Mitnagdim

  • Posted on: 12 December 2017
  • By: Tradición Perenne

Los Mitnagdíes o misnagdíes (del hebreo מתנגדים oponentes ) constituyen uno de los grupos dentro de los haredíes o judíos ultraortodoxos. Basan sus leyes generalmente en las decisiones obtenidas en el Talmud. Rechazan el misticismo del jasidismo.

A) La oposición radical de los mitnagdim a los jasidim se explica por diversas razones. Primero conozcamos un poco la historia.

Simultáneamente a la expansión por la Europa Oriental del jasidismo, sus seguidores tuvieron que afrontar la existencia de un movimiento opositor muy fuerte por parte de la inmensa mayoría de los rabinos tradicionales; se les llama “los contrarios” o mitnagdim, el líder de los cuales era Rabi Elijah ben Shlomo Zalman, conocido como “el Gaon de Vilna” (1720-1797 e.c.).

– Los Mitnagdim veían en la totalidad de la doctrina jasídica una sublevacion contra el orden establecido, una amenaza a la ortodoxia y un rechazo revolucionario de la autoridad tradicional.

– El Jasidismo, además, era una tendencia mística que había popularizado entre amplias capas el estudio de la Kabalah, de modo que esta llegaba a gentes que los Mitnagdim consideraban como no preparadas o maduras; ello lo consideraban algo que podría acarrear funestas consecuencias.

– Sus enseñanzas, además, veían que podrían traer consecuencias desastrosas En estas enseñanzas, entre otras cosas, estaba completamente ausente el estudio de la Torá y el Talmud. Cuestión que era vista con particular preocupación entre los mitnagdim.

– El movimiento jasídico creó formulaciones innovadoras y rompedoras con el discurso tradicional (rabínico). La idea del constante apego a Dios, de modo que ya no se consideraba necesario ser un erudito para estar cerca de Él, pues Él siempre está en el corazón de las personas que, por amor al Creador, obran bien. Idea o concepción poco aceptable para el punto de vista de los mitnagdim.

– En la línea de lo manifestado en el punto anterior, y por lo que respecta al tema del estudio, otra idea jasídica resultaba inasumible para los mitnagdim en tanto entendían que ponía en tela de juicio el fundamento de la enseñanza religiosa: la idea de que el estudio de los textos sagrados, cuando no se hacia por amor, carecía de valor.

– Los mitnagdim entendían que dar pevalencia a las intenciones sobre los preceptos conduciría inevitablemente a la falta de observancia de la Torá.

– Las ideas y prácticas jasídicas, desde su posición antiintelectual, acarrearía el debilitamiento de lo esencial del judaismo, considerando que en la filosofía y práctica del judaismo hay una racionalidad de base.

– Para la visión del judaismo de los mitnagdim, el jasidismo resultaba blasfemo. Concretamente, sus costumbres o prácticas y su ritualidad. Entendían que hacían tambalear las bases del judaismo cuestiones como el establecimiento de su propio método de oración.

– Igualmente, no podían más que sentir aversión por su absoluta minusvaloración del Talmud.

– Además de blasfemo, veían en el jasidismo una fuente de idolatría. Las visiones y milagros que impregnaban su visión del mudo eran ejemplo de ello. Además, la pretensión de que se irguiese al tzadik como figura mediadora entre Dios y el pueblo les resultaba absolutamente inaceptable. Ello se veía agravado por la circunstancia de que muchos de los más ilustres representantes del jasidismo eran percibidos entre los mitnagdim como hombres ignorantes o de escasa profundidad intelectual y saber.

Con el transcurso del tiempo, se reduciría la virulencia del enfrentamiento, aunque permanecerían las diferencias teóricas. Un punto los uniría: la oposición de ambos grupos a un nuevo movimiento que desde Alemania comenzaba a llegar a la Europa del Este: el Iluminismo judío o Haskalá.

B) Una figura de la altura del Gaón de Vilna se implicó fuertemente en la lucha contra el jasidismo porque aquel movimiento podía conducir al advenimiento de otro “falso Mesías” como Shabetai Zvi, concretamente de entre la parte kabalista del jasidismo.

Elijah ben Shlomó Zalmán Kremer (en idioma hebreo ר‘ אליהו בן שלמה זלמן), conocido como el Gaón (o Góen, en pronunciación askenazí) de Vilna (23 de abril de 1720- 9 de octubre de 1797) fue un destacadísimo rabino judío, una auténtica eminencia intelectual en materia de Talmud y Kábalah.

También sentía antipatía intelectual por conceptos como el de que Dios está en todo, que tanto amaban los seguidores del jasidismo; ello implicaba que todo era igualmente sagrado. Lo que al Gaón, así planteado, parecía inasumible.

Además, reputaba como “idolatría” la veneración desmesurada al Rebe o al Tzadik.

Fundamentalmente, le preocupaba el que no se dedicaran al estudio profundo de la Torá.

El jasidismo estaba integrado mayormente por judíos que consideraba poco educados y el Gaon de Vilna temía que la erudición fuera reemplazada por el baile y el canto.

Una religión que para el sabio de Vilna era la síntesis del corazón y la mente, amenazaba con convertirse en “puro corazón” sin anclaje intelectual de ninguna clase.

Para el Gaón de Vilna, la razón y la ortodoxia debían ocupar el centro de la vida de los judíos. Prueba de su vocación también científica es que dedicó parte de su tiempo de estudio y de sus reflexiones a temáticas o áreas de conocimiento como la geometría, el álgebra u la astronomía.

Su existencia está marcada por un amplio (adquirido progresivamente y en etapas) conocimiento de las distintas facetas del judaismo. Si siendo aun un niño demostraba unos conocimientos del Talmud verdaderamente sorprendentes, en una fase posterior se centró en la Torá, para más adelante concentrarse en el estudio kabalístico. Entendemos que este dato es relevante: no estamos ante un anti-místico; es precisamente su conocimiento en el ámbito de la kábala lo que le lleva a preocuparse por la lectura que de la misma se hacía desde algunos círculos jasídicos.

Un elemento muy importante de oposición -no debe perderse de vista, analizando las cuestiones con rigor histórico- es la vertiente que podríamos llamar sociopolítica; la lucha por la hegemonía y el poder (también autoridad) en el seno de la(s) comunidad(es) judía (s). La doctrina jasídica era criticable no solo en el plano del pensamiento, no solo de las consecuencias que ello pudiera provocar en la práctica judaica; además de ello, era un adversario contra el que luchar porque su doctrina y práctica ponía en cuestión el orden (judío) establecido, suponía una real subversión o rebelión contra el mismo, con un rechazo de la autoridad tradicional (aquella a la que el Gaón se sentía vinculado y de la que formaba parte). La creación de nuevas figuras a las que se dotaba de autoridad cuestionaba la hegemonía discursiva y la posición de dirección de lo que era la autoridad tradicional.

C) En el mundo jasídico, el Rabí, el Tzadik, y el Maguid cumplirían una serie de funciones.

Antes de entrar en esta cuestión, alguna reflexión sobre el contexto.

Un contexto de lucha, de enfrentamiento. Las partes adversarias entre sí no lo eran sólo en el plano ideológico -lo cual servía para disputarse y tratar de ganar adeptos-, sino en el más material de una especie de competición por el poder, o, si se prefiere, por la autoridad. Y ahí se nos presenta el tema de la organización comunitaria y de las funciones de las tres figuras a las que aludimos.

La lucha contra el jasidismo no puede considerarse exitosa. Los Jasidim habían ganado terreno, consolidando su presencia, de modo que también ellos se vieron capaces para perseguir a los mitnagdim y a dificultar que su literatura llegase a mucha gente.

En las comunidades en las que el jasidismo alcanzó la hegemonía, fue disminuyendo la importancia del rabino local. El mismo pasa a ser visto más como un experto en la legislación contenida en la Torá que como autoridad espiritual suprema en el área de referencia. Ello va a comportar que su rol se centre en las cuestiones más ordinarias o cotidianas, en tanto el puesto de autoridad espiritual suprema pasa a ser ocupada por el Tzadik.

A comienzos del Siglo XIX, el Jasidismo comenzó a conducirse a través de las cortes de los Tzadikim.

El Tzadik era una fuente de conocimientos místicos y un vínculo con Dios, al mismo tiempo que era medio de identificación en las cuestiones más cotidinas de la existencia. Pronto se convirtió en la suprema autoridad de la comunidad.
Cuando un Jasid se dirigía a la corte de su Tzadik, presentaba dos cosas: 1) Kvitl: narración escrita de sus problemas; 2) Pidion: contribución monetaria para el mantenimiento del Tzadik, su corte y a la gente pobre de la comunidad Jasídica.
Existían dos intermediarios entre el Tzadik y los Jasidim: a) El gabai: administrador de la corte; b) El shamash: mediaba en cuestiones del Pidion y Kvitl.

Los Maguidim, así como los predicadores y conferenciantes, que habían jugado un papel de primer orden en la expansión del jasidismo, desaparecerían en la práctica en

una fase posterior de desarrollo del movimiento jasídico.

El Maguid (en hebreo מַגִּיד ), a veces escrito “magid” , es un predicador judio religioso itinerante, calificado como un narrador de la Torá y de historias religiosas.
El título de ” Maguid mesharim ” (” un predicador de rectitud ” , abreviada מ“מ ) data probablemente del siglo XVI.

En la fase incial del jasidismo, su papel fue esencial, precisamente por ejercer la predicación en un momento en el que el jasidismo se presentaba como algo novedoso y buscaba expandirse.

Su lugar se vería ocupado por el Rabí. Fue a esta figura a quien se encomendaba la difusión de los textos referenciales y de la legislación jasídica, así como la enseñanza sobre el estilo de vida que desde el movimiento se propone y el asesoramiento en las cuestiones de familia y subsistencia.

El Rabí influye sobre las comunidades y sobre las personas con base en un nuevo rango reconocido y por su relación con las fuerzas de la Providencia. Su libertad de acción frente a los compromisos que la organización comunitaria podría imponer hace que juegue el rol que en el pasado estaba asignado a los “Consejos”, de modo que representan al Pueblo judío como conjunto.

D) Las figuras que hemos mencionado traerían una serie de cambios a la tradicional organización comunitaria. Veamos.

Las transformaciones que detallamos hicieron que el estrato gobernante de la colectividad judía perdiera mucha de su importancia y de su influencia en los territorios dominados por el Jasidismo. Incluso los ricos y hasta los eruditos de la Biblia se vieron en la necesidad de someterse a la influencia del Rabí. Si bien con el tiempo también en las colectividades jasídicas se creó un nuevo estrato social dominante, el mismo estuvo lejos de concentrar en sus manos los poderes de la dirigencia comunitaria anterior.

Un término se impone. A él debe hacerse referencia: Kehilá. El término hebreo “kehilá” viene a significar “comunidad”. Frecuentemente, se utilizó para caracterizar a los judíos en su expresión colectiva o comunitaria, grupal, particularmente en el continente europeo. Concretamente a los grupos judíos organizados alrededor de una comunidad religiosa. Las kehilot -forma en plural- tienen la encomienda de organizar, en el contexto diaspórico, la vida comunitaria de los colectivos judíos organizados como “comunidad”. Concretando: cuidan y se encargan de la atención de las sinagogas, se ocupan del mantenimiento y funcionamiento de los cementerios judíos, de los servicios rabínicos, de los servicios sociales y de beneficencia, de la educación de los mas pequeños de la comunidad, etc. Son el sostén de la comunidad en cuanto tal, en tanto garantizan el funcionamiento de aquello que es constitutivo de la misma. Como institución, nació en la Alemania (y la Polonia) del Siglo XVI e.c., extendiéndose después por todo el mundo judío. Además del factor interno (judaico), es también la representación de los judíos ante el poder político del país en que residan; gozando del derecho de recaudar fondos entre quienes la componen para el mantenimiento y atención de la vida comunitaria (judía). Señó la vida del judío común (si se permite el uso de término tan generalista) por siglos.

La irrupción del jasidismo viene a poner en tela de juicio y cuestionar la vigencia de la institución y de aquel modo de organizarse. Aquella institución fue desposeida de buena parte de su contenido, perdiendo la legitimidad para postularse frente al individuo (judío) como una referencia a la que atender, como una guía a la que seguir y obedecer.

El Rabí interviene en las designaciones para los cargos en las Kehilot, especialmente en lo referente a la designación de matarifes. Influye sobre las Kehilot y los individuos concretos con base en un rango superior y su vinculación con las fuerzas providenciales. Y es que realmente, su maldición maldice, y su bendición bendice.

Su posición es de independencia en relación a la organización comunitaria (un status verdaderamente específico y de mayor capacidad de decisión, autoridad y legitimidad en relación al pasado). Frente al particularismo de cada kehilá, tiene la carga (y goza del privilegio, desde otro punto de vista) de defender los intereses del pueblo judío en general; es decir, desempeñar el rol que en otro momento -anterior- correspondía a los “Consejos”. Tareas que asume (hereda, desde este punto de vista) son, por ejemplo: velar por los derechos conseguidos por usufructo –jazakot-, organizar el rescate de prisioneros –Pidión Shvuim-, promover y dirigir las colectas en beneficio de los estudiosos de la Torá que eran pobres en Eretz Israel –Maot Eretz Israel-, enfrentar los actos violentos contra la población judia por parte de la población o contra las medidas antijudías del poder político-administrativo, etc.

Por su parte, el Tzadik del jasidismo no está vinculado a ninguna comunidad en particular (la kehilá se diluye) y el rol que adopta es extracomunitario (o supracomunitario, si se quiere, pero desvinculado de su anclaje en una comunidad concreta).

Se trata, puede decirse, de una situación de privilegio. Una situación que no tiene referencia en el pasado, del cual se desvincula. Puede decirse que ello es así porque con anterioridad, todas las Kehilot guardaban con vehemencia su autonomía, sin consentir que algún elemento externo condicionase sus decisiones ni interviniese en sus asuntos. Y es que ni siquiera los Consejos Comunitarios podían imponer sus decisiones a las Kehilot organizadas, de modo que o bien se alcanzaba un acuerdo con ellas, o la última palabra sería dada por el fallo de un tribunal rabínico, desde la imparcialidad arbitral.

Las transformaciones que hemos mencionado supusieron una pérdida de status de las referencias en la élite tradicional, mermando su influencia en los territorios de mayor penetración jasídica. Es norma ,sino general, casi, que toda institucionzalización de una nueva hegemonía acabe acarreando una concentración de poder (en manos distintas); ello fue así en los ambientes en que el jasidismo se impuso, pero es lo cierto que nunca el poder se concentraría como en el marco “tradicional”, el anterior a la aparición de este movimiento. Debiendo subrayarse que esa suerte de poder difuso que el jasidismo propulsó dotó de cohesión a las comunidades judías, al concebir al pueblo judío como un único cuerpo y cimentar sobre la figura del Tzadik, el justo, más que en figuras más “administrativas” o vinculadas a algún “poder”, la referencialidad de las gentes.

Bibliografía consultada.-

Artículo en internet (web “Conversión al judaismo”): Jasidim y Mitnagdim,

http://conversion-al-judaismo.blogspot.com.es/2015/02/jasidim-y-mitnagdi...