racionalismo, sin embargo, no pudiendo elevarse a la verdadera intelectualidad, por lo menos llegó a una verdad relativa. En cambio el intuicionismo contemporáneo va más allá, rebajando la intelectualidad a tal punto que las facultades más elevadas no serían más que representaciones de la realidad sensible. Por fin, para el pragmatismo ya no queda ningún lugar para los niveles superiores, al asimilar la verdad a la utilidad, con lo cual se suprime totalmente el intelecto humano. Para esta última orientación del pensamiento ya no importa la verdad en un mundo donde no hay posibilidades de conocimiento real, sino únicamente aspiraciones a lo exterior y a la pura mecanicidad.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

En el Occidente de nuestro días, cuando se habla de inteligencia, existe una referencia implícita a su dominio inferior, es decir, a la razón. Guénon señala muy acertadamente como error racionalista el hecho de limitarlas facultades intelectuales a no sobrepasar el orden racional. Añade al respecto que se han autotitulado racionalistas en el curso de la Edad Moderna, quienes eran meros negadores de todo aquello que pudiese sobrepasar la realidad sensible y además adoradores de la diosa razón. Por lo demás, considera que no estaban capacitados para ver que más allá de lo racional, facultad meramente individual y limitada, está lo suprarracional, es decir, lo intelectual puro, lo que supera el ámbito del individuo para entrar en lo universal. Este último es, metafísicamente hablando, el campo de lo intelectual en el verdadero sentido de la palabra.

La negación del intelecto puro rebaja la inteligencia a lo meramente racional y discursivo, marco estrecho que pretende encerrar lo verdadero en lo expresable y puerta abierta a todas las confusiones inconscientes y también intencionales propias del pensamiento moderno. Por causa de tales imprecisiones, muchas veces se toma por profundidad intelectual lo que es simple nebulosidad y oscuridad expositiva deliberada, y donde muchos desarrollos interminables son simplemente problemas ex profeso mal planteados. Es común que algunos pensadores contemporáneos efectúen largos desarrollos para demostrar hipótesis sin mayor trascendencia.

No se puede reprochar a nadie no poder llegar más lejos de allí donde sus facultades se lo permiten, pero la tendencia tan común en los medios pseudo-intelectuales modernos de querer negar a otros la posesión de aquello que a uno le falta, revela una verdadera limitación mental propia de estos tiempos. Hay que reconocer lo que vale la razón, la cual tiene incontestablemente su ámbito, pero no caer en la aberración racionalista que consiste en negar lo superior, o sea invalidar la metafísica.

«En la crítica racionalista de los dogmatismos, no todo es rechazable de entrada, pues los contrasentidos –reales aunque extrínsecos– que se encuentran en las imaginerías religiosas provocan forzosamente dudas y protestas, en ausencia de un esoterismo sapiencial que pueda colmar las fisuras y reducir las disonancias accidentales a la armonía de la substancia. No carece de relación con la fatal limitación de los dogmatismos, por otra parte, su desdén por la inteligencia –que buscan reducir a la "razón"– en función de su llamamiento al creer tan solo. Siendo esto así, ni que decir tiene que no se puede hacer un reproche a todos aquellos que no pueden evitar constatar los perjuicios de una piadosa ininteligencia de la que el campo fideísta ofrece muchos ejemplos; el que algunos saquen de estas constataciones las conclusiones más falsas y se complazcan en las generalizaciones más abusivas es una cuestión completamente distinta. Sea como fuere, el que las reacciones del increyente y las del esoterista puedan coincidir es un hecho que no excusa los errores del incrédulo, como tampoco invalida las tesis del metafísico.

El hombre que rechaza la religión porque la literalidad de ésta a veces parece absurda –a causa de un desglose y una dosificación que exigen la cristalización formal y la adaptación a una mentalidad colectiva intelectualmente mínima–, ese hombre ignora algo esencial, pese a la legitimidad lógica de su reacción: a saber, que la imaginería a primera vista contradictoria vehicula datos que en última instancia son perfectamente coherentes e incluso de una evidencia deslumbrante para todo aquel que sea capaz de presentirlos o captarlos» (F. Schuon, Aproximaciones al Fenómeno Religioso)

Râga. Término de la música hindú. Modo melódico compuesto de cinco a siete notas distribuidas en la escala diatónica según un orden particular. Cada raga tiene su dominante ligada al tema que la define. Modo musical, fórmula melódica que corresponde a un momento o a un estado del alma específico.

Rajas. Una de las cualidades (gunas) de la naturaleza, caracterizada por el movimiento y la pasión. Una de las tres gunas, tendencia dinámica, expansiva, apasionada.

Rasa. "Perfume" o "Sabor" de una obra poética o musical. La emoción provocada en el auditor por los sentimientos expresados artísticamente.

Ver el documento «Abhinavagupta y el Arte Tradicional» de la página «Kali Yuga»

Raza. «La casta está por encima de la raza porque el espíritu es superior a la forma; la raza es una forma, la casta un espíritu. Ni siquiera las castas hindúes pueden limitarse a una raza: hay brahmanes tamules, balineses y siameses. Sin embargo, es imposible admitir que las razas no signifiquen nada fuera de sus características físicas, pues, si bien es cierto que los constreñimientos formales no tienen nada de absoluto, no por ello pueden las formas carecer de razón suficiente; si bien las razas no son castas, deben corresponder, sin embargo, a diferencias humanas de otro orden, un poco como diferencias de estilo pueden expresar equivalencias espirituales, a la vez que indican divergencias de modo» (F. Schuon)

«Para comprender el sentido de las razas, es importante ver ante todo que derivan de aspectos fundamentales del género humano y no de alguna causa fortuita de la naturaleza. Si bien hay que rechazar todo racismo, también hay que rechazar un antirracismo que peca en sentido contrario al atribuir las diferencias raciales a casualidades y al querer reducir a nada esas diferencias mediante consideraciones sobre los grupos sanguíneos interraciales, etc., es decir, confundiendo planos distintos. Las mezclas raciales son buenas o perjudiciales según los casos: pueden "airear" un medio étnico que se ha vuelto demasiado "compacto", al igual que pueden bastardear un grupo homogéneo dotado de cualidades precisas y preciosas» (F. Schuon)

Lo que los racistas nunca han comprendido es que la herencia psíquica es cualitativamente más diferente de una casta natural a otra –aunque la raza fuera la misma– que entre individuos de igual casta y razas distintas; las tendencias innatas y personales son más importantes que los modos raciales; de esa manera tienen más en común dos metafísicos de diferentes razas que un contemplativo y un shudra de la misma.

 

Realización metafísica. Liberación o Moksha. Deificación, en el lenguaje del Cristianismo Ortodoxo Oriental. Consiste en la realización total e incondicional. Supone para el ser humano la liberación de las determinaciones propias de su particular estado de manifestación. Este concepto es muy difícil de entender en la actualidad en su realidad profunda, ya que no existen los términos correspondientes para comunicarlo correctamente. Ocurre que las lenguas modernas son muy poco metafísicas. En efecto, ellas evidencian una notable pobreza en términos y sonidos en comparación a las tradicionales. Además nuestras categorías mentales están distorsionadas por una educación de tipo acumulativo y nos resulta casi imposible comprender que en la realización metafísica se trata, no de adquirir conocimientos en la multiplicidad manifestada, sino de eliminar lo que impide llegar a la última realidad, o sea disipar las tinieblas que oscurecen la luz de la verdad. Con palabras convencionales y tomando analógicamente la experiencia mística, hay que llegar a la «clara luz del vacío». Así, llegándose a la superación total de la mente racional, penetra la visión intelectual, que es la verdad absoluta de lo suprarracional, o intuición inmediata del Todo.

La finalidad de la realización metafísica es la liberación, lo que significa romper los límites de la individualidad. En efecto, «el verdadero conocimiento disipa la ignorancia como la luz disipa las tinieblas» y «como la ignorancia es limitación y nace de ilusorias apetencias mundanas, cuando desaparece la ignorancia desaparece esa limitación que caracteriza la individualidad». Al anularse esa frontera se produce la liberación (Moksha en sánscrito) por haberse trascendido lo individual, entrando en la Totalidad o sabiduría de Brahma, quien según el Vedanta es «la Verdad, el Conocimiento y el Infinito».

Reencarnación. Tantas son las fantasías y despropósitos que se están difundiendo actualmente en occidente en torno a este concepto, que sería necesario todo un tratado específico para aclararlo. Baste de momento con señalar un comentario de René Guenon en su "Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes": "Todos los orientales (salvo quizás algunos ignorantes más o menos occidentalizados cuya opinión es sin ningún valor) se oponen unánimemente a la reencarnación. Además, su carácter metafísicamente absurdo es demostrable muy fácilmente, ya que admitir que un ser pueda pasar varias veces por el mismo estado, equivale a suponer una limitación de la Posibilidad Universal, es decir, a negar lo Infinito, y esta negación es, en ella misma, contradictoria en supremo grado".

La reencarnación sería el paso por sucesivos estados del ser en los que el alma va liberándose progresivamente del apego a las formas; formas físicas en este mundo físico que conocemos y por el cual no se vuelve a pasar, formas sutiles en los mundos sutiles o intermedios. Salvando las distancias y simplificando, el equivalente cristiano sería el purgatorio.

Lo que sí es posible, y esto es lo que confunde y despista a algunos, es que algunos restos síquicos, algunas tendencias "pasen" de unos seres a otros según determinadas leyes de semejanza; sería algo así como un traje que, una vez que una persona muere, es heredado por otra persona de las mismas características físicas (incluso cada parte del traje por una persona diferente), pero la verdadera identidad ya no está dentro de ese traje, aunque a una mirada lejana y no avisada pudiera parecérselo.

Un excelente trabajo sobre los estados Post-Mortem es "Muerte, Esoterismo y Reencarnación" de J. Alexander, en la página Sabiduría Universal.

En esa misma página se encuentran asimismo otros interesantes documentos sobre el tema: "Sobre la Reencarnación" de René Guénon; el documento "René Guénon y la Reencarnación" y también "Post Mortem y Liberación según Shankaracharya" de Gian Giuseppe Filippi.

Relación. Relación de una cosa con otra cosa (esse ad aliud), una de las diez categorías de Aristóteles. En la teología trinitaria esta palabra designa las relaciones que ligan a las Tres Personas divinas.

Religión. Para que una doctrina tradicional se manifieste según una expresión religiosa, debe poseer necesariamente tres elementos: un dogma, una moral y un culto. El primero es el elemento intelectual, común a la forma religiosa y metafísica de las tradición, el segundo es el costado social, y el tercero tiene facetas de los dos primeros. Especialmente en su aspecto mora, la religión, a diferencia de la metafísica, trasunta características sentimentales que a veces oscurecen la luz pura del Absoluto. El sentimiento participa del mundo de los sentidos, el cual es superado por la metafísica. Esta última se desenvuelve en el campo meta empírico del concepto puro. En el campo religioso se habla de creencia y no certidumbre. La certeza es una consecuencia de la pura intelectualidad. Ella es esencialmente metafísica. La creencia, en cambio, es una manifestación de la fe religiosa. En el Occidente moderno se ha hiper-desarrollado la cobertura sentimental de la tradición, debido al materialismo en boga. Los aspectos exteriores han impuesto hasta hacer de la religión una verdadera superstición en sentido estricto. En efecto, como surge de la palabra, una superstición es algo que sobrevive, como únicamente sobrevive, como únicamente sobrevive en la actualidad la letra y el ritual religioso. De éste, la inmensa mayoría desconoce su profundo significado espiritual.

En el mundo moderno, y debido al olvido del conocimiento profundo, el cristianismo ofrece el aspecto exotérico (externo) de la tradición originaria, siendo por lo tanto una religión en el verdadero sentido de la palabra. Ello no ocurrió en sus comienzos cuando tuvo, al realizar su dimensión metafísica, un carácter esotérico y por lo tanto iniciático. En ese tiempo no se transmitía a todos indistintamente el misterio real de la doctrina cristiana. Recordemos lo que dice el Evangelio: «A vosotros se os concede el conocer los secretos del Reino de Dios; pero a los otros sólo en parábolas, par que viendo, no vean, y oyendo, no entiendan» (Luc. VIII, 9-10). A partir de la conversión de Constantino y del Concilio de Nicea, la verdadera doctrina primitiva se fue encerrando en organizaciones cada vez menos abiertas, para dar paso a una religión dirigida al aspecto externo y social de la tradición. Las formulaciones dogmáticas significaron sancionar una adaptación a las circunstancias históricas hasta haberse llegado en la actualidad, a olvidar totalmente el significado espiritual de la doctrina originaria.

«Los principios transcendentes que son percibidos directamente merced a la intuición intelectual pueden captarse y recibirse no directamente, sino eclipsados o modificados, a través de sentimientos e intereses síquicos. Tal es el caso de las realidades metafísicas cambiadas en creencias religiosas. Ahora no se trata del momento de la intuición intelectual, sino de la fe, y tampoco nos encontramos en el campo de la metafísica, sino en el de la religión. Este conocimiento indirecto o prejuicioso de los hechos metafísicos les arrebata su profundidad connatural y por eso se trata de un fenómeno exotérico o de una comprensión, no de la médula, sino de la cáscara de esencias más hondas (...) Las civilizaciones metafísicas y las religiosas son, fuera de toda duda, tradicionales, pero en diferentes grado, porque los principios se conservan con diferente limpidez. Razonablemente, la prenda de subsistencia tradicional de las comunidades religiosas o exotéricas radica en el hecho de que en su cauce sobrevivan grupos esotéricos que las preservan de su intrínseca inclinación hacia la exterioridad» (F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

«Puesto que el mundo occidental de nuestros días la religión es lo que más se aproxima a la metafísica, será necesario, al descubrir las doctrinas metafísicas, transponerlas a sus equivalentes religiosos. Esto es de la mayor importancia debido al supuesto conflicto entre una metafísica como la del Vedanta y una religión como el catolicismo, conflicto que en verdad es tan absurdo e imposible como el que pudiera pensarse entre la música y la danza. En realidad, es muy común que el occidental medio piense que todas las doctrinas acerca de la Realidad última y del fin verdadero de la vida humana son religiosas en el mismo sentido que las propias. Pero este supuesto es falso, y es causa de mucha controversia y animosidad innecesarias. Digamos aquí, pues, que por necesario que sea el punto de vista metafísico en el mundo occidental, no existe el menor conflicto entre él y la ortodoxia católica más tradicional y completa. Si existe alguna objeción a esta ortodoxia, tiene que presentarse sobre fundamentos religiosos y no metafísicos. Por consiguiente no hay absolutamente nada dentro de la metafísica que impida que uno acepte sin reservas o correcciones las doctrinas cristianas tradicionales. La razón de que no haya conflicto es que, como ya se indicó, el conocimiento religioso es mediato, objetivo y analógico, y no pretende ser nada más. Por el contrario, el conocimiento metafísico es inmediato, y tiene lugar en la esfera del intelecto (o del Yo), mientras que la religión es el conocimiento de lo infinito en los términos de la razón, el sentimiento y la sensibilidad. En la religión, la Realidad última, que carece de forma y de representación, es trasladada a imágenes finitas, algo así como cuando se marcan con limaduras de hierro las líneas de fuerza magnética con el propósito de realizar una observación experimental» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)

Ver el documento «Tradición y Religión» de René Guénon.

Renacimiento. Con mucha ingenuidad se llama Renacimiento –dando la idea de renovación y ascenso– a lo que no fue más que el comienzo del declive de la alta civilización espiritual que se desarrollo en esa otra época anterior mal llamada «edad oscura» o Edad Media. El fin de la Cristiandad produjo resultados muy graves, entre ellos el Renacimiento y la Reforma. El Renacimiento fue un renacer cultural de la Antigüedad greco-latina, pero no de su dimensión valiosa y profunda, sino de su nivel superficial, nivel que ya había sido rechazado por la verdadera intelectualidad del Mundo Antiguo. Este fenómeno se produjo especialmente en el terreno de las ciencias y las artes. O sea, la desviación occidental se acentúa con el Renacimiento, el cual representó una verdadera sombra que se expandió sobre la intelectualidad occidental, al nutrirse con lo menos valioso del clasicismo greco-latino. La Reforma acentuó esta divergencia. En efecto, el libre examen y el individualismo significaron el alejamiento extremo de la auténtica doctrina cristiana. Así la Reforma fue el golpe de gracia a la Tradición en su expresión religiosa, siendo el protestantismo una expresión típica del espíritu moderno, el cual compele al cambio incesante y a la manía reformista hasta en el aspecto sagrado. Esta situación ha provocado que por ignorancia se haya pretendido eliminar de una doctrina lo más profundo.

Debemos tener presente que el Renacimiento estuvo relacionado con el Humanismo, tendencia cultural cuyo ideal se proyecta en el hombre y todo lo que no sobrepasa el nivel simplemente humano en su aspecto sensible. En esa época ya se había olvidado lo suprarracional y auténticamente intelectual.

Rishi. Palabra hindú que se podría traducir por «vidente». La palabra vidente, en este contexto, no se refiere a lo que actualmente se designa, desafortunadamente, con éste término. Vidente es aquel que "ve" directamente las realidades divinas (clarividencia=visión beatífica); aquel que tiene el conocimiento, la gnosis. En este contexto no tiene nada que ver con magos, adivinos, brujos, alucinados etc. que tanto proliferan en estos tiempos....

 

Salmodia. La recitación entonada de los salmos en cada una de las horas del Oficio Divino: Maitines, Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. En la entonación tradicional gregoriana a cada salmo le corresponde una antífona según el tiempo o la festividad, en un modo musical específico, que le da el carácter. De esa manera hay diversas entonaciones o cantinelas para el recitado según el carácter del salmo, de la hora, de la festividad, etc. Por otra parte esta manera de recitar un texto sagrado no es exclusiva del cristianismo, pudiendo encontrar formas semejantes en todas las tradiciones ortodoxas. El recitado entonado de los salmos con la entonación gregoriana se mantuvo hasta el Concilio Vaticano II, después del cual se derrumbo esta práctica degradándose lo poco que queda de ella actualmente a un caos de cancioncillas y entonaciones empalagosas o simples recitados a voz natural, con la consiguiente pérdida del carácter contemplativo de esta práctica. Todo esto en el mejor de los casos, porque la mayoría de los cristianos han abandonado esta practica o la siguen de una manera superficial o como una incomoda obligación en el caso de las personas consagradas. Unicamente en algunos monasterios Benedictinos, y no en todos, se conserva y mantiene viva esta maravillosa práctica contemplativa legada por la tradición.

«La salmodia ha logrado descifrar el secreto consistente en la apertura de las palabras sin menoscabo alguno del espíritu; en concretar los sonidos sin, por ello, herir el silencio; en el recogimiento interior del alma que ora con la más personal de las plegarias, mas uniendo aquella con el alma del prójimo en una plegaria pública; en ofrecer al hombre la más emocionante y expresiva fórmula de sus necesidades, pero con súplica que se eleva por encima del objeto de éstas y en la que los gemidos del Espíritu concluyen en alabanza.

Nada que sea tan humilde y tan sencillo a la vez, tan sublime y tan gratuito, tan dinámico y tan contemplativo. Nada, que se halle tan exento de sobresalto, de exaltación, de la más mínima tentativa efectista, de la más mínima mirada sobre uno mismo. Por ende, el cuerpo toma parte en esta obra de alabanza. Y esta participación del cuerpo coadyuda a elevarlo sin exaltarlo, a ocuparlo sin disiparlo, a serenarlo sin ablandarlo. La aparente monotonía del recitado no es sino poderoso impulso de la interioridad del acento, de la reserva suprema de la Fe y del pudor divino del Amor.

En el sentido más alto de la palabra, la Salmodia es música espiritual, interior; y a la par, divina y humana, contemplativa y mística. En el fondo, constituye además una acción inseparable de la Eucaristía, un sacramento por el que se consuma la oración de Cristo en la Iglesia, por la gloria del Padre y la salvación del Mundo.» (Mauricio Zundel)

«La salmodia es siempre una fuente de salud; su melodía calma las pasiones; lo que es la hoz contra los matorrales, el salmo lo es contra la tristeza. Ya que el salmo, cuando es cantado, suprime la depresión del alma, destruye el dolor desde la raíz, atenúa las pasiones, etc.» (Proclus, patriarca de Constantinopla, siglo V)

Samâdhi. Desprendimiento de la Conciencia de los niveles de la manifestación reabsorbidos en ella. Nivel de Realización espiritual. Identificación del sujeto y del objeto, recogimiento perfecto, "enstasis". En el yoga clásico, es el resultado supremo de la ascesis. Pero cada escuela lo ha definido a su manera distinguiendo en él diversos grados. La iluminación. El estado de "enstasis". El último grado de conocimiento asimilado a lo Divino. Equivalente a satori en el ámbito budista.

Sâmkhya. Uno de los seis grandes "puntos de vista" (darshana) de la ortodoxia hindú, que describe 25 principios constitutivos de la manifestación cósmica. Base teórica del yoga clásico, e incluso tántrico. Más cosmológico que puramente metafísico, no es, sin embargo, ni materialista ni ateo como lo han pretendido muchos orientalistas.

Samsâra. "Hecho de recorrer una extensión, de pasar de un estado a otro", flujo moviente de los fenómenos, ciclo de la transmigración. La "reencarnación", a la cual los Occidentales están hoy en día tan aficionados, no es mas que un reflejo disminuido de esta doctrina. Designación general de la experiencia del mundo como algo cambiante, contingente e inestable. Es la existencia condicionada El transcurrir de las existencias, el devenir universal, sin comienzo ni fin.

Samskara. Las raíces profundas de la estructura y las disposiciones de un ser dado, de carácter innato, y también herencias de formas anteriores de la existencia. Tendencias innatas, virtualidades síquicas susceptibles de actualizarse, latencias sicológicas.

Sanatâna Dharma. "Ley" espiritual que debe perdurar para toda una humanidad, durante sus cuatro edades (yuga). Mas específicamente la Tradición Hindú, primordial con relación a todas las otras tradiciones conocidas, y "perpetua" (Sanatana).

Ver el documento «Sanatâna Dharma» de René Guenon.

Sat. El Ser (asimilado a Brahma en la triada Sat-Chit-Ananda). Lo real, lo real absoluto, la existencia.

Sat-Chit-Ananda. Palabra sánscrita que significa Ser-Consciencia-Beatitud, las tres cualidades de la Realidad absoluta (Brahman).

Es el concepto hindú equivalente a la Santísima Trinidad cristiana, en la cual el Padre (Sat; Ser, Consciencia) engendra perpetuamente al Hijo (Chit; existencia) en un flujo permanente de Amor (El Espíritu Santo; Ananda, la Beatitud). Una explicación más extensa es la del Abbé Henri Stéphane en el documento «Interpretación Metafísica de la Trinidad».

Sattva. Una de las tres gunas o cualidades de la naturaleza. La que confiere armonía. Tendencia ascendente, luminosa, consciente.

Shakti. De shak poder, "ser capaz de". La palabra Shakti designa toda capacidad, toda habilidad, todo poder: poder de una palabra, poder poético, poder real, poder de un arma o el arma misma (lanza, arpón, espada). En el ámbito tántrico es la Energía Cósmica, la Potencia activa personificada como una diosa. La Energía no está nunca separada de la Consciencia (Shiva) que la posee. Incluso cuando la Energía parece separarse de la Consciencia (y es solamente entonces que se le puede calificar de "peligrosa"), no es mas que una ilusión. La energía cósmica, simbolizada por la esposa de Dios en tanto que principio animador de este. La potencia de manifestación de Brahman, la Omnipotencia u Omniposibilidad divina. Ver Mâyâ.

El concepto hindú de Shakti es exactamente equivalente al concepto cristiano de Sabiduría (Sophia o Sapientia) arquetipo existente desde antes de la creación y manifestado después en la Virgen María. Quizás es el único concepto hindú que tiene una equivalencia absolutamente exacta con un concepto cristiano.

Shankara. Comentador de los Brahma Sutra, del Bhagavad Guita, de algunos Upanishads, autor de numerosos himnos y tratados. El representante más ilustre del Vedanta no-dualista. Sus himnos devocionales tántricos, menos conocidos, son también admirables.

El más célebre instructor de la doctrina vedantica, de la no-dualidad (advaita); vivió en la India en los siglos VIII y IX de nuestra era.

Ver de este autor la «Meditación de la mañana».

Shekhinah. En la tradición judía, presencia o «habitación» de Dios entre su pueblo.

Shiva. El Bienaventurado, el Propicio. En la Trinidad hindú, aspecto destructor y transformador de lo divino. También el aspecto Consciencia con relación a la Energía, o el aspecto Absoluto sin distinción alguna. Divinidad hindú que, en la metafísica tántrica, designa el aspecto masculino, inmutable y luminoso del principio, por oposición a aquel, «femenino», dinámico y generador, de la pura Shakti.

Shrûti. "Lo que ha sido oído" en lo más profundo de sí mismos por ciertos sabios antiguos llamados rishi. No se trata de textos "revelados" en el sentido religioso occidental sino más bien "inspirados" directamente, obteniendo su autoridad de sí mismos. Escrituras reveladas.

Ser. El Ser es la primera afirmación y determinación en el Todo universal o infinito, objeto de estudio de la metafísica. En el ámbito del infinito podemos decir del Ser que es, pero nada podemos especificar más allá de éste.

El Ser puro es la unidad o principio de la manifestación, más allá de la cual está la no-manifestación, cuya referencia se da como No-Ser. Pero este No-Ser no es la nada, esta última significando la pura imposibilidad; al contrario es la plena realidad, ya que la manifestación es contingente, y su origen, o sea el Ser, está contenido en el No-Ser. Luego el No-Ser equivale al absoluto incondicionado o totalidad.

Si. Si-mismo, Atman, Consciencia, Intelecto, Espíritu, es el Principio transcendente y permanente del cual el ser manifestado, el ser humano por ejemplo, no es más que una modificación transitoria y contingente que no afecta de ninguna manera al Principio. Es la definición que da R. Guénon en el capitulo II de El Hombre y su devenir según el Vedanta.

Es el Si-mismo que queremos significar cuando decimos a un hombre que está comportándose mal: «sé tú mismo» (en sautov genou, Sófocles, Filoctetes 950) pues «todo es intolerable cuando un hombre olvida su propio Si mismo, para hacer cuanto no le conviene" (idem 902-903).

Silencio. «La sabiduría entra por el amor, silencio y mortificación. Grande sabiduría es saber callar y no mirar dichos ni hechos ni vidas ajenas» (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor)

«Una palabra habló el Padre que fue su Hijo y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma» (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor)

«Es más fácil callar siempre que no propasarse con las palabras... En el silencio y la quietud, aprovecha el alma devota y aprende los secretos de las Escrituras» (Kempis, La Imitación de Cristo)

«En el Deuteronomio XXVII, 9 Moisés dice a su pueblo: "Guarda silencio y escucha, Israel" tal es la vocación del monje cartujo: callarse para escuchar la divina palabra pronunciada en el secreto de la interioridad... Así el silencio que constituye el austero adorno del cartujo, se transforma con su crecimiento espiritual en lo que es el oxígeno para todo ser vivo... favorece la contemplación, despoja al ser de toda influencia del ego y lo proyecta en un ir más allá de sí mismo en el sentido del texto de Las Lamentaciones, citado por el prior Guigues II: "Se sentará solitario, se callará y se elevará por encima de sí mismo". Es en el silencio de la celda que se opera la "metanoia", esta incesante conversión del psiquismo y del corazón. Esta perpetua conversión del hombre tiene como consecuencia deshacer los nudos que lo encadenan a las pasiones... Esta conversión está animada y mantenida por la oración que prolonga en el corazón la liturgia exterior» (Marie Madeleine Davy)

«Un día San Francisco hizo un involuntario homenaje al silencio ya que subió al púlpito para decir: «No tengo nada que deciros». Después se santiguó y bajó del púlpito. Hablar por hablar, hablar por deber, hablar para no decir nada, es derrochar algo sagrado» (John Richardson, La Tradición Unánime)

Símbolo. «La palabra "símbolo", en su acepción más general, puede aplicarse a toda expresión formal, verbal o figurada, de una doctrina: no puede tener ninguna otra función o razón de ser que lo que simboliza a la idea, es decir, da una representación sensible de la idea en la medida de lo posible que, por otro lado, será puramente analógica. (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes).

«Lo inferior puede simbolizar lo superior, pero a la inversa es imposible. Además, si el símbolo está más alejado del orden de lo sensible que aquello a lo que representa (en lugar de estar más cercano) ¿cómo podría cumplir con la función a la que está destinado, que es la de hacer a la verdad más accesible para el hombre, suministrando un "soporte" para su concepción? (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)

«La realidad está estructurada en diversos planos o aspectos, y que hay que partir de los niveles sensibles para llegar a los inteligibles, más allá de la forma y aun de la manifestación informal. Los niveles inferiores traducen la realidad de aquellos superiores en forma de analogías. Esta es la esencia de todo simbolismo, ya que el ser humano, por su naturaleza, necesita una apoyatura contingente para llegar a los planos no fenoménicos» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Cada expresión aparente es símbolo de ámbitos ontológicos superiores. A ellos únicamente se puede acceder por vía intelectual. Agregaremos que la naturaleza en su totalidad es una teofanía y un reflejo de la trascendencia divina, evidencia que fue bien conocida en la Edad Media, especialmente en la escuela de San Francisco de Asís.

El símbolo transmite en el plano corporal otras realidades cuyas vías de acceso se dan a través de él, y transitables por quienes son capaces de la concentración y profundización intelectuales para llegar a ellas.

El mito es un símbolo, en este caso verbal o escrito, pero su sentido real, especialmente en esta época de tinieblas, pasa inadvertido para la mayoría, que lo transformó progresivamente en simple mitología incomprendida.

La escritura fue universalmente ideográfica en su origen, lo cual quiere decir que era un conjunto de símbolos. En el Extremo Oriente conserva en parte aún esas características.

El símbolo sugiere, es sintético y no discursivo como el lenguaje común. No expresa como éste, pero tiene más posibilidades que las palabras de transmitir conceptos por la penetración intelectual que exige.

Respecto a los símbolos figurativos, recordemos que tanto Cristo como Budha fueron representados por mucho tiempo simbólicamente, y que en razón del debilitamiento intelectual posterior sus imágenes se hicieron antropomórficas, al necesitarse un soporte contemplativo más eficaz. De cualquier manera, tengamos en cuenta que los seres humanos difícilmente pueden concebir los aspectos no reflejados de lo Divino.

El verdadero lenguaje de la metafísica es el símbolo. Este sirve como punto de sostén sensible para dar a entender lo inexpresable. El símbolo es el apoyo indispensable para poder elevarse a lo espiritual, y esto es lógico a no ser el hombre, en su condición de tal, intelecto puro. Por ello necesita la base manifestada para llegar a lo inteligible.

El símbolo constituye la lengua metafísica por excelencia, siendo todo pensamiento formal, sea oral o escrito, el reflejo individual y en la esfera mental, es decir humana, del intelecto puro o idea informal e incluso más allá de ésta. Tengamos en cuenta que la filosofía, en el sentido originario del término, traducía el verdadero conocimiento en el plano mental, y era un estadio discursivo preparatorio para llegar a la verdadera sabiduría, o sea al nivel informal. De éste se podía pasar al estadio metafísico puro perteneciente a la no-manifestación (realización metafísica).

Los hechos geográficos mismos y además los hechos históricos tienen, como todos los otros hechos, un valor simbólico, lo cual no significa negarles su propia realidad en cuanto tales, pero que les confiere, además de esta realidad inmediata, un significado superior; los hechos históricos corresponden a un simbolismo temporal y los hechos geográficos a un simbolismo espacial.

«El Símbolo (como toda manifestación) revela la Idea (el arquetipo) al hacerla asequible a los sentidos a través del arte (el divino o el humano que lo imita); y al mismo tiempo la oculta, vela y disfraza al recubrirla de una forma, lo cual es inevitable para su expresión humana» (M. Plana)

Sinaxis. Palabra griega que significa «asamblea»

Sincretismo. Mezcla de varias doctrinas sin principio director; sincretismo se opone a síntesis. Mezcla de elementos dispares de diferente orden y sin un origen y un fin de un nivel superior rector.

Síntesis. La síntesis consiste en acercar elementos diferentes pero de un mismo orden, serios y controlados, con el fin de revelar los caracteres comunes a ellos y que les vienen de un nivel superior. El análisis que no es, contrariamente a la creencia común, lo inverso de la síntesis, consiste en imaginar aspectos diferentes, pero de un mismo orden, de una cosa que no los muestra por si misma. El sincretismo por el contrario consiste en acercar elementos dispares, ni serios ni controlados, con vistas a justificar una hipótesis inverificable.

«La síntesis parte, por definición, de los principios, es decir, de aquello que es lo más interior. Ya podríamos decir, desde el centro hasta la circunferencia, mientras que el sincretismo se limita a la circunferencia misma en pura multiplicidad» (René Guénon, Puntos de Vista sobre la Iniciación)

Smriti. "Memoria", tradición humana fundada en la Shruti y obteniendo toda su validez de esta última. El conjunto de la tradición humana comprendiendo, entre otras, las "Ciencias anexas", las Leyes de Manu, las epopeyas, los Puntos de vista (Darsanas), y completando a los Veda que constituyen la Shruti. Escrituras tradicionales.

Soledad. «Aquel que no sea capaz de enfrentarse con la verdad, quien no sienta la fuerza necesaria para penetrar en la "gran soledad", siguiendo con la tradición consagrada por la tradición extremo-oriental (y de la que la India también tiene equivalente), ése no podrá ir demasiado lejos en el trabajo metafísico del que hemos hablado y del que todo el resto depende estrictamente. (René Guénon, Oriente y Occidente)

«No es huyendo del mundo exterior, ni de las cosas, buscando la soledad como el hombre puede adquirir una conciencia de ello. Debe aprender la soledad interior, en la que sea cual fuere la compañía debe procurar ver más allá de las cosas aparentes encontrando su Dios dentro de las cosas y así volverse capaz de representárselo efectivamente en su interior como si fuera una determinación de su propio ser» (Eckhart)

«Esta soledad (del cartujo) es su mejor maestro espiritual ya que lo arranca de la exterioridad y lo sumerge en sí mismo... Todos los que tienen una experiencia aunque sea parcial de la soledad saben que transporta a otra dimensión y que conviene abandonarse a ella con confianza para saborear sus dones. Aunque es siempre una penetración en lo desconocido y por ello nos atemoriza y enloquece nuestros sentidos, el mental y el corazón...» (M. Madeleine Davy)

«Lo que la soledad y el silencio del desierto aportan de utilidad y divino gozo a los que les aman, solamente lo saben los que han conocido esta experiencia...» (San Bruno)

«Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales ha de tener el alma contemplativa: que se ha de subir sobre las cosas transitorias no haciendo más caso de ella que si no fuesen y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio, que no sufra compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su compañía; no ha de tener determinado color no teniendo determinación en ninguna cosa, sino en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplación y amor de su esposo» (San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor)

Subsistancia. (O subsistencia). Modo substancial que termina la esencia individual y la vuelve incomunicable. Según santo Tomas y sus principales comentadores, la subsistencia es realmente distinta de la esencia y de la existencia.

Subsistente. Que existe de una manera autónoma, sin depender de otra causa.

Substancia. Lo que es fundamental y permanece cuando los accidentes cambian; lo que es apto para existir en si y no en otro, Id cujus quidditati competit esse non in alio (Santo Tomas).

Es la esencia que existe en sí misma, de manera que el ser sustancial excluye la inherencia en otro ente como en su sujeto. Considerada etimológicamente la sustancia, que viene de la palabra latina substare, significa el ente en cuanto es capaz de servir de base y sujeto de los accidentes: id quod substat accidentibus.

 

Tamas. Inercia, ignorancia, torpeza. Una de las tres gunas de la naturaleza Inercia, obscuridad, desintegración. Shiva, el Gran Destructor, es la personificación transcendente de tamas.

Teofanía. Palabra griega que significa «manifestación o visión de Dios».

Teologal. Se dice de las virtudes que tienen relación directa con Dios: la fe, la esperanza y la caridad.

Teología. La teología es la parte más intelectual del dogma religioso, aunque participa de la metafísica, se desenvuelve con elementos racionales y por lo tanto filosóficos, o sea, no intelectuales en el sentido puro. Dogmas religiosos hay muchos, pero el intelecto puro es uno. El nivel teológico es una modalización adaptada a las circunstancias de la metafísica pura. De cualquier manera siempre hubo quienes, tras haber llegado a la verdadera realización metafísica, se adaptaron posteriormente, de acuerdo a razones de tiempo y lugar, a determinada doctrina religiosa.

«Es verdad que las teologías tienen derecho a emplear estratagemas simplificadoras y moralizadoras que se imponen en su radio de acción, pero la inteligencia humana –en la medida en que es capaz de alcanzar su propia substancia– no deja por ello de tener derecho a conocer la simple naturaleza de las cosas, más allá de los intereses morales y de otro tipo, y ello incluso en el Orden divino. Es inevitable que el punto de vista teológico atribuya prácticamente al Dios personal, que sin embargo está comprendido en Mâyâ, las características de la Divinidad impersonal, que es la única que se encuentra por encima de Mâyâ o de la relatividad; pero el puro Intelecto –luego en principio el hombre– puede ir más allá de Maya puesto que es esencialmente capaz de concebir el puro Absoluto, que está más allá de Maya, de la Relatividad, del Ser» (F. Schuon, Aproximaciones al Fenómeno Religioso)

Ver el documento «Metafísica y Teología» de René Guénon en la página Sabiduría Universal.

Teoría. (Theoría). «Por asociación de ideas, podemos resaltar aquí la caída de significado padecida por la palabra griega "theoría". Hoy decir "teorías" significa aproximadamente lo mismo que decir "abstracciones", cosas alejadas de la realidad, asuntos "intelectuales", y es incluso de un gran poeta el dicho que "gris es toda teoría, verde es en vez el árbol eterno de la vida". Nuevamente se tiene una alteración y una desvalorización de los significados. En sentido antiguo, "theoría" no quería decir intelectualidad abstracta, sino más bien visión realizadora, algo de particularmente activo, el acto de aquello que hay de más elevado en el ser humano, del "noús", o del intelecto olímpico» (Julius Evola, El Arco y la Clava)

Theotokos. Madre de Dios, «la que da a luz a Dios»; titulo dado a María en el 431 por el concilio de Efeso.

Tiempo. El tiempo es una determinación de la eternidad y se aplica a todo lo relacionado con la existencia humana. Es una forma de duración, concepto más amplio, el cual abarca también la sucesión. Depende del no-tiempo, que es justamente la eternidad en el ámbito de lo no-manifestado.

Tradición. La Verdad Universal y Perenne transmitida desde los tiempos primordiales a la humanidad y que toma forma de diferentes doctrinas o tradiciones.

«Etimológicamente tradición significa lo que se transmite, en este caso el conocimiento universal, y esa transmisión se efectúa siempre en la forma que las circunstancias posibilitan. La tradición en su forma originaria se manifestó casi exclusivamente en forma oral, por se la más efectiva.» (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular).

«La Tradición universal y unánime es una sabiduría que no ha sido hecha sino que es ahora lo que ha sido y será siempre. Lo que se llama hoy en día religión cristiana existía en los antiguos y no a cesado nunca de existir desde el origen del género humano hasta que, habiendo venido el Cristo mismo, se le ha comenzado a llamar cristiana a la verdadera religión que existía ya antes» (San Agustín)

«La tradición no es el "pasadismo", la vuelta a un formalismo anticuado, sino la permanencia de el origen en la duración» (Frederic Tristan)

«La tradición no significa cristalizarse en una fórmula sin vida, en una mascarada grotesca del pasado sino por el contrario liberar, traducir, entregar al presente –para que el presente haga de ello un uso inteligente– las lecciones del pasado: movimiento y no inmovilidad» (Landry Vaillant)

«Conviene comprender lo que significa este concepto de tradición generalmente negado, desnaturalizado o desconocido. No se trata del color local, de las costumbres populares, ni de los usos curiosos conservados por los folkloristas, sino del origen mismo de las cosas. La tradición es la transmisión de un conjunto de medios consagrados que facilitan la toma de conciencia de los principios inmanentes al orden universal, ya que el hombre no se ha dado a sí mismo la razón de ser de su existir. La idea más cercana, la más dotada para evocar lo que la palabra significa, sería la de una filiación espiritual de maestro a discípulo, la de una influencia conformadora análoga a la vocación a la inspiración, tan consustancial al espíritu como la herencia al cuerpo. Se trata de un conocimiento interior, coexistente a la vida, de una coexistencia, y al mismo tiempo de una conciencia superior reconocida como tal, de una co-ciencia, en ese punto inseparable de la persona que nace con ella y constituye su razón de ser. Desde este punto de vista, el ser es completamente lo que trasmite, él no existe sino porque trasmite y en la medida en que trasmite. Independencia e individualidad aparecen como realidades relativas que testimonian un alejamiento progresivo y una caída continua a partir de un estado extensivo de sabiduría original, perfectamente compatible con una economía arcaica.

Este estado original puede ser representado por el concepto de centro primordial del que el paraíso terrestre de la tradición hebrea constituye uno de los símbolos, comprendiéndose que este estado, tradición y centro, constituyen tres expresiones de la misma realidad. Gracias a esta tradición anterior a la historia, el conocimiento de los principios ha sido, desde el origen, un bien común a la humanidad que posteriormente se ha extendido en las formas más altas y perfectas de las teologías del período histórico. Pero una caída natural, generadora de especialización y obscuridad, ha abierto un hiato creciente entre el mensaje, los que lo trasmiten y aquellos que lo reciben. La explicación se hace cada vez más necesaria, pues la polaridad ha aparecido entre el aspecto exterior, ritual y literal y el sentido original, vuelto interno, es decir, oscuro e incomprensible. En Occidente este aspecto exterior ha tomado, en general, la forma religiosa. Destinada a la muchedumbre de los fieles, la doctrina se ha escindido en tres elementos, un dogma para la inteligencia, una moral para el alma y unos ritos para el cuerpo. Durante este tiempo, por el contrario, el sentido profundo transformado en esotérico se ha reabsorbido cada vez más en formas tan oscuras que ha sido necesario recurrir a ejemplos paralelos de la espiritualidad oriental para reconocer su coherencia y validez.

El oscurecimiento progresivo de la idea de tradición nos ha impedido desde hace tiempo comprender la verdadera fisonomía de las civilizaciones antiguas, y al mismo tiempo, nos ha impedido el retorno a una concepción sintética, que era la de ellas. Sólo la perspectiva de los principios permite comprenderlo todo sin suprimir nada, hacer la economía de un nuevo vocabulario, ayudar a la memoria y facilitar la invención, establecer relaciones entre las disciplinas en apariencia más alejadas, al reservar al que se coloca en este centro privilegiado la inagotable riqueza de sus posibilidades, y esto gracias a los símbolos.» (Luc Benoist, El Esoterismo)

«En la enseñanza guenoniana la noción de tradición ofrece un significado excelso que sólo la incomprensión podría rebajar el sentido vulgar de tratarse de un sinónimo de culto del pasado por el pasado, exaltación de una ideología reaccionaria o despecho ante el curso decadente de la historia. Mucho más allá de lo dicho va la intuición certera de Guenon. El autor francés vislumbra que entre los símbolos, los mitos, las conductas rituales y el lenguaje doctrinal que los acompaña, por siempre y en el orge todo, existen analogías recónditas, equivalencias estructurales, que denuncian un fondo común, un fundamento eterno que escapa a todas eses cristalizaciones temporales. Más aún. Advierte que la totalidad del universo con sus componentes cósmicos articulados, con sus figuras, con sus formas, con sus movimientos, manifiesta igualmente aquel mismo principio inmutable. Y observa del mismo modo que el hombre en su constitución personal, en su organización social y cultural y en su desenvolvimiento histórico es también expresión de ese principio no-manifestado. Existe un fundamento, una arché, un centro firma al que todo lo que se mueve, cambia, se transforma, nace y desfallece, se relaciona. Este centro no es humano, sobrepuja al hombre, está más allá del cosmos y es ajeno a la civilización, aunque todos hunden en él sus raíces. Tradición es lo que se transmite. Fidelidad en la entrega del legado primordial. Luego, dar lo recibido. Esta cesión o transferencia exige respeto y lealtad. Respeto por el patrimonio tradicional, lealtad a la doctrina. Cuando el principio se obnubila, la fidelidad se malogra, el hombre se aparta del origen y su enseñanza es infiel. Una civilización no tradicional es la que, extraña a la transmisión, ni se funda en principios absolutos ni los observa, se entrega a su propia inmanencia pasajera.(F. García Bazán, René Guénon y el Ocaso de la Metafísica)

Ver el documento «¿Qué hay que entender por Tradición?» de la página Sabiduría Universal.

Ver también «La Idea de Tradición» de la página Amnesia.

Tradicionalismo. Equivalente a Integrismo. Tendencia religiosa en la cual el conjunto de doctrinas, normas, formas y ritos antiguos, que estaban ligados a la Tradición, son tomados en su forma exterior sin el conocimiento del fondo metafísico del cual emanan y al cual apuntan, dando como resultado una rigidez que por su propia naturaleza ignorante resulta casi siempre fanática y con frecuencia violenta.

Transubstanciación. Doctrina relativa a la Eucaristía; la substancia del pan es transformada en la del Cuerpo de Cristo, la substancia del vino en la de la Sangre de Cristo, mientras que los accidentes, es decir, las apariencias permanecen.

Trisagion. Palabra griega que significa «tres veces santo»: sanctus, sanctus, sanctus.

Turiya. El "cuarto" estado, la insondable Realidad que, a la vez, trasciende los tres estados de consciencia (despierto, dormido con sueños, sueño profundo) y constituye su substrato común. El cuarto estado de conciencia. Conciencia no-dual, realidad absoluta.

 

Upadhis. Son las capas que se añaden al Ser cuando la conciencia lo objetiva. Pero el añadir no aumenta aquí, disminuye la infinitud del Ser, la delimita, por eso se ha traducido por limitación añadida. Las distintas capas kosha o cuerpos añadidos forman el ser humano. En el budismo corresponden con los vijñana porque en su filosofía se destaca el carácter de objetos de conciencia. Por la limitación de la mente vigñana-maya-kosha el alma viviente es un ser consciente. Y por el agregado vital que envuelve ese ser como prana-maya-kosha, es además un ser activo. Y la voluntad que se expresa en la acción tiene la envoltura mental mano-maya-kosha. Estos tres upadhis hacen del ser individual, del ser viviente, una entidad con capacidad cognosciente y poder de voluntad. En conjunto constituyen el cuerpo sutil individual.

Upanishad. Se les ha designado a los Upanishad como los "Himalayas del alma", ya que constituyen la cumbre de la espiritualidad hindú y universal. Nunca se ha afinado tanto en la percepción y descripción de la vida espiritual. Algunos autores consideran, no sin razón, que el equivalente Cristiano de los Upanishads sería todo el desarrollo de la Patrística.

Texto en prosa o en verso unido al Veda; es la parte más metafísica de la doctrina hindú, se le designa también con el nombre de Vedanta.

Textos anónimos en verso o en prosa que forman la última parte del Veda y, por consiguiente, pertenecen a la Shruti. En este sentido estricto no existen mas que una quincena, de una enorme elevación metafísica, rechazando el culto estereotipado y prescribiendo la meditación sobre brahman. Sin embargo, el termino Upanishad se ha extendido a un número importante de tratados (al menos doscientos), de redacción mucho mas reciente y a menudo de inspiración shivaita o tántrica. Textos sagrados de no mucha extensión, y que son el corazón de la filosofía hindú.

Una excelente "Introducción a los Upanishad" es la de Juan Mascaró en la página SOTABUR.

Se puede ver también el «Isha Upanishad» en la página «Sabiduría Universal».

Veda. "Aquello que ha sido visto" por los sabios de antaño (los rishi).

Vedânta. Final y finalidad del Veda. Etimológicamente "fin de los Vedas", es uno de los seis darsanas (puntos de vista) de la espiritualidad hindú y se basa en la enseñanza contenida en los Upanisads, que son parte integrante de los mismos Vedas. La expresión "fin de los Vedas" hay que entenderla en el doble significado de "conclusión", siendo los Upanisads la última parte de los textos védicos, y de "finalidad" porque lo que en ellas se enseña es la finalidad última de todo el Conocimiento tradicional. El Vedanta es una Doctrina puramente metafísica y su temática fundamental es la búsqueda de lo Absoluto-Brahma. El Vedanta Advaita es metafísica en el sentido tradicional y como tal se interesa de lo que está "más allá de la física", de la "Naturaleza", de las formas toscas y sutiles, de lo substancial, del mismo Uno principial, del Dios-persona; más allá de toda posible polaridad. Esto implica que el Vedanta Advaita lleva a lo Absoluto sin calificaciones, a lo Constante, a lo Infinito, al No-Ser en cuanto único y puro Ser, a lo Incondicionado, al Uno-sin-segundo. De todo esto se puede deducir que esta doctrina implica la exclusión de toda forma de panteísmo, de inmanentismo y psicologismo

Se designa por este término a los Upanishads y a los Brahma Sutra, pero también se designa a una de las seis grandes darshanas (puntos de vista) de la ortodoxia hindú, la más metafísica de todas, que está apoyada especialmente en los textos citados antes. Se distinguen cinco escuelas vedánticas. La más celebre es la Advaita Vedanta, el vedanta no-dualista, representada eminentemente por Gaudapada, Shankara y el autor, difícilmente identificable, del Yoga Vasistha.

Literalmente «fin del Veda»; designa a los Upanishads que se añadían al final de una recitación solemne del Veda; designa también el punto de vista (Darsana), más elevado de la doctrina hindú, es decir aquel que alcanza la metafísica pura. Shankara es su doctor eminente.

Siendo el Vedanta el fin del Veda tanto en su sentido físico como en cuanto a finalidad última existencial, resulta ser el "punto de vista" de más alta pureza, inteligencia y transparencia.

Existen dos excelentes estudios sobre la Metafísica Vedanta a cargo de Consuelo Martín y Ernesto Ballesteros en las "Actas del Primer Encuentro Español de Indología".

Ver también el documento «El Vedanta y la tradición occidental» de Ananda Coomaraswamy.

Vedas. Santas escrituras, las más antiguas de la India. El Veda original está dividido en cuatro partes: Rig, Yayur, Sama y Atharva. Otro nombre para las escrituras védicas tomadas en su conjunto, comprendiendo los ciento ocho Upanishads, los Puranas, el Mahabarata, del que forma parte el Bhagavad Gita.

Vijñana. Aunque literalmente es «conocer», se ha traducido en ocasiones por «conocimiento verdadero». Para poner de manifiesto el significado que la tradición vedanta da a este término es necesario entenderlo como conocimiento de la verdad. No es cualquier conocimiento porque es una misma cosa con lo conocido. A lo largo de la obra, el término hace referencia casi siempre al conocimiento del Absoluto que no es una simple información. El conocimiento verdadero del Absoluto es una vivencia y no una simple representación intelectual. El no tener esto en cuenta lleva a muchos equívocos en las traducciones a los idiomas modernos que dificultan la comprensión de la metafísica advaita. En algún contexto hemos traducido vijñana por «toma de conciencia» porque era evidente que lo que evocaba la expresión lingüística era mucho más que el simple conocer. Y no hay diferencia entre el conocimiento verdadero del Ser y la Conciencia pura. La conciencia en sí misma no es representativa, es la realidad en sí. Por eso también es «meditación» y así lo traducimos cuando el término hace referencia al camino práctico para esa toma de conciencia del Absoluto. En las pocas ocasiones que aparece la palabra sánscrita vijñana con su significado usual en nuestro idioma, se ha traducido por «inteligencia» o «conocimiento particular». Tendría entonces el sentido de «conciencia de algo» y no de «conciencia en sí».

Virtud. «Las virtudes, que por una parte ennoblecen a los individuos y por otra parte hacen posible la vida colectiva, resultan fundamentalmente, tanto si se es consciente de ello como si no, de la convicción de un Absoluto transcendente y de la inmortalidad del alma; estas dos convicciones, en la medida en que son sinceras y concretas, producen necesariamente las cualidades morales esenciales del hombre, y si estas convicciones llegan a faltar, desaparecen ipso facto las cualidades, tal vez lentamente, pero de forma inexorable» (F. Schuon, Aproximaciones al Fenómeno Religioso)

Virtud. (Virtus). «La "virtud" en sentido moderno no tiene casi nada que ver con la antigua "virtus". Virtus significaba fuerza de ánimo, coraje, valor, firmeza viril. Se vinculaba a "vir", término que designaba al hombre como verdaderamente tal, no como hombre en sentido genérico y naturalista. La misma palabra en la lengua moderna ha asumido en vez un sentido esencialmente moralista, muchísimas veces asociado a prejuicios sexuales, de modo tal que, refiriéndose a ello, Vilfredo Pareto ha acuñado el término "virtuísmo" para designar la moral puritana y sexófoba de carácter burgués. Hoy en día cuando se dice "persona virtuosa" se piensa en algo muy distinto de lo que podían significar, por ejemplo, expresiones como ésta: "vir virtute praeditus" (= hombre dotado de virtud). Y la diferencia no pocas veces puede transformarse casi en una antítesis. En efecto, un ánimo firme, fiero, intrépido, heroico es lo contrario de lo que significa una persona "virtuosa" en el sentido moralista y conformista moderno. El sentido de "virtus" como fuerza eficiente se ha mantenido sólo en ciertas locuciones particulares modernas: la "virtud" de una planta o de un medicamento, "en virtud" de ésta o aquella cosa.» (Julius Evola, El Arco y la Clava)

 

YHVH. Tetragrama sagrado del Nombre inefable de Dios. Los judios dicen «Adonai» (mi Señor) cuando leen la Biblia. La vocalización Jehovah es antigua, pero la de las Biblias modernas (Yaweh o Yahvé) no tiene ningún sentido.

Yoga. «La unión efectiva del ser humano con lo Universal. Aplicado a un "darshana" cuya formulación en "sutras" fue atribuido a Patanjali, indica que ese darshana tiene por finalidad la realización de esta unión, comportando los medios para alcanzarla. » (René Guénon, Introducción General.....)

Etapa suprema de la realización metafísica. Yoga es la unión con el Absoluto no entificado, y de ninguna manera un simple ejercicio preparatorio, basado en medios corporales y síquicos contingentes, totalmente inútiles para dicha realización si el espíritu está ausente.

«De hecho, el yoga no es ni una terapia sicológica ni una terapia corporal, y sus procedimientos no son de ninguna manera ni en ningún grado un tratamiento para enfermos o desequilibrados del tipo que sean; bien lejos de ello se dirigen, por el contrario y exclusivamente, a seres que, para poder realizar el desarrollo espiritual que es su única razón de ser, deben ser ya, por el hecho de sus únicas disposiciones naturales, tan perfectamente equilibrados como sea posible; hay ahí condiciones que, como es fácil de comprender, permanecen estrictamente en la cuestión de las cualificaciones iniciáticas» (René Guénon, El Reino de la Cantidad... cap. XXXIV)

Yugas. Según las doctrinas tradicionales, un ciclo cósmico aplicado al orden humano y llamado Manvantara de acuerdo a la doctrina hindú, se compone de cuatro Yugas o "Edades". Cada "edad" implica una decadencia progresiva respecto de la precedente, debido a su alejamiento gradual del "estado primordial" o esencial. Las cuatro edades son: Krita-Yuga o Satya-Yuga, Treta-Yuga, Dwapara-Yuga y finalmente Kali-Yuga.

Según los signos anunciadores del tiempo presente expresados en los libros sagrados hindúes, como así también, aunque en forma menos explícita en otras tradiciones, estamos actualmente atravesando la última etapa del Kali-Yuga o "Edad Sombría", caracterizada, entre otras cosas, por el alejamiento total del espíritu, la inversión de los valores, la densificación y materialización en todos los ámbitos, la subversión, el desorden, la agitación, la aceleración del tiempo, las falsas espiritualidades, el dominio y el poder de la mediocridad y de los mediocres, el triunfo de la cantidad, el triunfo (aparente y temporal) del mal, etc. características estas que desembocan, según la tradición, en un cataclismo (el Apocalipsis cristiano) después del cual se establece una nueva Edad de Oro. Esta concepción cíclica es la mantenida unánimemente por todas las tradiciones ortodoxas reveladas, incluido el Cristianismo (ver ciclos cósmicos), y como fácilmente se ve, es totalmente opuesta a las modernas pretensiones evolucionistas o de progreso indefinido.

 

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