Humanismo Cristiano

  • Posted on: 11 June 2017
  • By: Tradición Perenne

Su clave es la preeminencia de la Dignidad de la Persona Humana

Parte de la concepción de la persona humana y de la sociedad fundamentada en los valores y principios del cristianismo
 

El humanismo cristiano entendido como expresión politica-social parte de la concepción de la persona humana y de la sociedad fundamentada en los valores y principios del cristianismo.

Así pues, es una corriente de pensamiento que proyecta hacia la sociedad humana dichos valores y principios, para normar las relaciones entre los seres humanos y para orientar su labor de construir un orden social justo, solidario y ético. Desde luego que este pensamiento también pretende “informar” y “enriquecer” todos los ámbitos de la cultura de una determiada sociedad en un tiempo determinado.

Las fuentes del humanismo cristiano son, principalmente, la filosofía cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia (recogida principalmente en el magisterio de la iglesia), las cuales establecen orientaciones fundamentales sobre la concepción de la persona, los valores del orden social, la justicia en las relaciones humanas y entre los Estados, el bien común como finalidad de la acción política y la ética como sustento de ésta y de la cultura.

La Doctrina Social de la Iglesia, iniciada con la Encíclica del Papa León XIII, Rérum Novarum (1891, que denunció los excesos e injusticias del capitalismo y del liberalismo), propuso la “novedad” de plasmar las grandes líneas de la acción de los cristianos en la vida social y política, promoviendo su participación para realizar el bien común, la justicia social, la solidaridad y la ética.

Por otro lado, también el humanismo cristiano se nutre del valioso aporte de filósofos y pensadores cristianos, que desde su papel de laicos y la experiencia social y política, han desarrollado importantes concepciones sobre diversos aspectos de la sociedad y del Estado, contribuyendo a conformar un pensamiento homogéneo, integrado y global sobre estas materias.

 

Los principios clave para entender el humanismo cristiano son los siguientes:

- La noción de la persona humana, como ser digno, libre y social, que tiene un destino individual pero que sólo se desarrolla plenamente en sociedad, mediante la solidaridad con los demás.

- La idea de la sociedad como el fruto y, al mismo tiempo, el espacio natural para el desarrollo de la persona, que crea la condiciones para el progreso espiritual y material de todos sus miembros, dentro de un clima de solidaridad.

- El Estado, como una manifestación natural de la sociabilidad del ser humano, cuya finalidad es garantizar y promover el bien común y servir a la dignidad y libertad de las personas. La justicia social, que asegure la igualdad de oportunidades, elimine la discriminación y la exclusión social y promueva el bienestar, es la condición de eficacia en el logro del bien común por parte del Estado.

- La democracia como forma de existencia del Estado, que asegura a todos el respeto de su libertad, el pluralismo ideológico y político, la libre expresión de las ideas, el respeto de las minorías y la participación de todos en la vida política, con sentido de responsabilidad cívica.

- La política como vocación de servicio al bien común, orientada a la realización de éste y no de fines individuales, sectoriales o partidistas. La ética debe primar en la vida política, afirmando los valores de honestidad, verdad y tolerancia.

El humanismo cristiano, en tanto que doctrina o pensamiento general sobre la persona, la sociedad, el Estado y la política, no es patrimonio de ninguna ideología ni de un partido político.

Su razón de ser es inspirar la acción política, social y cultural, porque aspira a realizarse en la vida concreta y cotidiana de la sociedad y ser, en tal sentido, fundamento para la acción política y social de los cristianos.

El humanismo cristiano, por su contundencia en la defensa de la dignidad de la persona humana, pone en primer lugar, la cuestión de los derechos fundamentales de ésta, haciendo de ellos el eje de cualquier política concreta de Estado, porque entiende y sostiene que el Estado está al servicio de la persona y no la persona al servicio del Estado.

Por: Miguel Angel Serrano Perea | Fuente: Catholic.net

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